JAIME SABINES -ALGO SOBRE LA MUERTE DEL MAYOR SABINES

De los huesos también,
de la sal más entera de la sangre,
del ácido más fiel,
del alma más profunda y verdadera,
del alimento más entusiasmado,
del hígado y del llanto,
viene el oleaje tenso de la muerte,
el frío sudor de la esperanza,
y viene Dios riendo.

Caminan los libros a la hoguera.
Se levanta el telón: aparece el mar.

Algo sobre la muerte del mayor Jaime Sabines

PRIMERA PARTE

I

Déjame reposar,
aflojar los músculos del corazón
y poner a dormitar el alma
para poder hablar,
para poder recordar estos días,
los más largos del tiempo.

Convalecemos de la angustia apenas
y estamos débiles, asustadizos,
despertando dos o tres veces de nuestro escaso sueño
para verte en la noche y saber que respiras.
Necesitamos despertar para estar más despiertos
en esta pesadilla llena de gentes y de ruidos.

Tú eres el tronco invulnerable y nosotros las ramas,
por eso es que este hachazo nos sacude.
Nunca frente a tu muerte nos paramos
a pensar en la muerte,
ni te hemos visto nunca sino como la fuerza y la
alegría.
No lo sabemos bien, pero de pronto llega
un incesante aviso,
una escapada espada de la boca de Dios
que cae y cae y cae lentamente.
Y he aquí que temblamos de miedo,
que nos ahoga el llanto contenido,
que nos aprieta la garganta el miedo.

Nos echamos a andar y no paramos
de andar jamás, después de medianoche,
en ese pasillo del sanatorio silencioso
donde hay una enfermera despierta de ángel.
Esperar que murieras era morir despacio,
estar goteando del tubo de la muerte,
morir poco, a pedazos.

No ha habido hora más larga que cuando no
dormías,
ni túnel más espeso de horror y de miseria
que el que llenaban tus lamentos,
tu pobre cuerpo herido.

II

Del mar, también del mar,
de la tela del mar que nos envuelve,
de los golpes del mar y de su boca,
de su vagina obscura,
de su vómito,
de su pureza tétrica y profunda,
vienen la muerte, Dios, el aguacero
golpeando las persianas,
la noche, el viento.

De la tierra también,
de las raíces agudas de las casas,
del pie desnudo y sangrante de los árboles,
de algunas rocas viejas que no pueden moverse,
de lamentables charcos, ataúdes del agua,
de troncos derribados en que ahora duerme el rayo,
y de la yerba, que es la sombra de las ramas del cielo,
viene Dios, el manco de cien manos,
ciego de tantos ojos,
dulcísimo, impotente.
(Omniausente, lleno de amor,
el viejo sordo, sin hijos,
derrama su corazón en la copa de su vientre.)

De los huesos también,
de la sal más entera de la sangre,
del ácido más fiel,
del alma más profunda y verdadera,
del alimento más entusiasmado,
del hígado y del llanto,
viene el oleaje tenso de la muerte,
el frío sudor de la esperanza,
y viene Dios riendo.

Caminan los libros a la hoguera.
Se levanta el telón: aparece el mar.

(Yo no soy el autor del mar.)

III

Siete caídas sufrió el elote de mi mano
antes de que mi hambre lo encontrara,
siete veces mil veces he muerto
y estoy risueño como en el primer día.
Nadie dirá: no supo de la vida
más que los bueyes, ni menos que las golondrinas.
Yo siempre he sido el hombre, amigo fiel del perro,
hijo de Dios desmemoriado,
hermano del viento.
¡A la chingada las lágrimas!,dije,
y me puse a llorar
como se ponen a parir.
Estoy descalzo, me gusta pisar el agua y las piedras,
las mujeres, el tiempo,
me gusta pisar la yerba que crecerá sobre mi tumba
(si es que tengo una tumba algún día).
Me gusta mi rosal de cera
en el jardín que la noche visita.
Me gustan mis abuelos de Totomoste
y me gustan mis zapatos vacíos
esperándome como el día de mañana.
¡A la chingada la muerte!, dije,
sombra de mi sueño,
perversión de los ángeles,
y me entregué a morir
como una piedra al río,
como un disparo al vuelo de los pájaros.

IV

Vamos a hablar del Príncipe Cáncer,
Señor de los Pulmones, Varón de la Próstata,
que se divierte arrojando dardos
a los ovarios tersos, a las vaginas mustias,
a las ingles multitudinarias.

Mi padre tiene el ganglio más hermoso del cáncer
en la raíz del cuello, sobre la subclavia,
tubérculo del bueno de Dios,
ampolleta de la buena muerte,
y yo mando a la chingada a todos los soles del mundo.
El Señor Cáncer, El Señor Pendejo,
es sólo un instrumento en las manos obscuras
de los dulces personajes que hacen la vida.

En las cuatro gavetas del archivero de madera
guardo los nombres queridos,
la ropa de los fantasmas familiares,
las palabras que rondan
y mis pieles sucesivas.

También están los rostros de algunas mujeres
los ojos amados y solos
y el beso casto del coito.
Y de las gavetas salen mis hijos.
¡Bien haya la sombra del árbol
llegando a la tierra,
porque es la luz que llega!

V

De las nueve de la noche en adelante,
viendo televisión y conversando
estoy esperando la muerte de mi padre.
Desde hace tres meses, esperando.
En el trabajo y en la borrachera,
en la cama sin nadie y en el cuarto de niños,
en su dolor tan lleno y derramado,
su no dormir, su queja y su protesta,
en el tanque de oxígeno y las muelas
del día que amanece, buscando la esperanza.

Mirando su cadáver en los huesos
que es ahora mi padre,
e introduciendo agujas en las escasas venas,
tratando de meterle la vida, de soplarle
en la boca el aire…

(Me avergüenzo de mí hasta los pelos
por tratar de escribir estas cosas.
¡Maldito el que crea que esto es un poema!)

Quiero decir que no soy enfermero,
padrote de la muerte,
orador de panteones, alcahuete,
pinche de Dios, sacerdote de penas.
Quiero decir que a mí me sobre el aire…

VI

Te enterramos ayer.
Ayer te enterramos.
Te echamos tierra ayer.
Quedaste en la tierra ayer.
Estás rodeado de tierra
desde ayer.
Arriba y abajo y a los lados
por tus pies y por tu cabeza
está la tierra desde ayer.
Te metimos en la tierra,
te tapamos con tierra ayer.
Perteneces a la tierra
desde ayer.
Ayer te enterramos
en la tierra, ayer.

VII

Madre generosa
de todos los muertos,
madre tierra, madre,
vagina del frío,
brazos de intemperie,
regazo del viento,
nido de la noche,
madre de la muerte,
recógelo, abrígalo,
desnúdalo, tómalo,
guárdalo, acábalo.

VIII

No podrás morir.
Debajo de la tierra
no podrás morir.
Sin agua y sin aire
no podrás morir.
Sin azúcar, sin leche,
sin frijoles, sin carne,
sin harina, sin higos,
no podrás morir.
Sin mujer y sin hijos
no podrás morir.
Debajo de la vida
no podrás morir.
En tu tanque de tierra
no podrás morir.
En tu caja de muerto
no podrás morir.
En tus venas sin sangre
no podrás morir.
En tu pecho vacío
no podrás morir.
En tu boca sin fuego
no podrás morir.
En tus ojos sin nadie
no podrás morir.
En tu carne sin llanto
no podrás morir.
No podrás morir.
No podrás morir.
No podrás morir.
Enterramos tu traje,
tus zapatos, el cáncer;
no podrás morir.
Tu silencio enterramos.
Tu cuerpo con candados.
Tus canas finas,
tu dolor clausurado.
No podrás morir.

IX

Te fuiste no sé a dónde.
Te espera tu cuarto.
Mi mamá, Juan y Jorge
te estamos esperando.
Nos han dado abrazos
de condolencia, y recibimos
cartas, telegramas, noticias
de que te enterramos,
pero tu nieta más pequeña
te busca en el cuarto,
y todos, sin decirlo,
te estamos esperando.

X

Es un mal sueño largo,
una tonta película de espanto,
un túnel que no acaba
lleno de piedras y de charcos.
¡Qué tiempo éste, maldito,
que revuelve las horas y los años,
el sueño y la conciencia,
el ojo abierto y el morir despacio!

XI

Recién parido en el lecho de la muerte,
criatura de la paz, inmóvil, tierno,
recién niño del sol de rostro negro,
arrullado en la cuna del silencio,
mamando obscuridad, boca vacía,
ojo apagado, corazón desierto.

Pulmón sin aire, niño mío, viejo,
cielo enterrado y manantial aéreo
voy a volverme un llanto subterráneo
para echarte mis ojos en tu pecho.

XII

Morir es retirarse, hacerse a un lado,
ocultarse un momento, estarse quieto,
pasar el aire de una orilla a nado
y estar en todas partes en secreto.

Morir es olvidar, ser olvidado,
refugiarse desnudo en el discreto
calor de Dios, y en su cerrado
puño, crecer igual que un feto.

Morir es encenderse bocabajo
hacia el humo y el hueso y la caliza
y hacerse tierra y tierra con trabajo.

Apagarse es morir, lento y aprisa
tomar la eternidad como a destajo
y repartir el alma en la ceniza.

XIII

Padre mío, señor mío, hermano mío,
amigo de mi alma, tierno y fuerte,
saca tu cuerpo viejo, viejo mío,
saca tu cuerpo de la muerte.

Saca tu corazón igual que un río,
tu frente limpia en que aprendí a quererte,
tu brazo como un árbol en el frío
saca todo tu cuerpo de la muerte.

Amo tus canas, tu mentón austero,
tu boca firme y tu mirada abierta,
tu pecho vasto y sólido y certero.

Estoy llamando, tirándote la puerta.
Parece que yo soy el que me muero:
¡padre mío, despierta!

XIV

No se ha roto ese vaso en que bebiste,
ni la taza, ni el tubo, ni tu plato.
Ni se quemó la cama en que moriste,
ni sacrificamos un gato.

Te sobrevive todo. Todo existe
a pesar de tu muerte y de mi flato.
Parece que la vida nos embiste
igual que el cáncer sobre tu omóplato.

Te enterramos, te lloramos, te morimos,
te estás bien muerto y bien jodido y yermo
mientras pensamos en lo que no hicimos

y queremos tenerte aunque sea enfermo.
Nada de lo que fuiste, fuiste y fuimos
a no ser habitantes de tu infierno.

XV

Papá por treinta o por cuarenta años,
amigo de mi vida todo el tiempo,
protector de mi miedo, brazo mío,
palabra clara, corazón resuelto,

te has muerto cuando menos falta hacías,
cuando más falta me haces, padre, abuelo,
hijo y hermano mío, esponja de mi sangre,
pañuelo de mis ojos, almohada de mi sueño.

Te has muerto y me has matado un poco.
Porque no estás, ya no estaremos nunca
completos, en un sitio, de algún modo.

Algo le falta al mundo, y tú te has puesto
a empobrecerlo más, y a hacer a solas
tus gentes tristes y tu Dios contento.

XVI

(Noviembre 27)

¿Será posible que abras los ojos y nos veas
ahora?
¿Podrás oírnos?
¿Podrás sacar tus manos un momento?

Estamos a tu lado. Es nuestra fiesta,
tu cumpleaños, viejo.
Tu mujer y tus hijos, tus nueras y tus nietos
venimos a abrazarte, todos, viejo.
¡Tienes que estar oyendo!
No vayas a llorar como nosotros
porque tu muerte no es sino un pretexto
para llorar por todos,
por los que están viviendo.
Una pared caída nos separa,
sólo el cuerpo de Dios, sólo su cuerpo.

XVII

Me acostumbré a guardarte, a llevarte lo mismo
que lleva uno su brazo, su cuerpo, su cabeza.
No eras distinto a mí, ni eras lo mismo.
Eras, cuando estoy triste, mi tristeza.

Eras, cuando caía, eras mi abismo,
cuando me levantaba, mi fortaleza.
Eras brisa y sudor y cataclismo,
y eras el pan caliente sobre la mesa.

Amputado de ti, a medias hecho
hombre o sombra de ti, sólo tu hijo,
desmantelada el alma, abierto el pecho,

Ofrezco a tu dolor un crucifijo:
te doy un palo, una piedra, un helecho,
mis hijos y mis días, y me aflijo.

SEGUNDA PARTE

I

Mientras los niños crecen, tú, con todos los muertos,
poco a poco te acabas.
Yo te he ido mirando a través de las noches
por encima del mármol, en tu pequeña casa.
Un día ya sin ojos, sin nariz, sin orejas,
otro día sin garganta,
la piel sobre tu frente agrietándose, hundiéndose,
tronchando obscuramente el trigal de tus canas.
Todo tú sumergido en humedad y gases
haciendo tus desechos, tu desorden, tu alma,
cada vez más igual tu carne que tu traje,
más madera tus huesos y más huesos las tablas.
Tierra mojada donde había tu boca,
aire podrido, luz aniquilada,
el silencio tendido a todo tu tamaño
germinando burbujas bajo las hojas de agua.
(Flores dominicales a dos metros arriba
te quieren pasar besos y no te pasan nada.)

II

Mientras los niños crecen y las horas nos hablan
tú, subterráneamente, lentamente, te apagas.
Lumbre enterrada y sola, pabilo de la sombra,
veta de horror para el que te escarba.

¡Es tan fácil decirte “padre mío”
y es tan difícil encontrarte, larva
de Dios, semilla de esperanza!

Quiero llorar a veces, y no quiero
llorar porque me pasas
como un derrumbe, porque pasas
como un viento tremendo, como un escalofrío
debajo de las sábanas,
como un gusano lento a lo largo del alma.

¡Si sólo se pudiera decir: “papá, cebolla,
polvo, cansancio, nada, nada, nada”
!Si con un trago te tragara!
¡Si con este dolor te apuñalara!
¡Si con este desvelo de memorias
-herida abierta, vómito de sangre-
te agarrara la cara!

Yo sé que tú ni yo,
ni un par de valvas,
ni un becerro de cobre, ni unas alas

sosteniendo la muerte, ni la espuma
en que naufraga el mar, ni -no- las playas,
la arena, la sumisa piedra con viento y agua,
ni el árbol que es abuelo de su sombra,
ni nuestro sol, hijastro de sus ramas,
ni la fruta madura, incandescente,
ni la raíz de perlas y de escamas,
ni tío, ni tu chozno, ni tu hipo,
ni mi locura, y ni tus espaldas,
sabrán del tiempo obscuro que nos corre
desde las venas tibias a las canas.

(Tiempo vacío, ampolla de vinagre,
caracol recordando la resaca.)

He aquí que todo viene, todo pasa,
todo, todo se acaba.
¿Pero tú? ¿pero yo? ¿pero nosotros?
¿para qué levantamos la palabra?
¿de qué sirvió el amor?
¿cuál era la muralla
que detenía la muerte? ¿dónde estaba
el niño negro de tu guarda?

Ángeles degollados puse al pie de tu caja,
y te eché encima tierra, piedras, lágrimas,
para que ya no salgas, para que no salgas.

III

Sigue el mundo su paso, rueda el tiempo
y van y vienen máscaras.
Amanece el dolor un día tras otro,
nos rodeamos de amigos y fantasmas,
parece a veces que un alambre estira
la sangre, que una flor estalla,
que el corazón da frutas, y el cansancio
canta.

Embrocados, bebiendo en la mujer y el trago,
apostando a crecer como las plantas,
fijos, inmóviles, girando
en la invisible llama.
Y mientras tú, el fuerte, el generoso,
el limpio de mentiras y de infamias,
guerrero de la paz, juez de victorias
-cedro del Líbano, robledal de Chiapas-
te ocultas en la tierra, te remontas
a tu raíz obscura y desolada.

IV

Un año o dos o tres,
te da lo mismo.
¿Cuál reloj en la muerte?, ¿qué campana
incesante, silenciosa, llama y llama?
¿qué subterránea voz no pronunciada?
¿qué grito hundido, hundiéndose, infinito
de los dientes atrás, en la garganta
aérea, flotante, pare escamas?

¿Para esto vivir? ¿para sentir prestados
los brazos y las piernas y la cara,
arrendados al hoyo, entretenidos
los jugos en la cáscara?
¿para exprimir los ojos noche
a noche en el temblor obscuro de la cama,
remolino de quietas transparencias,
descendimiento de la náusea?

¿Para esto morir?
¿para inventar el alma,
el vestido de Dios, la eternidad, el agua
del aguacero de la muerte, la esperanza?
¿morir para pescar?
¿para atrapar con su red a la araña?

Estás sobre la playa de algodones
y tu marca de sombras sube y baja.

V

Mi madre sola, en su vejez hundida,
sin dolor y sin lástima,
herida de tu muerte y de tu vida.

Esto dejaste. Su pasión enhiesta,
su celo firme, su labor sombría.
Árbol frutal a un paso de la leña,
su curvo sueño que te resucita.
Esto dejaste. Esto dejaste y no querías.

Pasó el viento. Quedaron de la casa
el pozo abierto y la raíz en ruinas.
Y es en vano llorar. Y si golpeas
las paredes de Dios, y si te arrancas
el pelo o la camisa,
nadie te oye jamás, nadie te mira.
No vuelve nadie, nada. No retorna
el polvo de oro de la vida.

Déjame reposar JAIME SABINES

HOMENAJE AL PADRE "HISTORIA DE SABIOS POR FANNY JEM WONG"

“Envejecen los carros diversamente adornados de los reyes, envejece también el cuerpo del hombre; solo la virtud de los hombres justos no envejece”.

JULIO VÍCTOR WONG Y GIORGIO ROMILDO RAMOS WONG

“Envejecen los carros diversamente adornados de los reyes, envejece también el cuerpo del hombre; solo la virtud de los hombres justos no envejece”.

Dejo constancia que esta historia, está inspirada en un cuento de mitología China que mi padre alguna vez me leyó
A la memoria de mi amado abuelo Ricardo Wong León (Wong Lyón Angán) y a mí padre Julio Víctor Wong Espinoza (Wong Wu Yong)

FANNY JEM WONG
LIMA PERÜ
(Sin Fecha)

(Jemwong)

REQUIEM A MI PADRE POR FANNY JEM WONG

Al aire entre brumas, mi voz entre tumbas,
un ruiseñor canta triste muy despacio amor.
Hela su adolorido canto mis oídos,
y solo te oigo a ti señor
en las noches de penumbras,
con voz lastimera y terrible pesar.

JULIO VÍCTOR WONG Y ARTURO VÍCTOR MARCO MARIANO RAMOS WONG

REQUIEM A MI PADRE

Desearía engullirme
la luna y las estrellas,
recorrer tantos senderos
como algún día soñamos,
caminar por la alameda
entre árboles olvidados…

Hoy sin ti los veo sucios
y a mí como una rana oscura
que contiene osamenta,
carne verde, sangre seca,
células de sarnas, solitarias,
inhóspitas circunferencias.

Desearía abrirme el corazón
en la puerta de oro del cielo
o bajar al río del infierno
y quemar esta voz desesperada
presa en este frio mundo
ante esferas sin finales…

Recuerdos de amor eterno,
ardientes puñales
pulen las frescas carnes,
pero también son padre mío,
pétalos de rosas humanas
cayendo suaves con el aire.

En tus ojos hay amor una lejana mirada
en tu faz una leve y pálida sonrisa
no logro explicar tu ausencia
y en la mente retumban ríos
de preguntas embriagadas.
¿Quién se atreve a robarme el alma?
¿Por qué ruiseñor no cantas?

Desconsuelo es tu muerte,
desesperación, dolor que atraviesa,
roe, destroza, desgarra y pide sangre.
Vuelvo a caminar entre círculos inhóspitos,
entre espesas brumas, entre sombras oscuras
que son tumbas del alma helada.

Hablamos padre tantas veces de la muerte osada
¿Cómo podría no quedar petrificada?
¿Cómo podría no llorar?
Si debía limpiar tu cuerpo amado… aún tibio…
Estás muerto…. Muerto…pienso con frenesí
¿Cómo hacer para poder apartarme de ti?

Una tormenta de furia
azota mis cansinos huesos,
venzo el dolor, los miedos, voy…
te sigo en la alameda.

Avanzo sollozando ante círculos sin fin,
gotas ácidas de piedra me dicen
que las órbitas se me quiebran
yo las oigo…. yo las oigo…. yo las oigo….

Al aire entre brumas, mi voz entre tumbas,
un ruiseñor canta triste muy despacio amor.
Hela su adolorido canto mis oídos,
y solo te oigo a ti señor
en las noches de penumbras,
con voz lastimera y terrible pesar.

Una oscura y raída mano
levántese su afilada hacha
cortando las verdes hojas,
tu padre detuviste tu canto
los ruidos cesan, cerraron las puertas.

Me dirijo ciega hacia los círculos,
y las lágrimas escondo
en el rincón más lejano de mi alma
en nuestra casa, papá…papá
para hundirme en el silencio
¡Sola! ya no puedo detener el tiempo…

Ese tiempo que no es arena,
ese rayo de luz que pasa
y orquesta nuestra marcha…
pronto mis huesos secos te alcanzan.

Son los últimos caminos,
voy tras tu blanco ataúd…
con los pies en silencio, cansados,
con los ojos áridos cual desiertos.
entre brumas, un silbido
canta un cisne herido…

En caravana, hadas doradas,
alrededor mil pequeños duendecillos
rodean el frío lecho,
entre pétalos de flores
ojos negros ¡Ya no lloras! ¡Ya no sufres!
solo a Dios espera….

Dos enormes bolas de acero
son tus ojos que no brillan…
Ante las brasas ardientes en mil fuegos,
mi último beso padre mío
para después dejarte
bajo la loza fría…

A LA MEMORIA DE WONG WU YONG MI PADRE

JEM WONG
26.04.2005
REEDITADO Agosto 2011

Bienvenidos

Fanny Jem Wong Mi poesía soy yo.

FANNY JEM WONG VARIOS AÑOS 00 (20)
Fanny Jem Wong  Mi poesía soy yo

  

Bienvenidos>

 Fanny Jem Wong

 Mi poesia soy yo

 SEMBLANZA

Nací la ciudad de Lima, Perú un 29 de julio a las 3.45 pm. Tengo 40 años de edad. Magister en Psicología Educativa de la Universidad Nacional Mayor de San marcos.

Empece a escribir poesías y algunos cuentos desde muy niña. Siempre me sentí muy atraída por las letras pero

solo hace  cosa de un par de años  que descubrí la forma de poder darla a conocerla a través de la red .

Antes  de esto solo las dejaba en cualquier cajón olvidadas,las rompía  o se perdían …cosa que ahora lamento porque cada poema es único he irremplazable por las connotaciones emocionales que encierra como una expresión del alma y del arte.

Otras de las actividades a la que me dedico con profunda vocación  y que disfruto es la enseñanza universitaria.La experiencia en las aulas es algo maravilloso .

Espero que quienes lean mi poesía se sientan complacidos de acompañar mis letras

besos

FANNY JEM WONG MIÑÁN

MI POESÍA SOY YO

FANNY JEM WONG POETA PERUANA
FANNY JEM WONG POETA PERUANA

 

Estoy Buscándome…..Yo Soy

Rostro de luna de plata en fases violentas

Leona salvaje acosando la entrada de la cueva

Naturaleza emocional destrozando oscuras rocas

La que derrama leche sobre el pan  y despierta la gula

Sangre caliente pintando los muros más altos

Mirada altiva de un alma rebelde que nunca se esconde

Emoción y palabras que saltan y protestan con tinta de linfa

Descomunal bisonte corriendo por los verdes prados

Movimiento que todo quiebra bajo el pellejo desgarrado

Fuerza que destroza  dulcemente cartílagos y huesos.

Explosión que arrasa bosques y  enciende la paja

Manos  inquietas  que arrancan máscaras a su paso

Crepitar de hojas golpeadas por terribles vientos

Uñas desgarrando la piel de una espalda desnuda

Estrella juguetona saltando entre las grises nubes.

Coche de fuego que rueda entre las llamas

Rumor del parpadeo de mis largas pestañas

Sangre que golpea el cofre de los sesos

Lealtad que nunca debiera ponerse a prueba

Canto  solitario errante entre oscuros bosques.

Impulso que revienta las grandes olas encrespadas

Instante y eternidad en cada  furiosa embestida

Garras de una fiera que recorre el leño ardiente

Caminante entre las redes en donde agonizan cadáveres

Mar incandescente que despierta deseos escondidos.

Placer,  llanto, euforia, dolor, angustia y grito

Rumor del río, tormenta, huracán y tornado

Danza de unas caderas desesperadas

Mano certera e implacable que retumba y muele

Fuego que engulle, devora, arrasa y calcina.

Palabras y cuerpo  que se muestran  desnudos

Cabezas de meteoros que nunca  da tregua

Cantos de calma a  las tormentas de la muerte

Niña caprichosa, mujer de fuego que doblega

Acopio de cantos y risas del cisne que envuelve.

Dama de laberintos, espejos y eclipses

Desnudes de auroras, fornicar de estrellas

Verdades y llamados que nunca se tragan

Crepúsculos ardientes, amaneceres calientes

Trino de alboradas, mujer siempre amada.

Bostezo….sueño de Dios, al  viento elevando las alas

Sonrisas y carcajadas del demonio quemando las sienes.

Vendaval de valles de misterios infinitos

Laguna sagrada en donde se bañan  los huesos

Bestia que amamanta con leche caliente.

Alas de orquídeas clavándose en el pecho sangrante

Verdades que se gritan aunque la garganta queme

Locura que arrastra, domina y posee toda vereda

Mirada de frente, sin caretas, ni poses

Claridad en la mente, en las letras y en el vientre.

Verdad que se enfrenta a pesar de condenársele a muerte

Identidad real que siempre marcha de frente

Defensa de utopías, de sueños y quimeras

Suicida en potencia que lucha contra fantasmas

Realidad vestida de piel y huesos que sangran.

Ave herida y mutilada  al pie de poderosas columnas

Confusión de sentimientos batiéndose entre escombros

Laberintos oscuros por donde se me corre la vida

Un Rey, un duende, mil príncipes poetas cerca del puente

en donde contemplo como van muriendo todas las estrellas.

Certeza de que he de llegar al final del abismo

Verdad, siempre verdad que late, quema y arde

Intolerancia ante  la hipocresía y las falsedades

Vómitos de dolor frente los falsos prejuicios

Asco de ver  voluntades quebradas o dominadas.

Impalpables Humanos a los que se aman

Sentimientos ocultos afloran desde lo más profundo

Recuerdos que se alejan, te quieros que se pierden

Alondra herida, gorrión cantando versos mientras se muere

Herencia de poemas que se releen y el eco de una voz ausente.

Otoños que llegan y siempre se van sin verme

Lucha desesperada por conservar  la identidad

en un mundo lleno de cadáveres intermitentes

Letras que lloran sobre el blanco infinito

En donde perduraran mis versos como actos

de valor, templanza, señorío y dolor de muerte.

 ¡Yo soy Fanny Jem Wong!

JEM WONG

09.03.20005

Solo puedo creer en quien cree en mí…

La gente se arregla todos los días el cabello,

¿Por qué no el corazón?

Proverbio chino

CUANDO YO NO ESTÉ  QUEDARÁN MIS VERSOS. FANNY JEM WONG
CUANDO YO NO ESTÉ QUEDARÁN MIS VERSOS. FANNY JEM WONG

El Tablero De Mi Vida

Golpearé incansablemente el tablero de mi vida,
Levantaré nuevas murallas de piedras,
más oscuras y fuertes.
Cubriré de altas yerbas
todos los linderos que lleguen hacia mi puerta.
Romperé todo paisaje para que no se acerquen,
colocaré miles de rejas de hierro fuerte
y cadenas de fuego ardiente
porque el tiempo se me agota;
entre la nada se pierde.

Golpearé incansablemente el tablero de mi vida,
vida que tan sólo es un accidente,
mientras que de mi alma se escapa en un sollozo
y el corazón , desfallecido, muere.
Ahogaré todas mis ansias,
apagaré todos mis fuegos,
olvidaré todos mis sueños,
enterraré todo recuerdo,
muriéndome en mis pesadillas,
vistiéndome de tus ausencias,
cubriéndome el rostro con tinta negra y espesa.

Golpearé, incansablemente, el tablero de mi vida.
Desataré mil tempestades…
Destrozaré mi pecho
para arrancarme un estúpido corazón.
¿Por qué me traicionas y sientes?
Seré cadáver insepulcro
porque lo único que siempre invoqué fue la muerte
la cual sólo llega y se burla
gira, gira lenta , se sonríe, lanza su gran carcajada
dejándome en un lago de silencios…
sumergida en la profundidad
de un enorme espejo que me muestra
marchitas flores.

Golpearé, incansablemente, el tablero de mi vida.
Soy una fiera herida,
estoy sangrando de muerte.
Gimo, aúllo , grito…
Me muestras que mi mente está ausente.
No es coherente
cuando es el alma la que grita
por el dolor de no tenerte…
¡Maldita necesidad de amar!
¡Maldito cadáver insepulcro!
Deja, déjate de una vez morir completo
para perderte en la eternidad de los olvidos.
¿O es acaso que no entiendes?

Golpearé, incansablemente, el tablero de mi vida.
No quiero más deslumbramientos
ni cadenas que me aten a tus besos.
No quiero que crezcan los recuerdos.
Cómanme, mil pájaros negros de extramuros,
los ojos… para enceguecerme y no poder recorrerle.
Que reviente el tiempo en todos los relojes
entregada al frío de la muerte,
orillada ante los muros de la soledad.
Taparé, fuertemente, mis oídos.
Corazón, cállate, cállate.
No formes remolinos de plumas de oro.
El más alto silencio se eleva entre los muros.
Nunca escucharé un “nosotros”.

Golpearé, incansablemente, el tablero de mi vida.
No pediré migajas de pan.
No buscaré ninguna esperanza.
De sueños no se vive…
Apagaré de mi corazón, sus cantares de fuego.
Secaré sus ríos de palabras para que no fluya de mí… la pasión
que me calcina …el alma.
Vanamente sueñas, corazón de cristal.
Regresa a tu arquilla de sombras.
Aquí no hay pétalos ni flor.
Cúbrete, con blanca arena y si es con nieve… mejor.
Él… no existe; es sólo una efímera figura,
un espejismo, una sombra, una alucinación.
¡Despiértate, despiértate,
corazón longevo, no sueñes más!
¿Con qué derecho te atreves a soñar?

Golpearé, incansablemente, el tablero de mi vida.
Hoy escribiré a mi corazón su epitafio
sobre la loza fresca
de memorias palpitantes,
de recuerdos e imprevistos resplandores.
Colmaré todas mis inquietudes
entre oscuros fantasmas,
entre malditas y perversas violetas
cuyo aroma me regaló… un sueño.
¡Despierta ,despierta;
ya no sueñes con quimeras!

JEM WONG
15.01.2005

Si has construido un castillo en el aire, no has perdido el tiempo, es allí donde debería estar. Ahora debes construir los cimientos debajo de él.
George Bernard Shaw

SIEMPRE EN FAMILIA CON  MIS AMORES  : FABIANA , PAPÁ, ARTURITO , ARTURO GRANDE Y MI GIORGITO.
SIEMPRE EN FAMILIA CON MIS AMORES : FABIANA , PAPÁ, ARTURITO , ARTURO GRANDE Y MI GIORGITO.


 

REQUIEM A MI PADRE II

 Desearía engullirme las lunas

y contar todas las estrellas.

Recorriendo tantos senderos

juntos como algún día soñamos.

Caminamos la alameda

entre árboles  olvidados

hoy sin ti los veo sucios

y a mí como una rana oscura, vacía

Que contiene solo osamentas

carne verde y sangres secas

Soy células sarnas, solitarias

ante las inhóspitas circunferencias

Desearía abrir mi corazón

a la puerta de oro del cielo

o bajando al río del infierno

quemarme esta voz desesperada

Y presa en este seco mundo

ante las esferas sin finales

los recuerdos de amor eterno

ahora son mis más ardientes puñales

Pulen las frescas carnes,

pero también son padre

pétalos de rosas humanas

cayendo suaves tiernas con el aire.

En tus ojos hay amor

desde una lejana mirada

una leve y pálida sonrisa

que no logro su ausencia explicar.

Y en mi mente retumban

las preguntas embriagadas

¿Quién maldito se atreve a robarme el alma?

¿Por qué mi dorado ruiseñor ya no me canta?

Desconsuelo es tu muerte

la desesperación me atrapa

el dolor me atraviesa y roe

Me destroza, me desgarra y pide sangre

Vuelvo a caminar la vida

entre círculos inhóspitos,

entre las espesas  brumas,

entre la oscura  tumba del alma helada

Hablamos tantas veces

tantas de la muerte osada

¿Cómo podría entonces no quedar petrificada?

¿Cómo podría llorar? Si debía limpiar tu cuerpo.

Pero todavía siento

que eres mi amado tibio

y muerto pienso con frenesí

¡Como hacer para poder apartarme de ti!

Una tormenta de furia

azota mis cansinos huesos,

venzo el dolor y los miedos ,

Voy ya te sigo en la alameda padre mío.

Avanzo sollozando

ante los círculos sin fin
Y las gotas que me dicen,

las orbitas se te quiebran  yo las oigo .

Al aire entre brumas,

mi voz entre  tumbas.
sola escucho a un ruiseñor

que me canta triste muy despacio amor.

Hela el canto mis oídos,

sola te oigo a ti Señor
en las noches de penumbras,

con la voz lastimera del terrible pesar.

Una oscura y raída mano

levanto su afilada hacha

cortando tu verde hoja

Y tu padre amor no me cantas al oído.

Los ruidos cesaron

cerraron sus  puertas
me dirijo hacia los círculos,

y las lágrimas escondo en este rincón.

Más lejano de mi alma

en nuestra casa  papá

y me hundo en el silencio

Sola ya no puedo detener más el tiempo.

El tiempo no es arena

son rayos de luz que pasan

y orquestan nuestra marcha
pronto mis huesos secos ya te alcanzan.

Son los últimos caminos.
voy tras tu blanco ataúd

los pies en silencio y cansados
y con los ojos ya áridos cual desiertos.

Entre brumas y un silbido,
canta mi cisne herido
en caravana de hadas doradas,

 alrededor de mil pequeños duendecillos.

Rodean tu frío lecho,

lleno de pétalos de flores

ojos negros que no lloran,
ya no sufren solo a ti y a Dios esperan.

Como dos enormes bolas

de acero que no brillan.
ante las brasas ardientes

en mil fuegos yo te doy el último beso
para después dejarte en la loza fría…Padre Mío.

Jem Wong.

26.04.2005

  “DE MIS MANOS BROTARAN AMAPOLAS TAN ROJAS COMO LA SANGRE QUIZAS ASÍ CONSIGA QUE MIS VERSOS SEAN ETERNOS”

Fanny Jem Wong

CON MIS ENANOS Y ARTURO GRANDE.