Frases de Vygotsky

Originalmente publicado en Inclusión y calidad educativa:
Mucho podemos encontrar sobre su teoría pero ¿Cómo la podemos aplicar en clase? El ejemplo dado puede servirnos de guía para que nosotros mismos podamos innovar. View this document on Scribd Imagen: es.slideshare.net Imagen: cmapspublic.ihmc.us

Lev Vygotsky es una de las figuras más importantes de la psicología de la educación y el desarrollo

Sus ideas, reflejadas en su “teoría sociocultural”, se centran en cómo las personas somos aprendices activos, los individuos más expertos pueden proporcionarnos una ayuda muy valiosa para que acabemos construyendo nuestro propio aprendizaje y cómo el lenguaje es una herramienta básica que permite la transmisión de conocimiento.

La psicología cae en un callejón sin salida cuando analiza el pensamiento verbal en sus componentes, pensamiento y palabra, y los estudia aislados

Inclusión y calidad educativa

Mucho podemos encontrar sobre su teoría pero ¿Cómo la podemos aplicar en clase? El ejemplo dado puede servirnos de guía para que nosotros mismos podamos innovar.

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TEORÍAS DE LA PERSONALIDAD: CITAS DE ERICH FROMM Y CARL JUNG.

TEORÍAS DE LA PERSONALIDAD: CITAS DE ERICH FROMM Y CARL JUNG.

Erich Fromm fue uno de los principales pioneros en renovar la concepción del psicoanálisis, una vez este se asentó en Europa.

Fromm se oponía a la visión reduccionista del psicoanálisis que detallaba que el ser humano está condicionado por un conjunto de fuerzas inconscientes que no pueden ser controladas por nuestra voluntad consciente. Frente a esta oposición surgió el psicoanálisis humanista. A partir de entonces, Erich Fromm desarrolló sus teorías focalizadas en el psicoanálisis y en la crítica del mundo occidental.

Llegó a publicar más de treinta libros y se considera, hoy en día, uno de los psicólogos más bien valorados en la psicología.

FUENTE : https://www.psicologia-online.com/erich-fromm-biografia-teoria-y-libros-4445.html

Carl Jung
CARL JUNG

Carl Jung fue uno de los psicólogos más destacados de la historia. Su legado es una alquimia fascinante donde se traza un itinerario entre la psicología analítica, el inconsciente colectivo, la espiritualidad, el humanismo y la mitología. Para este pionero de la ciencia de lo onírico, comprender la psique suponía por encima de todo, revelar el Yo, hacer consciente lo inconsciente.

Cuando pronunciamos el nombre de Jung es común que al instante, nos vengan a la mente conceptos como los arquetipos, la sincronicidad o el ya citado inconsciente colectivo. Sin embargo, algo que descuidamos a menudo sobre estas notables figuras de la psicología del siglo XX es que por encima de todo, fueron grandes pensadores.

Carl Jung fue una figura muy destacable en este mismo aspecto. Casi al final de su vida, realizó una serie de reflexiones que a día de hoy nos resultan altamente inspiradoras. Para él la psicología era una herramienta básica para el ser humano. Es ese canal de autoconocimiento con la cual, entender el origen de nuestras sombras, de esos miedos vetadores que limitan la vida.

Las personas somos capaces de desencadenar las más terribles guerras y los conflictos más irracionales. Sin embargo, si lográramos conocer un poco más nuestra psique, y esas energías adheridas a nuestra arquitectura profunda, tendríamos según Jung, vidas más iluminadas, respetuosas y felices. Porque el conocimiento es revelación y es libertad.

FUENTE . https://lamenteesmaravillosa.com/carl-jung-biografia-del-padre-de-la-psicologia-profunda/

CITAS Y POEMAS DE JORGE LUIS BORGES

El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.

El amenazado

Es el amor. Tendré que cultarme o que huir. 
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz. 
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única. 
¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras, 
la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas, 
la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes, 
los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño? 
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo. 
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se 
levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz. 
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo. 
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles. 
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar. 
Ya los ejércitos me cercan, las hordas. 
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.) 
El nombre de una mujer me delata. 
Me duele una mujer en todo el cuerpo.

Ajedrez

I

En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.

En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra.
Como el otro, este juego es infinito.

II

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y de blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonía?

El Golem

Si (como afirma el griego en el Cratilo)
el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de ‘rosa’ está la rosa
y todo el Nilo en la palabra ‘Nilo’.

Y, hecho de consonantes y vocales,
habrá un terrible Nombre, que la esencia
cifre de Dios y que la Omnipotencia
guarde en letras y sílabas cabales.

Adán y las estrellas lo supieron
en el Jardín. La herrumbre del pecado
(dicen los cabalistas) lo ha borrado
y las generaciones lo perdieron.

Los artificios y el candor del hombre
no tienen fin. Sabemos que hubo un día
en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
en las vigilias de la judería.

No a la manera de otras que una vaga
sombra insinúan en la vaga historia,
aún está verde y viva la memoria
de Judá León, que era rabino en Praga.

Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dio a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,

la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
de las Letras, del Tiempo y del Espacio.

El simulacro alzó los soñolientos
párpados y vio formas y colores
que no entendió, perdidos en rumores
y ensayó temerosos movimientos.

Gradualmente se vio (como nosotros)
aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.

(El cabalista que ofició de numen
a la vasta criatura apodó Golem;
estas verdades las refiere Scholem
en un docto lugar de su volumen.)

El rabí le explicaba el universo
«esto es mi pie; esto el tuyo, esto la soga.»
y logró, al cabo de años, que el perverso
barriera bien o mal la sinagoga.

Tal vez hubo un error en la grafía
o en la articulación del Sacro Nombre;
a pesar de tan alta hechicería,
no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.

Sus ojos, menos de hombre que de perro
y harto menos de perro que de cosa,
seguían al rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.

Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
ya que a su paso el gato del rabino
se escondía. (Ese gato no está en Scholem
pero, a través del tiempo, lo adivino.)

Elevando a su Dios manos filiales,
las devociones de su Dios copiaba
o, estúpido y sonriente, se ahuecaba
en cóncavas zalemas orientales.

El rabí lo miraba con ternura
y con algún horror. ‘¿Cómo’ (se dijo)
‘pude engendrar este penoso hijo
y la inacción dejé, que es la cordura?’

‘¿Por qué di en agregar a la infinita
serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
madeja que en lo eterno se devana,
di otra causa, otro efecto y otra cuita?’

En la hora de angustia y de luz vaga,
en su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?

La moneda de hierro

Aquí está la moneda de hierro. Interroguemos
las dos contrarias caras que serán la respuesta
de la terca demanda que nadie no se ha hecho:
¿Por qué precisa un hombre que una mujer lo quiera?

Miremos. En el orbe superior se entretejan
el firmamento cuádruple que sostiene el diluvio
y las inalterables estrellas planetarias.
Adán, el joven padre, y el joven Paraíso.

La tarde y la mañana. Dios en cada criatura.
En ese laberinto puro está tu reflejo.
Arrojemos de nuevo la moneda de hierro
que es también un espejo magnífico. Su reverso
es nadie y nada y sombra y ceguera. Eso eres.
De hierro las dos caras labran un solo eco.
Tus manos y tu lengua son testigos infieles.
Dios es el inasible centro de la sortija.
No exalta ni condena. Obra mejor: olvida.
Maculado de infamia ¿por qué no han de quererte?
En la sombra del otro buscamos nuestra sombra;
en el cristal del otro, nuestro cristal recíproco.

El reloj de arena

Está bien que se mida con la dura
Sombra que una columna en el estío
Arroja o con el agua de aquel río
En que Heráclito vio nuestra locura

El tiempo, ya que al tiempo y al destino
Se parecen los dos: la imponderable
Sombra diurna y el curso irrevocable
Del agua que prosigue su camino.

Está bien, pero el tiempo en los desiertos
Otra substancia halló, suave y pesada,
Que parece haber sido imaginada
Para medir el tiempo de los muertos.

Surge así el alegórico instrumento
De los grabados de los diccionarios,
La pieza que los grises anticuarios
Relegarán al mundo ceniciento

Del alfil desparejo, de la espada
Inerme, del borroso telescopio,
Del sándalo mordido por el opio
Del polvo, del azar y de la nada.

¿Quién no se ha demorado ante el severo
Y tétrico instrumento que acompaña
En la diestra del dios a la guadaña
Y cuyas líneas repitió Durero?

Por el ápice abierto el cono inverso
Deja caer la cautelosa arena,
Oro gradual que se desprende y llena
El cóncavo cristal de su universo.

Hay un agrado en observar la arcana
Arena que resbala y que declina
Y, a punto de caer, se arremolina
Con una prisa que es del todo humana.

La arena de los ciclos es la misma
E infinita es la historia de la arena;
Así, bajo tus dichas o tu pena,
La invulnerable eternidad se abisma.

No se detiene nunca la caída
Yo me desangro, no el cristal. El rito
De decantar la arena es infinito
Y con la arena se nos va la vida.

En los minutos de la arena creo
Sentir el tiempo cósmico: la historia
Que encierra en sus espejos la memoria
O que ha disuelto el mágico Leteo.

El pilar de humo y el pilar de fuego,
Cartago y Roma y su apretada guerra,
Simón Mago, los siete pies de tierra
Que el rey sajón ofrece al rey noruego,

Todo lo arrastra y pierde este incansable
Hilo sutil de arena numerosa.
No he de salvarme yo, fortuita cosa
De tiempo, que es materia deleznable.

El enamorado

Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,
lámparas y la línea de Durero,
las nueve cifras y el cambiante cero,
debo fingir que existen esas cosas.

Debo fingir que en el pasado fueron
Persépolis y Roma y que una arena
sutil midió la suerte de la almena
que los siglos de hierro deshicieron.

Debo fingir las armas y la pira
de la epopeya y los pesados mares
que roen de la tierra los pilares.

Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Sólo tú eres. Tú, mi desventura
y mi ventura, inagotable y pura.

PENSAMIENTOS, FRASES CÉLEBRES, REFRANES, CITAS, POEMAS Y OTRAS CURIOSIDADES ILUSTRADAS.

PENSAMIENTOS, FRASES CÉLEBRES, REFRANES, CITAS, POEMAS Y OTRAS CURIOSIDADES ILUSTRADAS.

PENSAMIENTOS, FRASES CÉLEBRES, REFRANES, CITAS, POEMAS Y OTRAS CURIOSIDADES ILUSTRADAS.

PENSAMIENTOS, FRASES CÉLEBRES, REFRANES, CITAS, POEMAS Y OTRAS CURIOSIDADES ILUSTRADAS.

ELISABETH “SISSI”, Emperatriz de Austria 1837-1898

Así pasó estos años la emperatriz: nada más llegar a Austria, ya emprendía un nuevo viaje. El 16 de julio de 1898, Sissi se despidió de su esposo en Ischl, sería la última vez que Francisco José la vería con vida. Se dirigiría a Munich, luego a Alemania y por último a Suiza

 

ELISABETH “SISSI”, Emperatriz de Austria 1837-1898

La familia Wittelsbach

Los Wittelsbach fueron una de las familias más antiguas y poderosas de Alemania y de Europa, por siete siglos reinó en Baviera –territorio al sur de Alemania- ya sea como electores o como duques e incluso en la calidad de reyes. Como toda familia, vio nacer individuos inteligentes, valientes y poderosos, pero también su estirpe se caracterizó por dar al mundo los personajes más crueles, locos, ambiciosos y extravagantes que se tenga memoria.

Manteniendo la vieja costumbre germana de subdividir sus tierras y gracias a su abundante prole, esta familia se esparció por el sur de Alemania, formando ramas segundonas de la oficialmente reinante, de esta forma los condes palatinos de Zweinbrücken-Birkenfeld-Gelnhausen, se les concedió el titulo de Duques en Baviera en 1799 (no de Baviera, para no disminuir las atribuciones de la línea más antigua, cuyo jefe poseía entre sus títulos el de Duque de Baviera).

Para afianzar los lazos que deberían unir a las dos familias, el rey Maximiliano I, casó a una de sus hijas menores, de nombre Ludovica (habida de su segundo matrimonio con una princesa de Baden) con el duque Maximiliano José en Baviera (1808-1888), lo que permitió a la familia mejorar su condición económica y acercarse aún más a la corte bávara.

El matrimonio tuvo ocho hijos; Luis Guillermo, Elena, Elisabeth, Carlos Teodoro, María, Matilde, Sofía y Maximiliano; quienes emparentaron con la realeza y con la más alta aristocracia europea.
Retrato en grupo de los hijos e hijas de los Duques Max-Joseph y Ludovica en Baviera, según Stieler.

Sissi: de princesa romántica a emperatriz de Austria

Elisabeth Amalie Eugenie von Wittelsbach, conocida como Sissi en el entorno familiar, nació en Munich el 24 de diciembre de 1837, creció en el palacio de Munich y desde muy niña se caracterizo por su personalidad retraída, que casi no se podría llamar bonita, pero con un encanto peculiar, gusta de la naturaleza, especialmente de los animales y las caminatas en los bosques cercanos.
Retrato ecuestre de la Duquesa Elisabeth en Baviera, alias “Sissí”, ante el castillo de Possenhofen, propiedad de sus padres y lugar de su infancia y adolescencia despreocupada.

Si bien para la pequeña Sissi no estaba contemplado el matrimoniarla, ya que la familia por ahora tenía el anhelo de casar lo mejor posible a la mayor de las mujeres, que cariñosamente llaman Nené, y en vista de la soltería del joven emperador Francisco José de Austria, se trasladaron en 1853 a Ischl, Austria, para presentarla al monarca, que también era su primo, ya que su madre la archiduquesa Sofía era hermana de la duquesa Ludovica.
Retrato oficial del Emperador Francisco-José I de Austria (1830-1916), fechado en 1853.

Sin embargo, el emperador se encandila con la particular belleza y sencillez de la pequeña Sissi, ésta que no ha sido preparada, a diferencia de su hermana, para desenvolverse en una corte y menos aún imperial, se halla cohibida con tan real pretensión, pero de pronto todo esta resuelto, no será Nené la próxima Emperatriz, sino su pequeña hermana de 17 años, Sissi.

Elisabeth debe abandonar su querida Baviera y su familia, para trasladarse a vivir al Palacio Imperial de Viena, los novios contraerán matrimonio en esta ciudad el 24 de abril de 1857.
Retrato de Sofía Federica de Baviera (1805-1872), Archiduquesa de Austria y madre del Emperador Francisco-José I de Austria.

Su tía y suegra, la Archiduquesa Sofía, se convertirá en el peor calvario de la joven emperatriz, que deberá luchar contra el poder de la madre del monarca que ejerce una gran influencia en la corte y también en la vida del recién casado. Aunque Elisabeth no tiene ambiciones políticas, sino que al contrario prefiere hacer su vida en sus aposentos, alejada del protocolo y de la pompa imperial, debe enfrentarse a su suegra, que le exige conductas propias a tan alto rango.
Retrato oficial de Elisabeth “Sissí”, Emperatriz de Austria y Reina de Hungría (1837-1898).

Pero Elisabeth tiene una forma de aislarse, una forma que ni todo el aparataje imperial podría combatir, es más bien un secreto, un placer culposo; escribe versos a hurtadillas. Si bien es cierto que no son composiciones que vayan a quedar en la retina de la prosa mundial, le permiten abstraerse, abstraerse de la soledad, de los recuerdos, de la ausencia de su imperial esposo, del desprecio -ya declarado- de su suegra, le permiten viajar y alejarse de ese frío y fastuoso palacio. Sin embargo, hay versos que denotan lo atribulada de su alma, y que sí son buenos, como por ejemplo uno que comenzaba así: “hace mucho tiempo que he muerto ya…”

Otro de los pocos placeres que tiene Elisabeth es montar a caballo, lo hace con tal entusiasmo, que sólo podría compararse al placer que siente escribiendo versos. Corre por los bosques y prados, sus camaristas, que por supuesto le son impuestas por la archiduquesa Sofía, se escandalizaron de esta actitud, y llegará a ser, incluso, asunto de estado; pero será una pasión que la acompañará por largos años, hasta cuando las fuerzas se lo permitan.

Otro punto que siempre atormentó a la joven emperatriz fueron los hijos, de su primer embarazo tuvo a una niña que llevó el nombre de Sofía (1855), en honor a su abuela, pensando que de esta forma podría acercarse más a ella, pero el resultado fue que la archiduquesa tomó como suya a la pequeña criatura, provocando profundas depresiones en Sissi. Un año después, el 12 de julio de 1856, nacería la segunda hija del matrimonio imperial cuyo nombre, Gisela, se le dio en honor de una princesa de Baviera que se casó en el 955 con un príncipe pagano de Hungría de nombre Waik, que se convertiría al cristianismo y pasaría a la historia como Esteban I el santo.

Los acontecimientos políticos del imperio recomiendan al emperador que debe hacer un viaje por los territorios mas rebeldes a la dominación, estos son Lombardia-Véneto y Hungría, creyendo que la belleza y carisma de su joven esposa, podrían cautivar a los insurrectos, invita a ésta a un viaje a las posesiones al norte de Italia; Sissi acepta gustosa y sólo se siente triste porque deberá dejar a sus hijas al cuidado de su odiosa suegra.

Francisco-José I (1830-1916), Emperador de Austria y Rey de Hungría de 1848 a 1916.

Al regreso de Italia deben emprender el viaje a Hungría, pero esta vez, Elisabeth, se queja de los cuidados de la Archiduquesa Sofía, juzgados excesivos y agobiantes hacia sus nietas, por lo tanto pide a su esposo que las pequeñas princesas las puedan acompañar; Francisco José acepta.

De ese viaje Sissi retendrá dos recuerdos, uno es lo encantadores que les resultan los húngaros y su tierra, cariño que se hace reciproco; y la trágica muerte el 29 de mayo de 1857, de su hija mayor, la princesa Sofía de dos años de edad.

Obviamente este triste acontecimiento, provocará cada vez mas fricciones entre suegra y nuera, acentuado por el desprecio de la madre del emperador que siente hacia todo lo húngaro. No se sabe si Sissi movida por sus sentimientos de amor hacia Hungría o por revancha hacia la archiduquesa Sofía, se empeña en aprender todo lo que pueda del pueblo húngaro, empezando por su lengua e historia.

El 12 de julio de 1858, en el palacio de Laxenberg, Elisabeth da a luz al ansiado varón, que recibe el nombre de Rodolfo Franz Karl Joseph y sólo después de diez años tendría su última hija, la pequeña Valeria (1868).

Litografía de 1870, que representa a la Familia Imperial Austro-Húngara en los jardines del Palacio de Gödollo, en Hungría.

Hungría y los viajes de la emperatriz

retrato de la Emperatriz Elisabeth según Winterhalter, en 1865.

Elisabeth pasó a la historia por su encantadora belleza, por esa mirada profunda, escrutadora, por su personalidad tornadiza, en fin por sus un y mil atributos de su carácter y de su físico, pero pocos la describen con el profundo amor que sentía hacia su Hungría, ese país que fue para ella lo que nunca pudo ser Austria.

A su alero los nacionalistas de Hungría tuvieron una protectora, a su alero también llegó a ser el primer presidente del gobierno húngaro y posteriormente ministro de relaciones exteriores (1871-79) el conde Gyula Andrássy, revolucionario del 48, a quien la emperatriz llegó a considerar su único amigo.

El pueblo húngaro no reparó en obsequios y muestras de amor a su soberana, que les hablaba y entendía en su propia lengua, los hicieron coronar reyes de Hungría en 1867 y les regalaron el palacio de Gödöllö donde Sissi pasaría largas temporadas.

Hungría era el único nexo que tenia la emperatriz con la politica del imperio. Aunque ella nunca participó activamente en la toma de decisiones, siempre hacia ver sus puntos de vista a su esposo, observaciones que siempre tenían un tinte liberal, consecuencia de la corte y de la familia de la que provenía.

Pero una vez apartado del poder su amigo Andrássy, Sissi se alejó completamente del consejo imperial. Su hijo Rodolfo escribió alguna vez: hubo un tiempo en que la emperatriz, con fortuna o no, que eso no quiero discutirlo ahora, se ocupaba de los asuntos políticos, y los hablaba con el emperador, generalmente desde puntos de vista diametralmente opuestos a los de este. Aquellos tiempos han pasado. La emperatriz sólo se ocupa ahora de los deportes y por eso se ha extinguido aquella corriente de ideas liberales.

Una vez muerta su suegra en 1872, Elisabeth sintió un gran alivio, a pesar de que ya no tenía el mismo rencor que en los primeros años de convivencia, es más, estuvo acompañándola en su lecho de muerte hasta el último minuto.

Sus hijos mayores tampoco ya estaban para cuidados personales y se dedicó en cuerpo y alma a la pequeña Valeria. Pero la emperatriz desde hacia un tiempo se iba mostrando más y más inquieta, gustaba de los viajes, y su afición a montar no la había abandonado por nada.

Fotografía de Sissí aka Elisabeth, Emperatriz de Austria y Reina de Hungría en 1869.

Pero su perenne melancolía unida a cierta inquietud en el ánimo, hicieron que sus médicos le recomendasen hacer algún viaje a climas más templados. Ella obedeció y descubrió un mundo nuevo; literalmente. Primero fueron las costas de la isla griega de Corfú, después Italia y el Mediterráneo en general. Gustaba de viajar a esta reina, gustaba demasiado al parecer de la corte vienesa; pero Francisco José, que no veía nada extraño en estos viajes, la dejaba hacer.

Sin embargo estos se volvieron en un ir y venir constante, visitaba la familia en Baviera, en especial a su primo, el excéntrico rey Luis II, que profesaba hacia Sissi una devoción propia de alguien que construye palacios de ensueño en la punta de un cerro; de ahí se iba a Gödöllö, luego visita a su amiga, la reina de Rumania, con quien compartía su gusto por la literatura, después a Viena, después a Corfú, África, España, Italia, Francia, Suiza y un largo etcétera.

Retrato del Rey Luis II de Baviera, según Ferdinand von Piloty en 1865.

Sus viajes a Inglaterra eran de antología, ya que el protocolo le exigía visitar a la Reina Victoria, pero Sissi tan poco dada a las formalidades, se excusaba con cualquier pretexto; estas excentricidades muchas veces valieron más de un dolor de cabeza a los embajadores, que debían dar las explicaciones de las extravagancias de su soberana.

Retrato del Emperador Francisco-José I de Austria-Hungría, según F.X. Winterhalter.

Su maridito, como se firmaba en las cartas Francisco José, comenzó a notar esa perturbación en su mujer, junto con sus obsesión a montar y a las caminatas (en un día podía andar sin parar nueve horas, haciendo desfallecer a sus damas de compañía, que no soportaban tanto traqueteo).

Según consta en diarios personales de sus camaristas y en las cartas que la emperatriz mantenía con su esposo, el año de 1885 se podría decir que fue uno de los más productivos en cuanto a viajes, ya que ese año pasó cuatro semanas paseando por diversas islas griegas.

Sin embargo la vida que llevaba la emperatriz en un momento tenia que pasarle la cuenta al cuerpo, comenzó a sufrir de fuertes dolores de huesos y a sentir que las fuerzas ya no eran las de antes; por el mismo motivo comienza una serie de viajes terapéuticos a Holanda, viajes que se harán una costumbre. De esta forma Francisco José ve como, sea con el pretexto que sea, su mujer tiene que, irremediablemente…, viajar.

A la vez trata de relajar su hiperactividad y de mal humor se presenta en bailes y fiestas en aquellos tormentos que se han inventado para los reyes. En esa frase se puede apreciar lo tedioso que le resultaba la vida cortesana y las murmuraciones en Viena, que contadas veces al año veían en alguna actividad pública a su soberana.

La emperatriz y la muerte

Retrato de Elisabeth “Sissí”, Emperatriz de Austria-Hungría, según Georg Raab en 1879.

El poco tiempo que la emperatriz pasaba en Viena trajo como consecuencia que de la vida de sus hijos se enteraba por terceras personas. En 1875 asiste a la boda de su hija Gisela, quien contrajo nupcias con un príncipe de Baviera llamado Leopoldo.

De Rodolfo es poco, o casi nada, lo que sabe. El joven que tiene una vida independiente, vida que incluye una pequeña corte, es de carácter débil y de una endeblez psíquica notoria, incluso más tarde se tornaría enfermizo a causa de una enfermedad que padeció en 1886.

Sissi escucha y piensa en lo que dicen las gentes: los Habsburgos empezaron su poderío con un Rodolfo y con un Rodolfo lo terminarán. En más de una ocasión le dijo a su esposo, que él seria el penúltimo de los soberanos de Austria.

El príncipe heredero se casa en 1881 con la princesa Estefanía de Bélgica, y esto significa el fin definitivo de cualquier intento de acercamiento entre madre e hijo.

El periodo que comprende entre 1882 y 1885, la emperatriz lo dedica única y exclusivamente a viajar. Pero ese periodo de intranquilidad y desasosiego se rompe con una perturbadora noticia, su primo y amigo, el rey Luis II de Baviera ha muerto ahogado en un lago, dos días después de que lo depusieran y encerraban debido a su locura.

Este hecho la marcó fuertemente, ya que la manera en que murió el desgraciado monarca, parece advertirle que por sus venas corre la misma sangre esquizofrénica del difunto. Teme por sus nervios, teme por los hijos que tiene y principalmente teme por el futuro del imperio.

Hasta que los hechos toman ese rumbo indeseado, la muerte se presenta con más poder y más cercana aún. El 30 de enero de 1889 se suicida junto a su amante, Maria Vetsera, en su pabellón de caza de Mayerling, el príncipe Rodolfo a los 31 años de edad, dejando a una pequeña hija, Elisabeth Marie, de 5 años.

Elisabeth sufre como nunca, reniega contra todo e incluso contra sus creencias, pero al rato se arrepiente, sin embargo maldice el día que conoció a Francisco José. Se sumerge en una profunda depresión y se vestirá hasta el día de su muerte de un riguroso negro en señal de duelo.

La muerte de la emperatriz

Elisabeth, después de la muerte de su hijo, se embarca en uno de sus viajes más extensos, se va a ver las obras de su palacio en Corfú y desde ahí decide seguir a África, para pasar de vuelta a Italia y volver a Viena; pero su estado de ánimo, hace recomendable que busque tranquilidad, palabra que tiene verdadero sentido viajando. Es por ello que vuelve a viajar a Corfú y desde ahí a Egipto, donde pasa unos días de sosiego.
Mientras tanto, su hija menor Valeria contraía matrimonio en Ischl el 31 de julio de 1890 con el archiduque Francisco Salvador, un pariente de su padre. Esto deja a Elisabeth en verdadera libertad de acción, pues ya no tiene a nadie a su cuidado.

En 1892, vuelve a embarcarse; esta vez se dirige a las Baleares, pasando por Sicilia, y desde ahí a España, viaje que le hace pasar las navidades y por ende su cumpleaños en solitario. Desde Barcelona se va a Turín por la Riviera Francesa y desde ahí a Ginebra y luego a Terriet; es un andar sin rumbo fijo, es la busca de la tranquilidad, o quizás es la forma de huir de sus recuerdos.

Una de las alegrías de la emperatriz en este tiempo (que ya contaba con cincuenta y siete años) es el nacimiento de su primera bisnieta, hija de su nieta la princesa Augusta.

Así pasó estos años la emperatriz: nada más llegar a Austria, ya emprendía un nuevo viaje. El 16 de julio de 1898, Sissi se despidió de su esposo en Ischl, sería la última vez que Francisco José la vería con vida. Se dirigiría a Munich, luego a Alemania y por último a Suiza

El 9 de septiembre la emperatriz llegó a Ginebra y fue de visita a una finca de los barones de Rothschild, donde pasa el día, de regreso al hotel, mira extasiada la vista que tiene al hermoso lago.

El día 10 desea embarcarse hacia Caux y junto a su camarista, la condesa Sztáray, se dirigen al embarcadero; a la salida del hotel, un hombre se abalanza sobre ella haciéndola caer, el individuo huye, Sissi se pone de pie y todos corren a verla, pero ella calmadamente les dice que esta bien y que no se preocupen, se sube al vapor y al estar allí cae inconsciente. La emperatriz ni siquiera se percató, pero el hombre le había clavado acertadamente un estilete en el corazón, lo que provocó su muerte minutos más tarde.

El magnicida se llamaba Luigi Luccheni, un obrero de origen italiano y que, según sus propias declaraciones, lo hizo en pos de la lucha contra los ricos y poderosos. Luccheni era un anarquista que ya estaba fichado por la policía, pero que no se consideraba peligroso. Como en Suiza no existía la pena de muerte el hombre fue condenado a cadena perpétua, pero terminaría ahorcándose en 1910.

Texto de David S.D.M. “Elisabeth Sissí de Baviera”

 
 

PENSAMIENTOS, FRASES CÉLEBRES, REFRANES, CITAS, POEMAS Y OTRAS CURIOSIDADES ILUSTRADAS.

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