MINIFICCIONES DE JOSÉ BELTRÁN PEÑA

Los minitextos, pueden clasificarse como: minicuentos, que tienen una estructura lógica y secuencial, aunque no siempre presentan la estructura de los cuentos de extensión convencional, es decir que suelen concluir con una broma o con una paradoja (Felipe Buendía, Carlos Eduardo Zavaleta, Jorge Díaz herrera, Ana María Intili y Armando Arteaga, entre otros); microrrelatos que tiene un sentido alegórico y un tono irónico (Isaac Goldemberg, Fernando Iwasaki, etc). Estos textos pueden llegar a no contener una historia, sino una parodia de historia (por ejemplo, César Vallejo en Contra el secreto profesional, Mario Guevara, José Adolph), un aforismo (Julio Ramón Ribeyro, José Beltrán Peña) o greguerías (Abraham Valdelomar) o una parábola (Alfonso La Torre),etc; minificciones hibridas que yuxtaponen elementos de minicuentos y microrrelatos (como Las adivinanzas, de Manuel Mejía Valera, donde se parodia el juego infantil como vehículo del poema en prosa).

JOSE BELTRAN PEÑA

MINIFICCIONES DE JOSÉ BELTRÁN PEÑA

Los minitextos, pueden clasificarse como: minicuentos, que tienen una estructura lógica y secuencial, aunque no siempre presentan la estructura de los cuentos de extensión convencional, es decir que suelen concluir con una broma o con una paradoja (Felipe Buendía, Carlos Eduardo Zavaleta, Jorge Díaz herrera, Ana María Intili y Armando Arteaga, entre otros); microrrelatos que tiene un sentido alegórico y un tono irónico (Isaac Goldemberg, Fernando Iwasaki, etc). Estos textos pueden llegar a no contener una historia, sino una parodia de historia (por ejemplo, César Vallejo en Contra el secreto profesional, Mario Guevara, José Adolph), un aforismo (Julio Ramón Ribeyro, José Beltrán Peña) o greguerías (Abraham Valdelomar) o una parábola (Alfonso La Torre),etc; minificciones hibridas que yuxtaponen elementos de minicuentos y microrrelatos (como Las adivinanzas, de Manuel Mejía Valera, donde se parodia el juego infantil como vehículo del poema en prosa).

   No todos los textos hiperbreves son minicuentos, algunos se acercan a otras clases textuales que, en mayor o menor medida, participan de su misma característica: el poema en prosa, la crónica periodística, la anotación, el aforismo, la boutade, la alegoría, etc; una literatura sin fronteras, según palabras de Beltrán Peña, o, quizá mejor de frontera, que cuestiona una visión conservadora, jerarquizada del centro, a favor de una concepción excéntrica, desestabilizadora de toda practica cultural, podría verse la minificción como un acto contestatario.

Dra. Giovanna Minardi. Universidad de Palermo – Italia. (En: Breves,brevísimos. Antología de la  Minificción Peruana.)

MINIFICCIONES :
VI
Adán al levantarse de su ataúd se dio cuenta que había vuelto a morir.
Minificciones De José Beltrán Peña.
VI
Adán al levantarse de su ataúd se dio cuenta que había vuelto a morir.
Minificciones De José Beltrán Peña.
IX
                                                        A César Vallejo
Es tan jodido el poeta que comenzó a roncar 
universalmente después de muerto.
Minificciones De José Beltrán Peña.
IX
                                                        A César Vallejo
Es tan jodido el poeta que comenzó a roncar
universalmente después de muerto.
Minificciones De José Beltrán Peña.
I
El cuento respiraba.
Minificciones De José Beltrán Peña.
I
El cuento respiraba.
Minificciones De José Beltrán Peña.
III
El silencio gritaba.
Minificciones De José Beltrán Peña.
III
El silencio gritaba.
Minificciones De José Beltrán Peña.
V
En una milésima de segundo la paz reinó totalmente entre los hombres.
Minificciones De José Beltrán Peña.
V
En una milésima de segundo la paz reinó totalmente entre los hombres.
Minificciones De José Beltrán Peña.
X
Con el tamborear de nuestros corazones, 
las luces de nuestras auras y las melodías 
de la naturaleza, no necesitaremos ningún 
aparato ni instrumento musical para la 
fiesta del juicio final.
Minificciones De José Beltrán Peña.
X
Con el tamborear de nuestros corazones,
las luces de nuestras auras y las melodías
de la naturaleza, no necesitaremos ningún
aparato ni instrumento musical para la
fiesta del juicio final.
Minificciones De José Beltrán Peña.
0
La sociedad le bajó el dedo sentenciándolo a muerte y siguió viviendo.
Le ahorcaron y siguió sonriendo.
Le amputaron los pies y siguió caminando.
Le sacaron los ojos y siguió viendo.
Le cortaron la lengua y siguió hablando.
Le extirparon el cerebro y siguió pensando.
Le pulverizaron los dedos de la mano y siguió escribiendo
Le tasajearon el corazón y siguió amando.
Pero, siempre hay un pero,
asesinaron al Libro y falleció el Hombre.
MINIFICCIONES DE JOSÉ BELTRÁN PEÑA.
0
La sociedad le bajó el dedo sentenciándolo a muerte y siguió viviendo.
Le ahorcaron y siguió sonriendo.
Le amputaron los pies y siguió caminando.
Le sacaron los ojos y siguió viendo.
Le cortaron la lengua y siguió hablando.
Le extirparon el cerebro y siguió pensando.
Le pulverizaron los dedos de la mano y siguió escribiendo
Le tasajearon el corazón y siguió amando.
Pero, siempre hay un pero,
asesinaron al Libro y falleció el Hombre.
MINIFICCIONES DE JOSÉ BELTRÁN PEÑA.
IV
Los académicos de la lengua, quitaron la palabra “emigrante” 
del diccionario, cuando se dieron cuenta que  nunca  salía el 
Hombre del planeta Tierra, era su única casa y cementerio.
Minificciones De José Beltrán Peña.
IV
Los académicos de la lengua, quitaron la palabra “emigrante”
del diccionario, cuando se dieron cuenta que  nunca  salía el
Hombre del planeta Tierra, era su única casa y cementerio.
Minificciones De José Beltrán Peña.
VIII
Lulú lloró como una Miss Mundo al saber que era de plástico
Minificciones De José Beltrán Peña.
VIII
Lulú lloró como una Miss Mundo al saber que era de plástico
Minificciones De José Beltrán Peña.
I
                                              A Augusto Monterroso.
Se durmió y el dinosaurio se despertó quedándose allí.
Minificciones De José Beltrán Peña.
II
                                              A Augusto Monterroso.
Se durmió y el dinosaurio se despertó quedándose allí.
Minificciones De José Beltrán Peña.
VII
Sólo cuando un mono se comporta salvajemente, se parece al hombre; es una maldición viva, habiendo evolucionado de él.
Minificciones De José Beltrán Peña.
VII
Sólo cuando un mono se comporta salvajemente, se parece al hombre; es una maldición viva, habiendo evolucionado de él.
Minificciones De José Beltrán Peña.
XI
La muerte es el comienzo de la vida.
Minificciones De José Beltrán Peña. (FOTO FANNY JEM WONG)
XI
La muerte es el comienzo de la vida.
Minificciones De José Beltrán Peña.

POEMAS DE MARCO MARTOS

MARCO MARTOS CARRERA
MARCO MARTOS CARRERA

Marco Martos nació en el entonces Hospital de Belén de Piura. Su padre fue el huancabambino Néstor Samuel Martos Garrido (1903-1973), notable historiador y periodista. Su madre fue doña Rosa Clementina Carrera Ubillús de Martos (1907-1958), dama huancabambina que durante el siglo XX se dedicó a la educación de la niñez piurana.

Realizó sus estudios primarios en el colegio “Salesiano”, una institución educativa cuya sede estuvo ubicada en la calle Libertad, frente a la Plaza Merino en la ciudad de Piura. Poco después, cuando pasaba a quinto grado, a petición de él, sus padres lo cambiaron al colegio San Miguel de Piura donde culminó también sus estudios secundarios, sobresaliendo desde entonces en los cursos de letras.

En los años 60, con su llegada a Lima, Marco Martos empieza a vislumbrar su vida poética. Ingresa a estudiar Derecho en la Pontificia Universidad Católica del Perú; pero, impulsado por su vocación literaria, ingresa a estudiar Literatura Hispana en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde conoció a la que sería después su esposa y madre de sus tres hijos, Carmen Castañeda.

Estudió en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en donde luego fue decano de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas. Se graduó como bachiller en Letras en 1972 con la tesis “Darío y Machado: del modernismo a la literatura comprometida” y como doctor en Letras en 1974 con la tesis: “la poesía amorosa de César Vallejo en Los heraldos negros y trilce”. Es doctor en Literatura, prolífico autor de obras poéticas. Nuevamente, en el 2010, llega a ser decano de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos

Sus poemas usan un lenguaje sencillo, irónico y cotidiano para criticar la realidad en la que vive y para referirse a la soledad y al aburrimiento existencial.

En 1967 fue ganador de los Juegos Florales de Poesía de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, y en 1969 obtuvo el Premio Nacional de Poesía José Santos Chocano. Ha participado como jurado en muchísimos certámenes de poesía, entre ellos fue Jurado del Premio Casa de las Américas en (1984).

Actualmente se desempeña como profesor principal de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la UNMSM y director de su Unidad de Posgrado, además es profesor en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.

Su labor académica le ha valido un amplio reconocimiento.

Desde el año 2006 hasta 2014 ha sido presidente de la Academia Peruana de la Lengua.

Marco Martos también sobresalió en ajedrez entre 1960 y 1964. En 1962 en un torneo obtuvo el primer puesto y en 1963 obtiene victorias frente a ajedrecistas chilenos. En ese mismo año el diario La Prensa de Lima sostuvo que era una lástima que Marco se dedicara a la poesía. Más tarde escribiría “Jaque Perpetuo”, un poemario dedicado al ajedrez, una de las grandes pasiones de su vida.

En 1969, se presentó a un concurso organizado por La Casa de la Cultura del Perú en donde obtuvo el Primer Premio Nacional de Poesía con su libro “Cuaderno de Quejas y Contentamientos”.

El 1 de agosto de 2013, recibe el homenaje principal en la Feria Internacional del Libro de Perú, en el auditorio principal, contando con la asistencia de más de 200 personas entre poetas, amigos, familiares y prensa local e internacional.

  • Biblioteca del mar. (Lima: Vicio Perpetuo Vicio Perfecto. 2013)
  • Vespertilio. (Lima: Vicio Perpetuo Vicio Perfecto. 2012)
  • Vértigo. (Lima: Vicio Perpetuo Vicio Perfecto. 2012)
  • Poemario Dante y Virgilio. Iban oscuros en la profunda noche. (Lima: Universidad San Martín de Porres. 2008)
  • Aunque es de noche. (Lima: Hipocampo. 2006)
  • Dondoneo. (Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos. 2004)
  • Jaque perpetuo. (Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú. 2003)
  • El monje de Praga. (Lima: Hipocampo. 2003)
  • Sílabas de la música. (Lima: LIRSUR. 2002)
  • El mar de las tinieblas. (Lima: El Caballo Rojo-Atenea. 1999)
  • Al leve reino. (Obra poética 1965-1996) (Lima: Peisa. 1996)
  • Cabellera de Berenice. (Trujillo: SEA-Municipalidad Provincial de Trujillo-Casa del artista. 1991)
  • Muestra de arte rupestre. (Lima: Instituto Nacional de Cultura. 1990)
  • Carpe diem/El silbo de los aires amorosos. (Lima: CEPES. 1981)
  • Carpe diem. (Lima: Haraui. 1979)
  • Donde no se ama. (Lima: Milla Batres. 1974)
  • Cuaderno de quejas y contentamientos (Lima: CMB. 1969)
  • Casa nuestra. (Lima: Ediciones de la Rama Florida. 1965)
  • Caligrafía China. (Lima: Grupo editorial Peisa. 2014
  • Máscaras de Roma. (Lima: Grupo editorial Caja Negra. 2015
  • Libro de Animales. (Lima: Callao. 2016
  • El Piano Negro. (Lima: Editorial Apogeo. 2018)
  • Casa nuestra(3ra edición de colección con manuscritos originales). (Lima: Editorial Casa del escritor. 2018)
  • FUENTE : https://es.wikipedia.org/wiki/Marco_Martos
UN POEMA DE MARCO MARTOS AL PORTUGUÉS
UN POEMA DE MARCO MARTOS AL PORTUGUÉS

UN POEMA DE MARCO MARTOS AL PORTUGUÉS

MARCO MARTOS·

Propercio compara a Cintia com o mar da tranquilidade

Voce vem das profundidades dos tempos,

lembras as montanhas da lua,

com sua luz ambarina da noite

distribuindo a serenidade.

Voce se move no mundo dos fatos,

levas os pergaminos, os papiros,

a todos os cantos do imperio,

voce é luz, sol, estrela, ouro,

agua do mar da tranquilidade.

SOBRE CÉSAR VALLEJO POR MARCO MARTOS
SOBRE CÉSAR VALLEJO POR MARCO MARTOS

SOBRE CÉSAR VALLEJO

POR MARCO MARTOS

En las primeras décadas del siglo XX en toda América Latina aparecieron movimientos literarios que eran los abanderados de una renovación, especialmente en la poesía. Los más conocidos e influyentes fueron el estridentismo en México con Maples Arce, el creacionismo en Chile que dirigía Vicente Huidobro, el ultraísmo en Argentina, capitaneado por Jorge Luis Borges, los poetas brasileños de la Semana de Arte Moderno en 1922. Y hubo en el el Perú, un poeta que él solo equivale a esos movimientos literarios: César Vallejo con su libro “Trilce”, también de 1922. En 1925 un poeta de Jauja, Clodoaldo Espinoza Bravo escribió “Vallejo hará escuela y será el vallejismo”. Y esas palabras, menos conocidas que las de Antenor Orrego, similares, fueron proféticas. Más allá de las modas, pasajeras como lo dice su propio nombre, Vallejo, con las marcas de esas modernidad que no ponía títulos a los poemas, que los numeraba, que intercalaban neologismos con arcaísmos, que incorporaba a la escritura fragmentos balbuceantes de la oralidad, logra, ya en esos años, una poesía honda, conmovedora, intensa, única que ha pasado casi cien años, durando sin marchitarse gracias al fervor de sucesivas generaciones de lectores y críticos, diseminados en todos los rincones del orbe en muchas lenguas. “Trilce” es un libro que divide en dos a la literatura española, en un antes y un después, como ocurre con “Tierra baldía” de Eliot en la lengua inglesa. Y marca el inicio de la sostenida poesía prodigiosa que escribió Vallejo hasta 1938, año de su muerte.

POEMA : OFIDIO POR MARCO MARTOS
POEMA : OFIDIO POR MARCO MARTOS

OFIDIO POR MARCO MARTOS
He soñado con una serpiente que moraba en una gran botella,
una diosa congelada, con dos cabezas y dos lenguas punzantes,
tenía el cuerpo blanco que lucía sus esplendores en esos vidrios trasparentes,
moteada de verde y de negro, cuerpo de aceitunas en los vinagres.
Venía mucha gente y le hacía reverencias a la diosa bicéfala.
Pasaban los oficiantes con bandejas que lucían cirios encendidos
y aceites perfumados. Las sacerdotisas recibían los saludos
y el ofidio movía sus ojos diminutos, inquietantes.
En el silencio de la noche, el brujo fumó sus tabacos,
mezcló en la marmita, con mano diestra, los brebajes,
y la pócima llamada soga de la muerte, ayahuasca,
quedó lista para satisfacer a los cófrades. De nada más me acuerdo.
Cuando desperté, encontré escrito este poema.
La letra era mía y los temblores de cada línea.

marco martos carrera poeta peruano LA BÚSQUEDA
LA BÚSQUEDA DE MARCO MARTOS

LA BÚSQUEDA

MARCO MARTOS

Parece que busca a una mujer

en todos los municipios de Medellín,

en Caldas, en Envigado, en Sabaneta,

sabe que aquí está la dama de sus sueños,

pero tiene rostro impreciso, entre tantas brumas.

El temor lo invade, tal vez no pueda reconocerla,

tantas bailan cumbia y tienen acento colombiano.

La tarea es inmensa, puede demorar años.

Tal vez sea una científica, bióloga, matemática,

¡Dios sabe! ¡Y nadie puede ayudarlo!

Ahora está en el Parque Berríos,rodeado

de las desconcertantes esculturas de Fernando Botero.

Aparece una muchacha delgada, de insolente belleza.

¿Será ella? ¿Será ella?

EL MILAGRO DE UN GATO NEGRO POR MARCO MARTOS CARRERA
EL MILAGRO DE UN GATO NEGRO POR MARCO MARTOS CARRERA

EL MILAGRO DEL GATO NEGRO POR MARCO MARTOS·

Casi habla mientras maúlla

ese gato negro que pulula

por las estancias, cuando me espía,

agazapado, en el orgánico vestíbulo,

una selva de objetos raros,

de sillas de mimbre y de plantas,

en la casa de los principios,

allá lejos, entre mamparas y lámparas.

En la boca trae hojas de eucalipto

y se desliza suavemente

por el piso de madera de cedro

y ¡oh milagro! enciende la chimenea

con sus ojos que son carbones

en la tibia noche lóbrega.

En todos los espacios se difumina

un olor a bosque, a humus de la tierra, a lavanda.

Arquea entonces el lomo oscuro y se frota

con afecto animal en mis largas piernas,

sorprendidas, muy sorprendidas y espantadas.

DESPEDIDA DE SERGUEI ESENIN LENINGRADO
DESPEDIDA DE SERGUEI ESENIN LENINGRADO

DESPEDIDA DE SERGUEI ESENIN LENINGRADO,HOTEL INGLATERRA, NAVIDAD DE 1925

Suena el acordeón. Parte a la fiesta.

Muchachos se deslizan entre pobos.

Campesinas preparan sus arrobos.

En las nubes la luna sube enhiesta.

Lúgubre, con su ropa bien medida,

Esenin siente música lejana

solo con la cabeza que desgana

en encontrar un verso despedida.

Sobrevivir no es importante, dice,

morir tampoco. Sangre, tinta roja,

se quedan en la cenefa que ya puebla

el opimo banquete que desdice

el triunfo de la vida que lo aloja

mientras lo roe el humo de la niebla.

CARTUJO, LOS LUNES POR MARCO MARTOS
CARTUJO, LOS LUNES POR MARCO MARTOS

CARTUJO, LOS LUNES POR MARCO MARTOS

Te pedimos que seas un cartujo,

muy moderado potro de la pampa,

tu palabra nos llueve, nunca escampa,

no hay materia ni dioses sin tu influjo.

Ser tan amigos tuyos es un lujo,

buscamos escaleras y la rampa

para llegar tan alto sin la trampa:

ganar tu voluntad con un orujo.

Te pedimos que seas lo que quieras:

prior de los monjes fuertes de cantina,

esos de pinta fina de gomina

que van a la biblioteca o a las eras.

Solo los días lunes los cartujos

mucho hablan y nos dicen sus embrujos.

CARTA MORAL A LUCILIO. ESCRIBE SÉNECA
CARTA MORAL A LUCILIO. ESCRIBE SÉNECA. (40 D C.)POR MARCO MARTOS

CARTA MORAL A LUCILIO. ESCRIBE SÉNECA. (40 D C.)POR MARCO MARTOS

Solitario y débil

el buey viejo

quiere pasto tierno

y los hombres,

no muy diferentes,

somos alimento

diario de la muerte.

Nuestros cocineros

circulando entre los fuegos

preparan manjares para muchos

y los labriegos en Sicilia

y en África, y acaso más allá

del mar de las tinieblas, siembran

hierbas aromáticas, hortalizas y frutales

para alimentar a Roma y a las ciudades

de los cuatro confines

en cada uno de los imperios.

Cada quien defiende con los dientes

su verdad en el foro.

Con discursos y denuestos

los antagonistas se acompañan.

La mujer discute con el marido.

Ambos escuchan el eco

de dos voces y como eso no les basta,

engendran al hijo entre sollozos.

Condición del hombre es estar solo,

vivir lo breve en la incertidumbre.

En cualquier cosa que hagas,

Lucilio, pon tus ojos en la muerte.

Consérvate bueno.

POEMA : EL ABISMO POR MARCO MARTOS
POEMA : EL ABISMO POR MARCO MARTOS

EL ABISMO POR MARCO MARTOS
Si caminas por las calles de Schorndorf con los cabellos mojados,
corres el inmenso peligro de quedarte congelado en los principios de año,
cuando celebras con tu uniforme de cosaco la llegada de la nieve
en medio de la algarabía de los niños que hacen sus muñecos de hielo.
Y si te descuidas un poco más y sales sin abrigo, con tus alardes,
puedes terminar en una clínica respirando con un balón de oxígeno,
pasando de lo sano a lo enfermo en un abrir y cerrar de ojos.
Caminas hacia el abismo y el abismo te desea, eres su alimento,
el más anhelado, si tú no hubieras nacido, el abismo nada fuera,
existe porque lo han creado los seres humanos con su conciencia de ser
lo casi perfecto y acabado. Pero el abismo te abraza
mejor que una novia feliz el día de su boda.
De nada te sirve protegerte, guardar tus cuidados.
Cada día que pasa te vas acercando.
Abajo, en lo más profundo, está Martín, el que lo ha dicho y diseñado.

11 EL PUENTE DE LA INFANCIA POR MARCO MARTOS_
POEMA : EL PUENTE DE LA INFANCIA POR MARCO MARTOS_

EL PUENTE DE LA INFANCIA

POR MARCO MARTOS·

Hubo un puente que se lo llevó el río

en una de las avenidas del verano.

Fue el año del señor de 1894,

cuando se volvieron verdes los candentes arenales.

Ignacio Merino, el pintor famoso, en París

había acumulado muchos francos. Amenguó

su riqueza, sus grandes billetes, su oro en barras,

y mandó a hacer el puente de duro metal rojo.

Ese fue el puente de mi infancia

en el corazón del siglo XX.

Tenía bancas de metal y de madera,

y en las noches del estío despejadas,

la luna espléndida se detenía en lo alto

bendiciendo a los amantes

que iban inventando el amor eterno.

Todo era lento en ese puente, los viandantes,

que iban y venían de Tacalá a San Miguel de Piura,

el paso de las estaciones que se parecían,

los gritos de los niños inacabables,

la tempestad de la noche con sus grillos.

Todavía el Río Bar permanece calladito,

con sus luces verdes en las madrugadas.

10 HORMIGAS POR MARCO MARTOS
POEMA : HORMIGAS POR MARCO MARTOS

HORMIGAS

POR MARCO MARTOS·

Las hormigas están siempre de fiesta,

todos los días, en casa de los enemigos

que las quieren matar.

Tienen hambre, mucha hambre,

y roban mantequilla, azúcar, carne,

cómo les gusta el cuerpo de los grillos,

de los negros escarabajos, de las cucarachas.

Levantan sus laberintos, sus despensas,

las cámaras para las reinas que todo lo merecen.

Nunca ceden al cansancio, ni tienen orgullo individual.

Trabajan para el hormiguero, para los zánganos

que esperan el otoño para emprender

junto con las reinas el soñado vuelo nupcial.

Las hormigas disfrutan yendo y viniendo,

las reinas se van poniendo cada día más bellas

y los machos esperan la muerte,

porque esa es su alegría, besar y acabar.

4 LÁNGUIDO LICOR POR MARCO MARTOS
POEMA : LÁNGUIDO LICOR POR MARCO MARTOS

LÁNGUIDO LICOR

POR MARCO MARTOS·

Está César Vallejo Mendoza sentado en un recoveco de la biblioteca,

un lánguido licor lo acompaña, oscuro, áspera fuente del saber.

A su lado Omar Jayyam escancia los ríos de la vid. Guardan silencio los amigos

y súbito empiezan a parlotear. Los gobiernos de los emires son iguales

dice Jayyam y Vallejo replica: dudo, con Descartes dudo, es mi profesión.

Pongámonos de acuerdo en algo musita el persa: la vida pasa y luego nada queda,

absolutamente nada, ni un grano de la arena del desierto. Así es, o así

nos parece que es, admite Vallejo, pero la vida continúa y los testigos

de un tiempo preciso no la vemos. Sí, conviene Jayyam, la vida

se contiene en las esencias que duran poco, pero son eternas,

como la belleza sacrosanta de la mujer. Es verdad dice Vallejo

y se queda moviendo la cabeza, resistiéndose a dormir.

3 NAUSÍCAA POR MARCO MARTOS
POEMA : NAUSÍCAA POR MARCO MARTOS (DEDICADO A SU HIJA)

NAUSÍCAA

POR MARCO MARTOS·

Tu vienes de las arenas de Homero

y trajiste a nuestras vidas la maravilla.

Te soñé entre el agua verde y cana

y las rocas de la playa,

cuando la aurora de rosáceos dedos

empieza a iluminar la vida de los hombres,

y así permaneces en los ojos

como la llama de la esperanza

que no cede al sufrimiento

y que crece y se multiplica

en el amor de los otros.

Verte me alegra tanto

que me quedo mudo

y te bendigo y hay agua y sal

en mi cara y arena de Homero

que se mezcla en mis papeles.

2 LA MUERTE DE NESTOR MARCO MARTOS CARRERA POETA PERUANO -POEMA A SU PADRE
LA MUERTE DE NESTOR DE MARCO MARTOS CARRERA (POEMA A SU PADRE)

MUERTE DE NÉSTOR

POR MARCO MARTOS·

Se ha ido Néstor.

No hace mucho también se fueron Leoncio y Roberto.

A los tres los recuerdo llevándonos a los churres

a correr como locos por el cauce del río seco,

al tiempo que nos decían por vez primera

el sagrado nombre de las cosas:

sapo, lagartija, chilalo, algarrobo.

Más tarde Néstor me enseñó a leer.

Inventaba para mí los más hermosos cuentos.

Por él imagino a Piura, su ciudad, mi ciudad,

viajando en alfombra voladora.

En las tardes del estío, bajo el sol de fuego,

mi rey vencía al suyo, solo porque él quería.

Fue bueno, como el padre de cualquiera.

Fue bueno. La gente lo sentía.

Y tú mi pequeñín,

mañana cuando crezcas,

ojalá pienses de mí

lo que pienso de tu abuelo.

2 EL CAMINO DE LA NIEVE POR MARCO MARTOS CARRERA
POEMA : EL CAMINO DE LA NIEVE POR MARCO MARTOS CARRERA

EL CAMINO DE LA NIEVE

POR MARCO MARTOS

El camino de la nieve

El camino de la nieve ¿adónde me llevará?

Imagino una casa de madera,

un fuego moderado y una taza de café.

Pero sobre todo, me encantaría,

Nausícaa, hablar contigo

como lo hacíamos antaño

bajo el árbol de jacarandá.

1 Onza, yaguarundi, gato moro o leoncillo - MARCO MARTOS POEMA DE EL LIBRO DE ANIMALES ZUZÚ LA ONZA
Poema de “El libro de animales” que, editado por Cátedra Vallejo Zuzú, la onza DE MARCO MARTOS

Marco Martos

Poema de “El libro de animales” que, editado por Cátedra Vallejo
Zuzú, la onza
Te vi con tus pasos de terciopelo de onza,
deslizándote silenciosa en el empedrado,
yendo de grupo en grupo, levantando sonrisas
entre todos los animales que no sabían que existen
hembras tan finas, preciosas, delicadas,
que son el extremo de la belleza en el bosque.
En las ciudades es más raro ver onzas de piel moteada,
y observarte, por lo tanto, sonriente entre los hombres.
Pero tú hablas y tu voz es tan precisa
que parece dicha por una actriz en un gran teatro.
Entonces los muchachos te hacen zalemas
y estallan los aplausos a tu paso.
Los más audaces te entregan ramos de rosas rojas
que tu amplia sonrisa agradece.
Tú has nacido para traer alegría a la gente,
estando en algún patio o escenario preciso,
necesitas apenas hablar para llenar los silencios
de la ternura que nace de tu hermosura.
Quien te vio un día a fines de un verano,
te sigue viendo y admirando en todas las estaciones.

1 La bahía de Ilo por MARCO MARTOS CARRERA
LA BAHÍA DE ILO POR MARCO MARTOS

LA BAHÍA DE ILO POR MARCO MARTOS

Pasaría todos los días de mi vida

contemplando la bahía de Ilo,

en el sur del Perú, descubriendo bondades.

Hay un momento intenso en la mañana:

el cielo se apelmaza con el mar en una divina cópula

y se distinguen dos azules de maravilla debajo

de una montaña de luz que alegra los corazones

y las almas de las mujeres y de los hombres.

Peregrino de tantos mundos bendigo la belleza

de estas aguas tranquilas de ribazos y oquedades.

Elizabeth Kübler-Ross: La connotada científica que confirmó que sí existe el Más Allá

Originalmente publicado en Vida después de la muerte:
Esta médico y psiquiatra suiza recabó centenares de testimonios de experiencias extracorporales, lo que la llevó a concluir que “la muerte no era un fin, sino un radiante comienzo”. La doctora suiza Elizabeth Kübler-Ross se convirtió en el siglo XX en una de las mayores expertas…

“Cuando hemos realizado la tarea que hemos venido a hacer en laTierra, se nos permite abandonar nuestro cuerpo, que aprisiona nuestra alma al igual que el capullo de seda encierra la futura mariposa. Llegado el momento, podemos marcharnos y vernos libres del dolor, de los temores, y preocupaciones; libres como una bellísima mariposa, y, regresamos a nuestro hogar, a Dios”.

Carta de un niño enfermo de cáncer

Todos los pueblos y culturas han atesorado de generación en generación unos conocimientos y creencias que eran transmitidos por los sabios y ancianos. Estas enseñanzas servían a los más jóvenes sobre cómo aprender a vivir y a los que iban a morir a no temer a la muerte. “La salida del Alma a la luz del sol”, mal conocido como el libro de los muertos egipcio, o el libro de los muertos del budismo tibetano, son el máximo exponente de esta cultura acerca de la transmisión del “conocimiento” sobre la vida, la muerte y el más allá.
Así como Jung es famoso por el estudio del psicoanálisis, sin duda alguna Elisabeth Kübler Ross (EKR) lo es en el terreno de la tanatología, el estudio de la muerte.

DE AMA DE CASA A TOZUDA PSIQUIATRA

Según ella su vida acabó siendo algo muy distinto a lo que se esperaba de ella. Tendría que haber sido una devota y simpática ama de casa suiza pero acabó siendo una tozuda psiquiatra, conferenciante y escritora del suroeste de los Estados Unidos que se comunicaba con un mundo que a su juicio es mucho más acogedor, amable y perfecto que el nuestro. Durante muchos años la persiguió la mala reputación: la han acusado de ser la señora de la muerte y del morir. El hecho de haber dedicado más de tres decenios a investigar la muerte y la vida después de la muerte dicen haberla convertido en una experta en el tema pero, en realidad, lo que ella creía es que se equivocaban. La única realidad incontrovertible de su trabajo es la importancia de la vida. Si se vive bien cada día entonces no hay nada que temerle a la muerte. Parece que las piezas de la existencia de EKR no se ensamblan muy bien, pero ella afirmaba que la experiencia le enseñó que las casualidades no existen. Todo lo que nos sucede si estamos atentos nos lleva a descubrir nuestro destino. Ella también tuvo que pasar la “prueba” de aceptar el suyo.

Según narra ella misma en “La rueda de la vida”, un relato autobiográfico en el que se adentra en las razones de su vida, nació un 8 de Julio de 1926 en Meilen, Suiza. Sus padres eran de una familia de clase media alta y ya tenían a un hijo, Ernst, pero decidieron ir a por la niña para completar el cuadro…y el cuadro fue el día del parto. Nació pesando 900 gramos, peluda y fea, parecía un ratoncito, el ser más diminuto que los presentes habían visto jamás. Unos minutos más tarde nació su hermana Erika también pesando 900 gramos y la última en nacer fue Eva que pesó 2.900 gramos. En aquella época no eran muy comunes los partos múltiples. Las tres hermanas iban vestidas igual, recibían los mismos regalos, realizaban las mismas actividades, y, así, sucesivamente. Las personas reaccionaban ante ellas no como individuos, sino como grupo, lo que afectó al sentido de la identidad de EKR, por lo que siempre se esforzó en ser ella misma, aunque ser ella misma no fuese lo más aceptado. Elisabeth relata que, al haber aprendido a ser ella misma durante toda su vida desarrolló un talento para reconocer entre los demás a los que son auténticamente ellos mismos. A eso ella lo llamaba “olfatear” a alguien.

DEDICADA A LOS DEMÁS

La anciana doctora B, que asistió el parto y se creía clarividente, dijo a su madre los vaticinios para cada una de ellas. Eva, la última en nacer, sería la que estaría más cerca del corazón de su madre. Erika, la segunda, elegiría siempre el camino del medio. Y cuando miró a Elisabet dijo: “por ésta no tendrá que preocuparse jamás”. Su padre, Ernst Kübler, era un hombre fuerte, serio, responsable y muy estricto que las educó con mano espartana. Ella lo solía acompañar en sus excursiones por los Alpes suizos, y jamás aceptaba una queja de debilidad. Cabe destacar que esta disciplina y fortaleza le fue muy necesaria para su posterior trabajo. Su madre era un ama de casa práctica y orgullosa de sus habilidades. La personalidad de sus padres demostraba la verdad del viejo axioma de que los polos opuestos se atraen.

Era una de esas niñas que le gustaba ir al colegio. De pequeña cayó en sus manos un libro de una aldea africana que despertó en ella la curiosidad por las distintas culturas del mundo. Estuvo en contacto con la muerte de algunas personas cercanas que le abrió grandes interrogantes. Era una época en la que el mundo necesitaba curación y muy pronto la necesitaría aún más. En 1939 la maquinaria bélica nazi estaba comenzando a poner en marcha su fuerza destructora. Nadie sabía muy bien lo que estaba ocurriendo pero las conversaciones sobre la guerra asustaban e inquietaban. Un buen día su ahorrativo padre llegó a casa con una radio y, cada día, después de cenar, a las 19:30, escuchaban los informes del avance de los nazis en Polonia. Ella estaba a favor de los valientes polacos que arriesgaban su vida para defender su patria y lloraba por cómo morían mujeres y niños. Si hubiera sido hombre hubiera ido a luchar en primera línea a favor de los polacos, pero como tan sólo era una niña, le prometió a Dios: “tan pronto pueda, tan pronto pueda, iré a Polonia a ayudar”.

Hay una época importante en la vida de los jóvenes suizos y es cuando acaban la enseñanza secundaria tienen que elegir un rumbo profesional para sus vidas. En 1942, tenía 16 años, era una joven madura y seria, albergaba pensamientos profundos. En opinión de EKR, su futuro estaba en la facultad de medicina. Pero una noche, su padre, que seguía al mando, decidió el futuro para sus hijas. “Elisabet, tú serás secretaria contable en mi empresa.” Ella le dejó muy claro que jamás aceptaría semejante condena a prisión, ella, que poseía un carácter inquieto y creativo, se hubiera muerto sentada en un escritorio. Así es como no le tocó más remedio que irse de casa y después de varias vicisitudes logró cumplir con su promesa de querer ayudar.

El 6 de Junio de 1944. Las tropas aliadas desembarcaron en Normandía. Esto cambió el curso de la guerra. Pronto llegaron a Suiza refugiados de todas partes traumatizados y en un estado deplorable. En ese entonces ella trabajaba como ayudante de un doctor que la vio tan absorta y entregada ayudando y atendiendo a los refugiados que le propuso alistarse en una organización internacional de Voluntarios por la Paz. ¿Paz mundial?¿Cooperación entre países y pueblos? En un mundo donde tantos corazones estaban rotos por falta de humanidad la idea le encantó. El 7 de Mayo de 1945 acabó la guerra y ella pudo cumplir con su deseo de ayudar. Salió de las seguras murallas de Suiza, donde recibió un curso acelerado sobre las tragedias que la guerra había dejado a su paso. Tenemos que dejar claro que el voluntario es el que impone su voluntad libremente al servicio de los demás. Llegó a Ecucéry montada en una vieja bicicleta que encontró tirada en la frontera. Lo que había sido una ciudad pintoresca habían ahora matado todo su espíritu. En ese mes que estuvo como voluntaria le resultó muy difícil aceptar la prosperidad y abundancia de su hogar suizo. Así es como, nuevamente, tiempo después, emprendió el rumbo a Varsovia, Polonia.

COCINERA, ALBAÑIL Y MÉDICO

No fue fácil llegar. Pero las personas que la conocieron dijeron de ella que tenía una capacidad para que cuando deseaba algo se plasmara. Trabajó ordeñando vacas, segando el heno hasta reunir el dinero suficiente para viajar hasta Estocolmo, Suecia, y conseguir un visado. En el viaje conoció a un grupo de médicos que la ayudaron a entrar en Polonia. Su función era la de cocinera; a veces no había más que una cabeza de pescado para cincuenta personas. Y también como albañil en la construcción de casas y escuelas. Pronto se dieron cuenta de sus dotes como médico y le construyeron una pequeña casa de madera donde atendía a los enfermos y heridos. Así fue como dejó la construcción. Antes de irse de Polonia viajó a Maidanek, uno de los infames laboratorios de Hitler. Sabía a dónde iba pero verlo fue muy diferente. Las puertas estaban derribadas pero aun podían verse los restos de su ominoso pasado. ¿Cómo es posible que hombres y mujeres puedan hacerse ésto? ¿Puede ser tan cruel la vida?¿Cómo pueden un hombre y una mujer matar y luego ir a casa y preocuparse por la rubéola de su hijo?… Donde se hallaban los presos podían verse, grabados en las paredes, iniciales, nombres…pero había una imagen que se repetía una y otra vez: mariposas. ¿Por qué mariposas? Seguro que tenían un mensaje especial, pero cuál. Durante los 25 años siguientes se hizo la misma pregunta y se odió por no encontrarle respuesta. Esa visita era una preparación para el trabajo que le aguardaba.

El regreso a Suiza fue tan peligroso como todo lo que había hecho hasta entonces. En lugar de volver inmediatamente decidió conocer algo de Rusia. Viajó sola, sin dinero, ni visado, llegó a pie a Bialystock sin ver ni rastro del temido ejército ruso. Antes de disponerse a acampar en medio de una verde colina se le acercó una gitana que la invitó a su campamento. Después de haber vivido todo lo que vivió la calidez de ese hogar gitano fue lo que más necesitaba. Aunque no hablaban el mismo idioma comprendió que hay un idioma universal y éste es el del corazón. Fueron cuatro días de fiesta y baile. Consiguió llegar a Suiza a través de Berlín escondida en la parte de atrás del camión de un señor inglés y dentro de una caja de 60 por 90, arriesgando su vida nuevamente, pues si era descubierta quizás sería lo último que haría. Ciertamente, volvía a casa transformada, más sabia y más conocedora del mundo.

En otoño de 1950 se dispuso a hacer lo necesario para ingresar en la facultad de medicina. Lo que a muchos les cuesta tres años ella en un año ya estaba preparada para el MATURA (examen de ingreso a la facultad). Su hermana Eva le prestó 500 francos para pagar la matrícula. Cuando estudiaba en la universidad solía ver al famoso psiquiatra y psicoanalista Jung dando largos paseos por Zurich. Cuando lo veía siempre se cambiaba de acera, nunca se atrevió a presentarse, aunque sentía una misteriosa conexión con él. Fue el psiquiatra que más influyó en su posterior trabajo con la muerte y los moribundos. En 1957 se graduó y en 1958 se casó con el guapo americano Emmanuel Ross, también médico, con el que más adelante tuvo dos hijos, Kenneth y Barbara. Su sueño estaba en ejercer la medicina en la India, entre los más pobres, pero eligió a Emmanuel y un futuro en los Estados Unidos donde se trasladó ese mismo año, a Nueva York.

Ella era una persona bastante escéptica a nivel religioso, y no sentía la curiosidad para descubrir lo que pasaba cuando un ser humano moría, pero las siguientes observaciones y experiencias le hicieron darse cuenta que a nivel científico hacía falta una revisión del concepto vida-muerte. Sus métodos no eran siempre los más aceptados y desde siempre peligraron sus puestos de trabajo para hacer lo que ella creía conveniente y correcto. Pero como nos diría ella: “lo que piensen los demás es problema de ellos, porque si uno hace lo que cree correcto y con amor, pues adelante”. Años después, por aquello que la habían criticado tanto, le daban 28 títulos Honoris Causa en varias universidades.

Para el moribundo, morir en el hospital era un acontecimiento triste y solitario e impersonal. Para el moribundo y la familia, la muerte era un dolor terrible, y para los médicos, la muerte era un fracaso. A los moribundos se los trataba de una forma inhumana, y éstos estaban llenos de miedo. Vivió el caso de una chica de 16 años que estaba muriendo de leucemia. Estaba sola en una habitación, encima de una cama desnuda. A la familia se le impidió la entrada porque no eran horas de visita.
Uno de sus primeros trabajos fue en el Hospital estatal de Manhattan con pacientes esquizofrénicos, los peores trastornos mentales. Las condiciones en que estaban los pacientes desahuciados eran horribles, inhumanas. ¿Qué sabía ella de psiquiatría? Nada. Pero abrió su corazón a la desgracia, soledad y dolor de esas mujeres…Dos años después cosechaba el fruto de su esfuerzo y consiguió que se diera el alta al 94% de las pacientes, que salieron a la calle a llevar vidas autosuficientes y productivas fuera del hospital.

La mejor maestra que tuvo en esos días de lo que se vendría a llamar el nacimiento de la tanatología fue una mujer negra de la limpieza. La doctora se dio cuenta del efecto que tenía en muchos de sus pacientes más graves cuando salía de las habitaciones. Muerta de curiosidad, espiaba a esa mujer que ni siquiera había terminado sus estudios secundarios pero que poseía un gran secreto. Un buen día se atrevió a preguntarle qué les hacía a sus pacientes moribundos. Ella le contestó: “verá, la muerte es una vieja, vieja conocida, tan sólo me acerco a ellos, les toco la mano y les digo: no es tan terrible”. Poco después esa mujer dejara de dedicarse a la limpieza para convertirse en su primera ayudante.
Los maestros, como aquellas personas que te dan las lecciones más importantes de tu vida, se presentan en todas las formas y con toda clase de “disfraces”. Los niños, los enfermos terminales, una mujer de la limpieza…todas las teorías y toda la ciencia del mundo no pueden ayudar tanto como un ser humano que no teme abrir su corazón a otro.

¿ES ASÍ COMO QUIERO VIVIR?

¿Realmente es así como quiero vivir mi vida?, se dijo. Todos nos hemos hecho esta pregunta en algún momento. El problema no es que la vida sea corta sino que a veces tenemos una tardía percepción de lo que realmente importa.
EKR cuenta que se dirigía a pasar un fin de semana con unos amigos en el desierto. Sabía que había tráfico pero deseaba salir de Los Ángeles. Los coches iban a gran velocidad por la autopista cuando de repente se dio cuenta de que frente suyo había un paro en cadena. Frenó a tiempo pero se fijó por el retrovisor que el conductor del coche de atrás estaba despistado y pronto iban a colisionar. Pasó en fracciones de segundo. En ese preciso instante se vio a sí misma aferrada al volante y con gran rigidez. Se dio cuenta de que así es como había estado viviendo, rígida, aferrada a la vida olvidándose de tantas cosas importantes. En ese instante se relajó y se entregó a la vida y a la muerte. El resultado fue un milagro, como explicaría el doctor. Salió ilesa y disparada por el cristal frontal. mientras su coche quedó plegado como un acordeón. Esta experiencia le obligó a revisar su vida.

En los hospitales la Doctora Kübler-Ross observó que los pacientes, instantes antes de morir se relajaban, incluso aquellos que se habían revelado contra su propia muerte. Otros al acercarse su final, parecían tener experiencias muy claras con seres queridos ya fallecidos y hablaban con personas que ella no podía ver. Prácticamente en todos los casos la muerte iba precedida de una particular serenidad. ¿Y después? Si ya no estaban, cómo podía saber lo que ocurría ¿En qué forma se va la vida?¿A dónde va, si es que va a alguna parte? ¿Qué experimenta la persona en el momento de morir? En cierto modo, y 25 años después de haber pasado por el terrible campo de concentración de Maidanek, comprendió el por qué de las mariposas dibujadas en las paredes:
“Abandonamos nuestro cuerpo que aprisiona nuestra alma, al igual que el capullo de seda encierra la futura mariposa. Libres como una bellísima mariposa regresamos a nuestro hogar”.

Poco después de comprender esto le presentaron en el hospital a la señora Schwartz. Mujer increíblemente resistente y resuelta. Había estado muchas veces en la UCI y declarada clínicamente muerta muchas veces. El personal del hospital la miraba con una especie de miedo y respeto. Esta señora fue la primera muerte clínica temporal de la que tenían noticia. La señora Schwartz compartió su historia con la Doctora Kübler-Ross y con varios de sus alumnos.

Una vez, después de una hemorragia, la ingresaron. En ese preciso momento contó que salió de su cuerpo físico y flotó hacia el techo. Entonces entró un equipo de reanimación y empezó a trabajar frenéticamente para salvarla. Mientras, ella oía todo lo que estaban diciendo y percibía todo lo que estaban pensando. Sentía una enorme curiosidad y ni tan siquiera podía tocarlos y no la escuchaban. En ese momento, tan frustrada como los médicos, renunció a decirles nada. Entonces perdió el conocimiento. Observó que 45 minutos después la declaraban muerta y la cubrían con una sábana. Tres horas después entró la enfermera para sacar el cadáver y no hace falta que digamos el susto que se pegó cuando descubrió que la Sra. Schwartz todavía seguía viva. La Sra. Schwartz no tenía nada de loca, pero se hallaba en unas circunstancias que le impedían que su alma se fuera en paz. El marido de la señora era esquizofrénico, y cada vez que le daba un ataque quería matar a su hijo de 17 años. Ella no podía irse hasta que su hijo no estuviera en un lugar más seguro. Ninguna persona que estaba en la sala pensaba que la historia hubiese sido real, pero…cómo es posible que la Sra. Schwartz recreara el chiste que el doctor hizo una vez era declarada muerta. A veces es una pena lo que se dice en presencia de moribundos cuando éstos todavía lo pueden escuchar todo.

En Occidente, cuando morimos, concebimos que vamos a un lugar concreto en el espacio, al cielo, al paraíso…pero en cambio para los orientales morir es cambiar de un estado vibratorio a otro.

En ese entonces la doctora no tenía ni una respuesta a mano, lo cual irritó a sus alumnos, pero les explicó que todavía hay muchas cosas que no sabemos, ni entendemos, pero esto no significa que no existan. Por ejemplo, si se toca un silbato para perros, ninguno de nosotros lo oiría, pero los perros sí ¿Significa esto que el sonido no existe? Es posible que la Sra. Schwartz se encontrara en una longitud de onda diferente a la del resto de nosotros, pensó EKR.

Después de este suceso se inicia la investigación en profundidad de lo que ocurre después de la muerte. El reverendo Gaines y ella decidieron convertirse en detectives. La intención era entrevistar a 20 personas que hubieran sido reanimadas después de que la falta de signos vitales indicara que habían muerto. Uno por la vía religiosa y EKR por la vía científica. Si su corazonada era correcta pronto se abriría una faceta totalmente nueva. En ese período mantuvieron la distancia y no compararon sus observaciones hasta que no reunieron más de 20 casos.

EKR era una persona bastante escéptica a nivel religioso y científico pero se encontraba ante unos hechos que necesitaban una explicación. Se limitaron a pedirles que contaran lo que les había ocurrido o lo que habían sentido. Todos estaban deseosos de encontrar a alguien interesado en escucharles. Sus relatos brotaban a raudales. Encontraban por fin a alguien que los escuchaba sin considerarles locos o fantasiosos. Una señora, que había quedado ciega a raíz de una explosión en un laboratorio hacía 10 años, ahora podía volver a ver, sin embargo después de que la reanimaran perdió nuevamente la vista. El caso de una niña enferma que cuando volvió le contó a su padre que había estado en un lugar de gran paz y amor, pero hubo una cosa que le extrañó, que la abrazó un niño que decía ser su hermano. Su padre echó a llorar porque poco antes de nacer ella tenían otro hijo que murió también y ella no sabía nada.

Hasta ese entonces habían intentado explicar qué es la muerte, pero al no hallar ninguna respuesta se dedicaron a buscar más allá. ¿De dónde proviene nuestro miedo a la muerte? EKR habló extensamente de sus conclusiones.

Hay dos miedos naturales o instintivos en el ser humano: uno es el miedo a las alturas que me permite conservar la vida y el otro el miedo al ruido. Si yo por ejemplo tengo la pierna rota y escucho una explosión, no sé cómo pero salgo corriendo. Entonces el miedo a la muerte no es un miedo natural sino fruto de nuestra endoculturación. Si nosotros estuviéramos recibiendo una educación natural, que no es lo que estamos recibiendo hoy día, esto es obvio, ayudaría al ser humano a integrarse en las diferentes etapas de la vida y en ese paso transitorio que hoy llamamos muerte. Una verdadera educación trataría de armonizar a ese ser humano compuesto de los cuadrantes físico, energético, emocional y espiritual. Todos le tememos en cierto modo a la muerte.

FILOSOFÍA DE LA MUERTE

Para cualquier filósofo la muerte es algo natural, forma parte de la vida. Nosotros hoy sabemos que la energía y la materia son dos formas de una misma cosa. La materia puede ser convertida en energía y la energía en materia. Esto demuestra que en la naturaleza existe una gran economía. Todo se transforma, todo vuelve al lugar del que partió.

Este miedo a la muerte que tenemos es fruto del materialismo en el que vivimos inmersos. La muerte entonces para quien soy YO realmente no existe, sí que existe en cierta forma para esto (señalando el cuerpo). Si se logra levantar esta identificación físico-funcional a algo más espiritual, se ve entonces que andamos más ligeros.

Según lo dicho, al estar tan identificados con esto, en vez de decir “mi cuerpo tiene hambre, mi cuerpo tiene tos…decimos “YO tengo tos, YO tengo hambre…” A veces somos tan materialistas que hasta nos identificamos con nuestro coche: “¡Se me ha roto un cristal!”.

Vayamos a ver ahora qué le explicaban los pacientes que atendió EKR cuando hemos pasado a iniciar esa otra etapa de nuestra existencia. La investigación que llevaba a cabo sobre la vida después de la muerte cogió un impulso imparable. Durante los primeros años de la década de los 70, entre el doctor Mwalimu y ella entrevistaron a más de 20.000 personas que daban edades comprendidas entre los 2 a los 99 años, de culturas tan diversas como la esquimal, los indios norte americanos, aborígenes australianos, la religión protestante, musulmana, cristiana e incluso entre aquellos que se creían ateos o agnósticos. Hasta ese entonces ni ella misma había creído en una vida después de la muerte pero todos estos casos la convencieron de que no eran alucinaciones ni coincidencias.

Todas las experiencias recopiladas de estas personas nos explican que no hay palabras ni imágenes para describir cómo se han sentido y lo que han visto en ese más allá. Sería como tratar de explicar qué es el sabor dulce a alguien que nunca lo ha probado. EKR diferencia una serie de etapas en el ser humano a partir de que se desprende de su cuerpo:

En una primera fase, afirma que las personas salían flotando de su cuerpo ya sea que hubieran muerto en quirófano, suicidio, accidente… Es como la mariposa que se desprende de su capullo. Se sabe lo que ocurre alrededor, se escuchan conversaciones, se perciben los pensamientos. También se experimenta la salud total, por ejemplo una persona ciega ahora podía volver a ver, o una persona inválida podía volver a bailar.

La segunda fase la describe como espíritu-energía. Le consolaba saber que ningún ser humano muere solo. Fuese cual fuese el lugar donde hubieran muerto eran capaces de ir a cualquier parte con la velocidad del pensamiento. En esta fase se encuentran con guías o seres, los que de pequeños solíamos llamar ángeles de la guarda que luego olvidamos, que los llevaban a presencia de familiares y amigos ya fallecidos.

En la tercera fase se entraba por lo general, según lo descrito por algunas de las personas que tuvieron experiencias cercanas a la muerte, como en un túnel o una puerta de paso. Con la energía psíquica se recrea el lugar más hermoso o simbólico: el mar, los Alpes suizos, un lago…En esta fase los envuelve una gran luz que ninguno puede explicar, algunos dicen que es Buda, otros Jesús, Mahoma,…pero todos coinciden que es el Amor Incondicional.

Según los relatos, en esta cuarta fase se encuentran en presencia de la fuente suprema, Dios, el Absoluto…

En este estado la persona hacía una revisión de su vida, un proceso en el que veía todos los actos, palabras y pensamientos de su existencia. Se le hacía comprender el motivo de todos sus pensamientos, decisiones, actos y de qué manera éstos habían afectado a otros, incluso a desconocidos. Veía como podía haber sido su vida, toda la capacidad en potencia que poseía, se le hacía ver que las vidas de todas las personas están interrelacionadas, entrelazadas.

En esta fase no se preguntan cuántas carreras tiene alguien, ni cuántos coches, ni cuánto dinero tiene en el Banco…Se le pregunta a la persona: ¿Qué servicios has prestado? ¿Cuánto has sido capaz de dar a los demás? Ésta es la pregunta más difícil de contestar. Ahí descubrían si habían aprendido las lecciones, de las cuales la principal y definitiva es el Amor incondicional.

Las personas que han vuelto han quedado completamente transformadas. Algunas habían recibido un nuevo conocimiento, otras nuevas percepciones….Pero todas habían hecho un gran descubrimiento: ver la luz les había hecho comprender que sólo hay una explicación en el sentido de la vida y ésta es el Amor.

LA VIDA ES NUESTRA RESPONSABILIDAD

Toda persona pasa por pruebas en la vida; algunas pruebas son grandes, otras no tanto, pero son las lecciones que tenemos que aprender. La vida es también una responsabilidad.

EKR nos explica que el peor acompañante en el lecho de los moribundos es la Culpa. La culpa de no haber hecho lo que se debería, de no haber perdonado, de no haber sido perdonados; cuántos le han confesado haber tenido aparentemente éxito como abogados o grandes médicos, pero en realidad lo que querían ser es jardineros o carpinteros. En definitiva querían irse estando en paz consigo mismo, acabar con asuntos pendientes. EKR trabajó en hospitales con niños enfermos y para ella los niños eran incluso mejores maestros que los mayores. Los niños no habían acumulado capas y capas de asuntos inconclusos, no tenían una vida de relaciones deterioradas, ni un curriculum vitae de errores. Tampoco se sentían obligados a fingir que estaban bien. Dicen exactamente lo que necesitan para estar en paz.

Jeffy era un niño de 9 años, que padecía una afección en el sistema nervioso central. Estaba muy débil y sin pelo debido a la quimioterapia, parecía un hombrecito borracho. La doctora supo con tan sólo una mirada que este niño había dejado de luchar. Sus padres, que lo amaban, aceptaron su decisión de salir del hospital e ir a casa. La doctora los acompañó con la certeza de que ese niño quería acabar con un asunto pendiente. Al llegar a casa le pidió a su padre que le bajara la bicicleta que por años había estado colgada en el garaje y que por favor le pusiera las ruedecillas de apoyo. Os imagináis la humildad que tiene que tener este niño para pedirle esto con nueve años. El niño, que se disponía a dar la vuelta a la manzana, le dio la orden a la doctora de aguantar a su madre, mientras el padre aguantaba a la doctora también. Esos minutos que perdieron al niño de vista les parecieron una eternidad, pero cuando vieron a Jeffy regresar parecía el hombrecito más orgulloso y victorioso que habían visto jamás. Dos semanas después la madre de Jeffy llamó a la doctora para explicarle que el niño había fallecido, pero también para contarle cómo acabó la historia ese día. Cuando regresó Douggy, el hermano pequeño de Jeffy. Del cole quiso hablar con él en privado y en secreto. Douggy sabía que no iba a estar por Navidades y quería regalarle a su hermano pequeño su tan querida bicicleta, pero con una sola condición: ¡que jamás usaría esas malditas ruedas de apoyo! En los últimos años de su vida EKR sufrió varios infartos que la hicieron permanecer casi inválida en una cama. Sabía que su tiempo estaba concluyendo y aceptó las últimas lecciones que tenía que aprender. Se enfrentó a su propia muerte con la valentía con que había afrontado la de los demás y con el coraje que aprendió de los más pequeños. A los 78 años hizo su transición, como le gustaba llamar ella a la muerte, y estuvo rodeada de seres queridos.

El mensaje que nos quería transmitir Elisabet Kübler- Ross es que la muerte no existe, al menos no como la imaginamos nosotros. La muerte es un viaje. ¿Qué hacemos cuando nos vamos de viaje? Preparamos las maletas. Habría entonces que prepararse para la muerte. Podríamos ver a esa señora que llamamos muerte como una gran ladrona, que no sólo nos pide la pasta o la vida sino que nos pide la pasta y la vida. Pero si nosotros despertamos nuestra convicción interior, si preparamos estas maletas espirituales, habrá cosas que no podrá llevarse: cuanto hemos amado, las perlas de nuestras experiencias, el amor y el tiempo que hemos sido capaces de entregar a los demás… Si nosotros nos preparamos reafirmando nuestra espiritualidad, tratando de tener bondad y altura de corazón, estaremos preparados.

Elisabet Ros Juanola

Elizabeth Kübler-Ross
Vida de Elisabeth Kübler-Ross: experiencias al borde de la muerte

Vida después de la muerte

Esta médico y psiquiatra suiza recabó centenares de testimonios de experiencias extracorporales, lo que la llevó a concluir que “la muerte no era un fin, sino un radiante comienzo”.

La doctora suiza Elizabeth Kübler-Ross se convirtió en el siglo XX en una de las mayores expertas mundiales en el tétrico campo de la muerte, al implementar modernos cuidados paliativos con personas moribundas para que éstas afrontaran el fin de su vida con serenidad y hasta con alegría (en su libro “On death and dying”, de 1969, que versa sobre la muerte y el acto de morir, describe las diferentes fases del enfermo según se aproxima su muerte, esto es, la negación, ira, negociación, depresión y aceptación). Sin embargo, esta médico, psiquiatra y escritora nacida en Zurich en 1926 también se transformó en una pionera en el campo de la investigación de las experiencias cercanas a la muerte, lo que le…

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No entres docilmente en esta noche quieta

Originalmente publicado en Milenio:
Dylan Thomas – No entres dócilmente en esa noche quieta (bilingüe) Do not go gentle into that good night Do not go gentle into that good night, Old age should burn and rave at close of day; Rage, rage against the dying of the light. Though wise men at their end…

Dylan Thomas

Dylan Thomas – No entres dócilmente en esa noche quieta
DYLAN THOMAS – NO ENTRES DÓCILMENTE EN ESA NOCHE QUIETA
No entres dócilmente en esa noche quieta.
La vejez debería delirar y arder cuando se cierra el día;
Rabia, rabia, contra la agonía de la luz.
Aunque los sabios al morir entiendan que la tiniebla es justa,
porque sus palabras no ensartaron relámpagos
no entran dócilmente en esa noche quieta.
Los buenos, que tras la última inquietud lloran por ese brillo
con que sus actos frágiles pudieron danzar en una bahía verde
rabian, rabian contra la agonía de la luz.
Los locos que atraparon y cantaron al sol en su carrera
y aprenden, ya muy tarde, que llenaron de pena su camino
no entran dócilmente en esa noche quieta.
Los solemnes, cercanos a la muerte, que ven con mirada deslumbrante
cuánto los ojos ciegos pudieron alegrarse y arder como meteoros
rabian, rabian contra la agonía de la luz.
Y tú mi padre, allí, en tu triste apogeo
maldice, bendice, que yo ahora imploro con la vehemencia de tus lágrimas.
No entres dócilmente en esa noche quieta.
Rabia, rabia contra la agonía de la luz.
Mis ojos también vieron cosas que nadie podrá ver jamás
 y los tuyos y los tuyos también.

Dylan Thomas – No entres dócilmente en esa noche quieta
DYLAN THOMAS – NO ENTRES DÓCILMENTE EN ESA NOCHE QUIETA
No entres dócilmente en esa noche quieta.
La vejez debería delirar y arder cuando se cierra el día;
Rabia, rabia, contra la agonía de la luz.
Aunque los sabios al morir entiendan que la tiniebla es justa,
porque sus palabras no ensartaron relámpagos
no entran dócilmente en esa noche quieta.
Los buenos, que tras la última inquietud lloran por ese brillo
con que sus actos frágiles pudieron danzar en una bahía verde
rabian, rabian contra la agonía de la luz.
Los locos que atraparon y cantaron al sol en su carrera
y aprenden, ya muy tarde, que llenaron de pena su camino
no entran dócilmente en esa noche quieta.
Los solemnes, cercanos a la muerte, que ven con mirada deslumbrante
cuánto los ojos ciegos pudieron alegrarse y arder como meteoros
rabian, rabian contra la agonía de la luz.
Y tú mi padre, allí, en tu triste apogeo
maldice, bendice, que yo ahora imploro con la vehemencia de tus lágrimas.
No entres dócilmente en esa noche quieta.
Rabia, rabia contra la agonía de la luz.
Mis ojos también vieron cosas que nadie podrá ver jamás
 y los tuyos y los tuyos también.

Milenio

Dylan Thomas – No entres dócilmente en esa noche quieta (bilingüe)

Do not go gentle into that good night

Do not go gentle into that good night,
Old age should burn and rave at close of day;
Rage, rage against the dying of the light.

Though wise men at their end know dark is right,
Because their words had forked no lightning they
Do not go gentle into that good night.

Good men, the last wave by, crying how bright
Their frail deeds might have danced in a green bay,
Rage, rage against the dying of the light.

Wild men who caught and sang the sun in flight,
And learn, too late, they grieved it on its way,
Do not go gentle into that good night.

Grave men, near death, who see with blinding sight
Blind eyes could blaze like meteors and be gay,
Rage, rage against the dying of…

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ENDRE ADY EL PIANO NEGRO

ENDRE ADY -EL PIANO NEGRO
ENDRE ADY
EL PIANO NEGRO

ENDRE ADY
EL PIANO NEGRO

Zumba alunado, gime, relincha.
Escape quien no tenga vino.
Este es el piano negro.
Ciego maestro lo estruja y agita.
Esta es la melodía de la vida.
Este es el piano negro.
El zumbido de la cabeza, mis lágrimas de luto,
mis deseos agitándose en fiesta de difuntos,
todo esto, todo, es el piano negro.
A su compás se derrama la linfa
de mi zigzagueante corazón de vino.
Este es el piano negro.

Sangre y oro
Suenan en mi oído del mismo modo
goce jadea, pena boquea,
oro chirría, sangre chorrea.
Entiendo y digo que es Todo
y todo lo demás ni modo:
sangre y oro, sangre y oro.
Todo muere, pasa todo,
gloria, canto, lucro, logro.
Perduran solo sangre y oro.
Pueblos perecen, renacen a poco.
Santo el valiente quien siga mi modo
y siempre profese sangre y oro.

JAIME SABINES -ALGO SOBRE LA MUERTE DEL MAYOR SABINES

De los huesos también,
de la sal más entera de la sangre,
del ácido más fiel,
del alma más profunda y verdadera,
del alimento más entusiasmado,
del hígado y del llanto,
viene el oleaje tenso de la muerte,
el frío sudor de la esperanza,
y viene Dios riendo.

Caminan los libros a la hoguera.
Se levanta el telón: aparece el mar.

Algo sobre la muerte del mayor Jaime Sabines

PRIMERA PARTE

I

Déjame reposar,
aflojar los músculos del corazón
y poner a dormitar el alma
para poder hablar,
para poder recordar estos días,
los más largos del tiempo.

Convalecemos de la angustia apenas
y estamos débiles, asustadizos,
despertando dos o tres veces de nuestro escaso sueño
para verte en la noche y saber que respiras.
Necesitamos despertar para estar más despiertos
en esta pesadilla llena de gentes y de ruidos.

Tú eres el tronco invulnerable y nosotros las ramas,
por eso es que este hachazo nos sacude.
Nunca frente a tu muerte nos paramos
a pensar en la muerte,
ni te hemos visto nunca sino como la fuerza y la
alegría.
No lo sabemos bien, pero de pronto llega
un incesante aviso,
una escapada espada de la boca de Dios
que cae y cae y cae lentamente.
Y he aquí que temblamos de miedo,
que nos ahoga el llanto contenido,
que nos aprieta la garganta el miedo.

Nos echamos a andar y no paramos
de andar jamás, después de medianoche,
en ese pasillo del sanatorio silencioso
donde hay una enfermera despierta de ángel.
Esperar que murieras era morir despacio,
estar goteando del tubo de la muerte,
morir poco, a pedazos.

No ha habido hora más larga que cuando no
dormías,
ni túnel más espeso de horror y de miseria
que el que llenaban tus lamentos,
tu pobre cuerpo herido.

II

Del mar, también del mar,
de la tela del mar que nos envuelve,
de los golpes del mar y de su boca,
de su vagina obscura,
de su vómito,
de su pureza tétrica y profunda,
vienen la muerte, Dios, el aguacero
golpeando las persianas,
la noche, el viento.

De la tierra también,
de las raíces agudas de las casas,
del pie desnudo y sangrante de los árboles,
de algunas rocas viejas que no pueden moverse,
de lamentables charcos, ataúdes del agua,
de troncos derribados en que ahora duerme el rayo,
y de la yerba, que es la sombra de las ramas del cielo,
viene Dios, el manco de cien manos,
ciego de tantos ojos,
dulcísimo, impotente.
(Omniausente, lleno de amor,
el viejo sordo, sin hijos,
derrama su corazón en la copa de su vientre.)

De los huesos también,
de la sal más entera de la sangre,
del ácido más fiel,
del alma más profunda y verdadera,
del alimento más entusiasmado,
del hígado y del llanto,
viene el oleaje tenso de la muerte,
el frío sudor de la esperanza,
y viene Dios riendo.

Caminan los libros a la hoguera.
Se levanta el telón: aparece el mar.

(Yo no soy el autor del mar.)

III

Siete caídas sufrió el elote de mi mano
antes de que mi hambre lo encontrara,
siete veces mil veces he muerto
y estoy risueño como en el primer día.
Nadie dirá: no supo de la vida
más que los bueyes, ni menos que las golondrinas.
Yo siempre he sido el hombre, amigo fiel del perro,
hijo de Dios desmemoriado,
hermano del viento.
¡A la chingada las lágrimas!,dije,
y me puse a llorar
como se ponen a parir.
Estoy descalzo, me gusta pisar el agua y las piedras,
las mujeres, el tiempo,
me gusta pisar la yerba que crecerá sobre mi tumba
(si es que tengo una tumba algún día).
Me gusta mi rosal de cera
en el jardín que la noche visita.
Me gustan mis abuelos de Totomoste
y me gustan mis zapatos vacíos
esperándome como el día de mañana.
¡A la chingada la muerte!, dije,
sombra de mi sueño,
perversión de los ángeles,
y me entregué a morir
como una piedra al río,
como un disparo al vuelo de los pájaros.

IV

Vamos a hablar del Príncipe Cáncer,
Señor de los Pulmones, Varón de la Próstata,
que se divierte arrojando dardos
a los ovarios tersos, a las vaginas mustias,
a las ingles multitudinarias.

Mi padre tiene el ganglio más hermoso del cáncer
en la raíz del cuello, sobre la subclavia,
tubérculo del bueno de Dios,
ampolleta de la buena muerte,
y yo mando a la chingada a todos los soles del mundo.
El Señor Cáncer, El Señor Pendejo,
es sólo un instrumento en las manos obscuras
de los dulces personajes que hacen la vida.

En las cuatro gavetas del archivero de madera
guardo los nombres queridos,
la ropa de los fantasmas familiares,
las palabras que rondan
y mis pieles sucesivas.

También están los rostros de algunas mujeres
los ojos amados y solos
y el beso casto del coito.
Y de las gavetas salen mis hijos.
¡Bien haya la sombra del árbol
llegando a la tierra,
porque es la luz que llega!

V

De las nueve de la noche en adelante,
viendo televisión y conversando
estoy esperando la muerte de mi padre.
Desde hace tres meses, esperando.
En el trabajo y en la borrachera,
en la cama sin nadie y en el cuarto de niños,
en su dolor tan lleno y derramado,
su no dormir, su queja y su protesta,
en el tanque de oxígeno y las muelas
del día que amanece, buscando la esperanza.

Mirando su cadáver en los huesos
que es ahora mi padre,
e introduciendo agujas en las escasas venas,
tratando de meterle la vida, de soplarle
en la boca el aire…

(Me avergüenzo de mí hasta los pelos
por tratar de escribir estas cosas.
¡Maldito el que crea que esto es un poema!)

Quiero decir que no soy enfermero,
padrote de la muerte,
orador de panteones, alcahuete,
pinche de Dios, sacerdote de penas.
Quiero decir que a mí me sobre el aire…

VI

Te enterramos ayer.
Ayer te enterramos.
Te echamos tierra ayer.
Quedaste en la tierra ayer.
Estás rodeado de tierra
desde ayer.
Arriba y abajo y a los lados
por tus pies y por tu cabeza
está la tierra desde ayer.
Te metimos en la tierra,
te tapamos con tierra ayer.
Perteneces a la tierra
desde ayer.
Ayer te enterramos
en la tierra, ayer.

VII

Madre generosa
de todos los muertos,
madre tierra, madre,
vagina del frío,
brazos de intemperie,
regazo del viento,
nido de la noche,
madre de la muerte,
recógelo, abrígalo,
desnúdalo, tómalo,
guárdalo, acábalo.

VIII

No podrás morir.
Debajo de la tierra
no podrás morir.
Sin agua y sin aire
no podrás morir.
Sin azúcar, sin leche,
sin frijoles, sin carne,
sin harina, sin higos,
no podrás morir.
Sin mujer y sin hijos
no podrás morir.
Debajo de la vida
no podrás morir.
En tu tanque de tierra
no podrás morir.
En tu caja de muerto
no podrás morir.
En tus venas sin sangre
no podrás morir.
En tu pecho vacío
no podrás morir.
En tu boca sin fuego
no podrás morir.
En tus ojos sin nadie
no podrás morir.
En tu carne sin llanto
no podrás morir.
No podrás morir.
No podrás morir.
No podrás morir.
Enterramos tu traje,
tus zapatos, el cáncer;
no podrás morir.
Tu silencio enterramos.
Tu cuerpo con candados.
Tus canas finas,
tu dolor clausurado.
No podrás morir.

IX

Te fuiste no sé a dónde.
Te espera tu cuarto.
Mi mamá, Juan y Jorge
te estamos esperando.
Nos han dado abrazos
de condolencia, y recibimos
cartas, telegramas, noticias
de que te enterramos,
pero tu nieta más pequeña
te busca en el cuarto,
y todos, sin decirlo,
te estamos esperando.

X

Es un mal sueño largo,
una tonta película de espanto,
un túnel que no acaba
lleno de piedras y de charcos.
¡Qué tiempo éste, maldito,
que revuelve las horas y los años,
el sueño y la conciencia,
el ojo abierto y el morir despacio!

XI

Recién parido en el lecho de la muerte,
criatura de la paz, inmóvil, tierno,
recién niño del sol de rostro negro,
arrullado en la cuna del silencio,
mamando obscuridad, boca vacía,
ojo apagado, corazón desierto.

Pulmón sin aire, niño mío, viejo,
cielo enterrado y manantial aéreo
voy a volverme un llanto subterráneo
para echarte mis ojos en tu pecho.

XII

Morir es retirarse, hacerse a un lado,
ocultarse un momento, estarse quieto,
pasar el aire de una orilla a nado
y estar en todas partes en secreto.

Morir es olvidar, ser olvidado,
refugiarse desnudo en el discreto
calor de Dios, y en su cerrado
puño, crecer igual que un feto.

Morir es encenderse bocabajo
hacia el humo y el hueso y la caliza
y hacerse tierra y tierra con trabajo.

Apagarse es morir, lento y aprisa
tomar la eternidad como a destajo
y repartir el alma en la ceniza.

XIII

Padre mío, señor mío, hermano mío,
amigo de mi alma, tierno y fuerte,
saca tu cuerpo viejo, viejo mío,
saca tu cuerpo de la muerte.

Saca tu corazón igual que un río,
tu frente limpia en que aprendí a quererte,
tu brazo como un árbol en el frío
saca todo tu cuerpo de la muerte.

Amo tus canas, tu mentón austero,
tu boca firme y tu mirada abierta,
tu pecho vasto y sólido y certero.

Estoy llamando, tirándote la puerta.
Parece que yo soy el que me muero:
¡padre mío, despierta!

XIV

No se ha roto ese vaso en que bebiste,
ni la taza, ni el tubo, ni tu plato.
Ni se quemó la cama en que moriste,
ni sacrificamos un gato.

Te sobrevive todo. Todo existe
a pesar de tu muerte y de mi flato.
Parece que la vida nos embiste
igual que el cáncer sobre tu omóplato.

Te enterramos, te lloramos, te morimos,
te estás bien muerto y bien jodido y yermo
mientras pensamos en lo que no hicimos

y queremos tenerte aunque sea enfermo.
Nada de lo que fuiste, fuiste y fuimos
a no ser habitantes de tu infierno.

XV

Papá por treinta o por cuarenta años,
amigo de mi vida todo el tiempo,
protector de mi miedo, brazo mío,
palabra clara, corazón resuelto,

te has muerto cuando menos falta hacías,
cuando más falta me haces, padre, abuelo,
hijo y hermano mío, esponja de mi sangre,
pañuelo de mis ojos, almohada de mi sueño.

Te has muerto y me has matado un poco.
Porque no estás, ya no estaremos nunca
completos, en un sitio, de algún modo.

Algo le falta al mundo, y tú te has puesto
a empobrecerlo más, y a hacer a solas
tus gentes tristes y tu Dios contento.

XVI

(Noviembre 27)

¿Será posible que abras los ojos y nos veas
ahora?
¿Podrás oírnos?
¿Podrás sacar tus manos un momento?

Estamos a tu lado. Es nuestra fiesta,
tu cumpleaños, viejo.
Tu mujer y tus hijos, tus nueras y tus nietos
venimos a abrazarte, todos, viejo.
¡Tienes que estar oyendo!
No vayas a llorar como nosotros
porque tu muerte no es sino un pretexto
para llorar por todos,
por los que están viviendo.
Una pared caída nos separa,
sólo el cuerpo de Dios, sólo su cuerpo.

XVII

Me acostumbré a guardarte, a llevarte lo mismo
que lleva uno su brazo, su cuerpo, su cabeza.
No eras distinto a mí, ni eras lo mismo.
Eras, cuando estoy triste, mi tristeza.

Eras, cuando caía, eras mi abismo,
cuando me levantaba, mi fortaleza.
Eras brisa y sudor y cataclismo,
y eras el pan caliente sobre la mesa.

Amputado de ti, a medias hecho
hombre o sombra de ti, sólo tu hijo,
desmantelada el alma, abierto el pecho,

Ofrezco a tu dolor un crucifijo:
te doy un palo, una piedra, un helecho,
mis hijos y mis días, y me aflijo.

SEGUNDA PARTE

I

Mientras los niños crecen, tú, con todos los muertos,
poco a poco te acabas.
Yo te he ido mirando a través de las noches
por encima del mármol, en tu pequeña casa.
Un día ya sin ojos, sin nariz, sin orejas,
otro día sin garganta,
la piel sobre tu frente agrietándose, hundiéndose,
tronchando obscuramente el trigal de tus canas.
Todo tú sumergido en humedad y gases
haciendo tus desechos, tu desorden, tu alma,
cada vez más igual tu carne que tu traje,
más madera tus huesos y más huesos las tablas.
Tierra mojada donde había tu boca,
aire podrido, luz aniquilada,
el silencio tendido a todo tu tamaño
germinando burbujas bajo las hojas de agua.
(Flores dominicales a dos metros arriba
te quieren pasar besos y no te pasan nada.)

II

Mientras los niños crecen y las horas nos hablan
tú, subterráneamente, lentamente, te apagas.
Lumbre enterrada y sola, pabilo de la sombra,
veta de horror para el que te escarba.

¡Es tan fácil decirte “padre mío”
y es tan difícil encontrarte, larva
de Dios, semilla de esperanza!

Quiero llorar a veces, y no quiero
llorar porque me pasas
como un derrumbe, porque pasas
como un viento tremendo, como un escalofrío
debajo de las sábanas,
como un gusano lento a lo largo del alma.

¡Si sólo se pudiera decir: “papá, cebolla,
polvo, cansancio, nada, nada, nada”
!Si con un trago te tragara!
¡Si con este dolor te apuñalara!
¡Si con este desvelo de memorias
-herida abierta, vómito de sangre-
te agarrara la cara!

Yo sé que tú ni yo,
ni un par de valvas,
ni un becerro de cobre, ni unas alas

sosteniendo la muerte, ni la espuma
en que naufraga el mar, ni -no- las playas,
la arena, la sumisa piedra con viento y agua,
ni el árbol que es abuelo de su sombra,
ni nuestro sol, hijastro de sus ramas,
ni la fruta madura, incandescente,
ni la raíz de perlas y de escamas,
ni tío, ni tu chozno, ni tu hipo,
ni mi locura, y ni tus espaldas,
sabrán del tiempo obscuro que nos corre
desde las venas tibias a las canas.

(Tiempo vacío, ampolla de vinagre,
caracol recordando la resaca.)

He aquí que todo viene, todo pasa,
todo, todo se acaba.
¿Pero tú? ¿pero yo? ¿pero nosotros?
¿para qué levantamos la palabra?
¿de qué sirvió el amor?
¿cuál era la muralla
que detenía la muerte? ¿dónde estaba
el niño negro de tu guarda?

Ángeles degollados puse al pie de tu caja,
y te eché encima tierra, piedras, lágrimas,
para que ya no salgas, para que no salgas.

III

Sigue el mundo su paso, rueda el tiempo
y van y vienen máscaras.
Amanece el dolor un día tras otro,
nos rodeamos de amigos y fantasmas,
parece a veces que un alambre estira
la sangre, que una flor estalla,
que el corazón da frutas, y el cansancio
canta.

Embrocados, bebiendo en la mujer y el trago,
apostando a crecer como las plantas,
fijos, inmóviles, girando
en la invisible llama.
Y mientras tú, el fuerte, el generoso,
el limpio de mentiras y de infamias,
guerrero de la paz, juez de victorias
-cedro del Líbano, robledal de Chiapas-
te ocultas en la tierra, te remontas
a tu raíz obscura y desolada.

IV

Un año o dos o tres,
te da lo mismo.
¿Cuál reloj en la muerte?, ¿qué campana
incesante, silenciosa, llama y llama?
¿qué subterránea voz no pronunciada?
¿qué grito hundido, hundiéndose, infinito
de los dientes atrás, en la garganta
aérea, flotante, pare escamas?

¿Para esto vivir? ¿para sentir prestados
los brazos y las piernas y la cara,
arrendados al hoyo, entretenidos
los jugos en la cáscara?
¿para exprimir los ojos noche
a noche en el temblor obscuro de la cama,
remolino de quietas transparencias,
descendimiento de la náusea?

¿Para esto morir?
¿para inventar el alma,
el vestido de Dios, la eternidad, el agua
del aguacero de la muerte, la esperanza?
¿morir para pescar?
¿para atrapar con su red a la araña?

Estás sobre la playa de algodones
y tu marca de sombras sube y baja.

V

Mi madre sola, en su vejez hundida,
sin dolor y sin lástima,
herida de tu muerte y de tu vida.

Esto dejaste. Su pasión enhiesta,
su celo firme, su labor sombría.
Árbol frutal a un paso de la leña,
su curvo sueño que te resucita.
Esto dejaste. Esto dejaste y no querías.

Pasó el viento. Quedaron de la casa
el pozo abierto y la raíz en ruinas.
Y es en vano llorar. Y si golpeas
las paredes de Dios, y si te arrancas
el pelo o la camisa,
nadie te oye jamás, nadie te mira.
No vuelve nadie, nada. No retorna
el polvo de oro de la vida.

Déjame reposar JAIME SABINES

ANDRÓMEDA, ESCRIBE HORACIO POR MARCO MARTOS

Te percibí días antes de la batalla de Filipos,
desgraciada para la república de Roma,
luz del amanecer para el imperio de Augusto.
Recogías nenúfares a orillas del río
y tu sonrisa condensaba la alegría del universo.
Quedé cautivado por tu belleza
y por tu nombre mítico, Andrómeda.
Chocaron las armas, escapé por milagro de la muerte,
y no volví a verte Andrómeda, salvo en sueños.
¡Qué triste mi vida en Roma como Cuestor del imperio!
No es un bálsamo la amistad de Mecenas, conseguida luego,
ni conocer a Virgilio, ni al mismo Octavio coronado,
ni alternar con las patricias romanas.
¡Quiero arrojarme en tus brazos
y tú me has arrojado al olvido para siempre!

ANDRÓMEDA ESCRIBE HORACIO POR MARCO MARTOS

ANDRÓMEDA, ESCRIBE HORACIO
POR Marco Martos

Te percibí días antes de la batalla de Filipos,
desgraciada para la república de Roma,
luz del amanecer para el imperio de Augusto.
Recogías nenúfares a orillas del río
y tu sonrisa condensaba la alegría del universo.
Quedé cautivado por tu belleza
y por tu nombre mítico, Andrómeda.
Chocaron las armas, escapé por milagro de la muerte,
y no volví a verte Andrómeda, salvo en sueños.
¡Qué triste mi vida en Roma como Cuestor del imperio!
No es un bálsamo la amistad de Mecenas, conseguida luego,
ni conocer a Virgilio, ni al mismo Octavio coronado,
ni alternar con las patricias romanas.
¡Quiero arrojarme en tus brazos
y tú me has arrojado al olvido para siempre!

EL AMOR ES FUEGO WANG WEI ESCRIBE A LA DAMA TU SAN

El amor que te ofrezco es el de los comienzos,
una flor de ilusión amarilla en el páramo eterno,
durará toda la vida y quedará después escrito en palabras intensas.
Lo acechan ¿cómo no saberlo? Mi muerte o tu muerte
o la pasión de los que hacen de la envidia su centro,
pero ha pasado por muchas primaveras
y numerosos inviernos con sus heladas
y su llama quema al que se acerca,
como una recién encendida alegría, ¡fuego de los inicios!

EL AMOR ES FUEGO WANG WEI ESCRIBE A LA DAMA TU SAN POR MARCO MARTOS

EL AMOR ES FUEGO
WANG WEI ESCRIBE A LA DAMA TU SAN POR Marco Martos

El amor que te ofrezco es el de los comienzos,
una flor de ilusión amarilla en el páramo eterno,
durará toda la vida y quedará después escrito en palabras intensas.
Lo acechan ¿cómo no saberlo? Mi muerte o tu muerte
o la pasión de los que hacen de la envidia su centro,
pero ha pasado por muchas primaveras
y numerosos inviernos con sus heladas
y su llama quema al que se acerca,
como una recién encendida alegría, ¡fuego de los inicios!

EPITAFIO POR FANNY JEM WONG

Me ahogo en mis penas,
desolado veneno amargo
que crece y me mata de a pocos.
El concierto de lamentos
rompe los cristales,
mis azules pensamientos
golpean tu puerta
y las ventanas se empañan
sudando sangre negra.

DETRAS DEL MURO OSCURIDAD-DOLOR (470)

EPITAFIO POR  FANNY JEM WONG

Suenan tétricas las notas
de la vieja arpa
La luna muestra lo que encierra
en su lado más oscuro.
Visto de negro
y el Dios de los vientos
mece enfurecido mis cabellos.

1 Fragmento de Epitafio Por Fanny Jem Wong
EPITAFIO POR  FANNY JEM WONG

Se escuchan “In crescendo”
desazón y penas,
notas oscuras,
sangran miserias,
cierro los dedos,
no tienen fuerzas.

2 Fragmento de Epitafio Por Fanny Jem Wong
EPITAFIO POR  FANNY JEM WONG

Velas negras encendidas
alrededor de mi lecho,
un cirio rojo quemándome
las entrañas y los sesos.
Sensaciones funestas,
pecho abierto,
dagas de fuego
apretadas contra el alma.

3 Fragmento de Epitafio Por Fanny Jem Wong
EPITAFIO POR  FANNY JEM WONG

Ritual necrofílico en el que invoco
destrozar carnes y huesos,
todas las estrellas de mi universo ,
maldita noche dantesca.
El corazón amordazado
grita silencioso, desangrándose
partiéndose en miles de fragmentos
acosado, sin remedio.

4 Fragmento de Epitafio Por Fanny Jem Wong
EPITAFIO POR  FANNY JEM WONG

Muera esta noche
el absurdo símbolo del amor
Adormecida la mente
se ofusca, se estrecha.
El dolor denso avanza
hacia la conciencia,
se desbarata toda luz ,
el cuerpo se hace pesado.

5 Fragmento de Epitafio Por Fanny Jem Wong
EPITAFIO POR  FANNY JEM WONG

No hay calidez en tus brazos,
no quieres existir.
Ni intimidad para lágrimas y sollozos,
nada se respeta,
todo es profanado ,burlado …

6 Fragmento de Epitafio Por Fanny Jem Wong
EPITAFIO POR  FANNY JEM WONG

Mis lunas desorbitadas
saltan de sus orbitas  inflamadas.
Un bello ángel cree tener las respuestas
o quizás la llave de oro que abra la jaula.
No puede ver que el colibrí
agoniza entre sus manos.

7 Fragmento de Epitafio Por Fanny Jem Wong
EPITAFIO POR  FANNY JEM WONG

Pobre y tierno ángel
solo puede mirar al ave destrozarse
o abrir la ventana
e imaginar que la libero.
Enredada estoy,
maleza putrefacta y oscura,
ni siquiera asfixias , ni asqueas.
El antiguo concierto
sigue su ancestral partitura.
El cuerpo se va separando
en pedazos de carnes y huesos.

8 Fragmento de Epitafio Por Fanny Jem Wong
EPITAFIO POR  FANNY JEM WONG

Concierto espeluznante,
noche de muerte sin resurrección
La preciosa copa yace colmada
de sangre coagulada,
cenizas cubriéndome
de los pies a la cabeza,
fría habitación oscura ,
vacía en actitud de olvido.

9 Fragmento de Epitafio Por Fanny Jem Wong
EPITAFIO POR  FANNY JEM WONG

Cuerdas de tripa humana
gritan su desventura
Hermosas melodías
de marchas fúnebres
parecieran decir:
-No digas amor más nada
Todo debe acabar de prisa
no es tiempo de trinos.
¡Duerme, duerme que ya nada existe!

10 Fragmento de Epitafio Por Fanny Jem Wong
EPITAFIO POR  FANNY JEM WONG

Me tienes muerta atada a un tiempo
que dejo de ser mío.
Hoy solo sé que a pesar
de mil grilletes
me alejaré hacia la cortinas de flores
que a lo lejos llaman.
La caja negra retumba,
escucho y veo gentes
Rostros que ni conozco , dicen:
-Ven de prisa
-No escuches más conciertos de mentiras.

11 Fragmento de Epitafio Por Fanny Jem Wong
EPITAFIO POR  FANNY JEM WONG

El pánico pugna por brotar
en grandes borbotones
Estoy vacía de tanto haberte amado
príncipe oscuro.
Ni siquiera tu rostro
he visto en mis sueños,
Ni tu voz me es familiar
cuando el sol se apaga.
Solo imágenes amorfas
dicen que fuiste mi amor.

12 Fragmento de Epitafio Por Fanny Jem Wong
EPITAFIO POR  FANNY JEM WONG

Tú , sueño oscuro
me empujas hacia precipicios.
Tú , me abandonas
en medio de la oscuridad
sin comprender nada,
como si fuese yo un feto.

13 Fragmento de Epitafio Por Fanny Jem Wong
EPITAFIO POR  FANNY JEM WONG

No pretendo ser tu dueña,
tampoco tu esclava
Sueños de amaneceres,
inquietantes imágenes
recree en tu mente
hasta incendiar tus cimientes,
hasta reventarte de placeres descontrolados
en donde las prácticas sexuales
resultaban consuelos.

14 Fragmento de Epitafio Por Fanny Jem Wong
EPITAFIO POR  FANNY JEM WONG

Días de risas y otros de angustias desmedidas,
de esperas inútiles
en donde se marchitaban
las yemas de los dedos
mientras mi alma se escogía.
La maleza ensucia de mentiras lo que oculta
y me hunde cual pantano
en fango ponzoñoso.

15 Fragmento de Epitafio Por Fanny Jem Wong
EPITAFIO POR  FANNY JEM WONG

Mi alma canta moribunda
sin que me crean
Hoy es noche de concierto
– Vida mía, no luzco de gala
Ni los rizos que tanto amaste
están dorados,
se vuelven blancos
y mi piel morada, muy morada.

16 Fragmento de Epitafio Por Fanny Jem Wong
EPITAFIO POR  FANNY JEM WONG

Me ahogo en mis penas,
desolado veneno amargo
que crece y me mata de a pocos.
El concierto de lamentos
rompe los cristales,
mis azules pensamientos
golpean tu puerta
y las ventanas se empañan
sudando sangre negra.

17 Fragmento de Epitafio Por Fanny Jem Wong
Tengo amores por miles,
caricias todas
pero nada me alcanza ,
solo tu amor nefasto,
odiosa fealdad que me hace
prisionera de mis verdades.

18 Fragmento de Epitafio Por Fanny Jem Wong
EPITAFIO POR  FANNY JEM WONG

La sangre fluye rabiosa
sobre la estola de las ausencias
Llevo los zapatos gastados
por las rocas del viejo camino.
Ni siquiera tengo el consuelo
de mis antiguos laberintos,
una fuerte roca partió hace mucho
todos mis espejos,
solo una manta repleta
de azules penas cubren del frío.

19 Fragmento de Epitafio Por Fanny Jem Wong
¡Oh, malditos dioses duermen sobre sus glorias!
Mis huesos crispan,
se destrozan hasta el mismo tuétano
Malditos dioses que retozan
sobre sus nubes y no miran.
¡Mírenme beber mi propia sangre!
y morderme las entrañas….
Rían jubilosos ante mi degradación,
miren mis ojos perdidos
miren mi fealdad, tembloroso mi pecho,
muerte tangible acercándose al cuerpo.

20 Fragmento de Epitafio Por Fanny Jem Wong
EPITAFIO POR  FANNY JEM WONG

No necesito la protección
de quienes nunca me amaron.
Ni proyectar mi rabia contra nadie,
que no sea yo misma.
Hasta que pueda descansar
sobre la tierra húmeda.

21 Fragmento de Epitafio Por Fanny Jem Wong
EPITAFIO POR  FANNY JEM WONG

Hoy solo quiero dejar de ser cobarde
y partir amor
porque solo se muere una vez
y no será contigo…no será contigo…
Jem Wong
26.07.05
(Jemwong)
Reeditado en el 2010

JULIO CÉSAR MEDITA SOBRE EL TIEMPO POR MARCO MARTOS

Algunos sabrán que Cayo Julio César nació en Roma,
que fue pontífice y cónsul varios años,
que venció en la guerra de las Galias,
que derrotó a Pompeyo en la batalla de Farsalia,
otros no sabrán nada de mi historia,
pero todos conocerán desde la época de párvulos

JULIO CÉSAR MEDITA SOBRE EL TIEMPO POR MARCO MARTOS_副本
JULIO CÉSAR MEDITA SOBRE EL TIEMPO POR MARCO MARTOS

JULIO CÉSAR MEDITA SOBRE EL TIEMPO
POR MARCO MARTOS

Para medir el tiempo sin problemas,
acude a los astros y a sus luces,
ingresa en la noche de tinieblas
y distingue la claridad
en el centro de lo oscuro.
Mira cómo los gallos cantan
y acomodan sus cloqueos
en el amanecer del día,
adelantan sus decires en el verano
y esperan la lechosa luz
en el invierno lóbrego.
Sosígenes de Alejandría me ha explicado
que los planetas en un tiempo exacto
giran trescientos sesenticinco días y un cuarto
y que debemos en un recuento
añadir un día cada cuatro años,
y que a ese lapso ligeramente más largo,
habría que llamarlo bisiesto como norma.
Naturalmente acepto lo que el sabio dice,
y así mi nombre quedará ligado
al calendario de todos los humanos.
Algunos sabrán que Cayo Julio César nació en Roma,
que fue pontífice y cónsul varios años,
que venció en la guerra de las Galias,
que derrotó a Pompeyo en la batalla de Farsalia,
otros no sabrán nada de mi historia,
pero todos conocerán desde la época de párvulos
que el calendario que usan día a día,
el que mide el tiempo de su vida
y la llegada silenciosa de la muerte
fue entronizado por Cayo Julio César,
quien descubrió en Egipto a Sosígenes,
astronómo célebre que en las noches del desierto
lee la verdad de astros y planetas,
sus viajes en el espacio sideral,
durante las cuatro estaciones del año
que viven los humanos.