VALERIA, LA GENTIL, ESCRIBE HORACIO POR MARCO MARTOS

Ovidio, pobre Ovidio tan enamorado, lejos de Roma para siempre.
En este mundo de poetas y de gobernantes,
soy el único que te ha visto
como la suprema belleza de Roma.

VALERIA,  LA GENTIL,  ESCRIBE HORACIO POR MARCO MARTOS
VALERIA, LA GENTIL, ESCRIBE HORACIO POR MARCO MARTOS

VALERIA, LA GENTIL, ESCRIBE HORACIO POR MARCO MARTOS

Tú eres Valeria, la gentil,
que con delicados modales
cuidas los dineros del imperio.
Por tus manos pasan los talentos, los sestercios y los ases
que se pagan a los veteranos de Cayo Julio César y de Pompeyo
y los caudales que sirven al emperador Augusto
para convertir a Roma en la ciudad más hermosa
de todo el mundo conocido.
Cada uno de los que dependemos de tus gracias,
te adoramos y nos gustaría que fueses nuestra esposa.
Pero no es por tus habilidades crematísticas que te amo.
Mientras vivía Craso supo acumular dinero
y solo con sus arcas tuvo en vilo a todos los ciudadanos romanos,
y Cayo Julio César, quien debía tanto, acumuló tan ingente fortuna
que murió rico, merced a sus negocios con el trigo
y a los innumerables saqueos que realizó con sus huestes
en Hispania, Lusitania, y en las tierras de la Galia.
Verdad que donó numerosas propiedades al pueblo de Roma,
pero fue un pícaro encumbrado, todos lo sabemos.
Tú manejas con probidad los dineros de Roma,
y por eso, como tantos, también te alabo.
Por la finura de tus altivos gestos,
por el encanto de tu voz en las noches del invierno,
por la belleza de tus pequeños senos, firmes bajo las gasas,
por tus andares de reina, es que te deseo
y quiero permanecer contigo todos los días
que me asignen los dioses.
Mecenas está ensimismado, demasiado ocupado
en sus negocios propios y en darnos comodidad a sus protegidos,
Virgilio apenas mira a las muchachas,
no distingue esa suprema alegría de vivir,
salvo si se trata de Dido, a quien sin conocer,
idolatra con su pluma prodigiosa,
Ovidio, pobre Ovidio tan enamorado, lejos de Roma para siempre.
En este mundo de poetas y de gobernantes,
soy el único que te ha visto
como la suprema belleza de Roma.

MAG  PS   FANNY JEM WONG Y EL DR MARCO MARTOS EN EL HOMENAJE POR LOS 25 AÑOS DE CRÍTICO LITERARIO DEL DR CAMILO FERNÁNDEZ COZMAN -
MARCO MARTOS Y FANNY JEM WONG

VIRINGO POR MARCO MARTOS

Hay un perro sin pelo en la costa norte de Perú
que llaman viringo, perro chimo, perro chino.
Abunda en Sechura y los científicos lo han bautizado
como sechura canis. Todos esos nombres son verdaderos
y encierran cada uno sus secretos.
En 1422 el almirante Zheng He y sus compañeros
Zhou Man, Hong Bao, Zhou Wen y Yang Qing,
llegaron a la bahía de Paita, a Colán, a Sechura.
Viajaba por orden del emperador Zhu Di
con numerosa comitiva de concubinas y marineros.

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VIRINGO POR MARCO MARTOS

VIRINGO POR MARCO MARTOS

Hay un perro sin pelo en la costa norte de Perú
que llaman viringo, perro chimo, perro chino.
Abunda en Sechura y los científicos lo han bautizado
como sechura canis. Todos esos nombres son verdaderos
y encierran cada uno sus secretos.
En 1422 el almirante Zheng He y sus compañeros
Zhou Man, Hong Bao, Zhou Wen y Yang Qing,
llegaron a la bahía de Paita, a Colán, a Sechura.
Viajaba por orden del emperador Zhu Di
con numerosa comitiva de concubinas y marineros.
Venían con la orden expresa de tratar bien
a las gentes de los países distantes
y establecer relaciones de concordia con los gobiernos.
Pensaron volver pero nunca lo hicieron,
dejaron sus perros pelados que dan calor
a los ancianos en las noches del invierno,
algunas gallinas orientales de cuellos sin plumas
y vuelo muy pequeño, dejaron ungüentos,
hierbas medicinales, algunas palabras que repetimos.
La nostalgia de lo extraño los acompañó en su regreso.
Tuvieron tiempo para hacer cartas geográficas, mapas
de todos los mundos que fueron conociendo.
Esos conocimientos privados llegaron a los cartógrafos italianos,
a los estudiosos portugueses, a los geógrafos de España,
llegaron a Vasco de Gama, a Cristóbal Colón, a Magallanes.
Todavía permanece, gracias a la magia de la historia,
el emperador Zhu Di, en la ciudad prohibida que mandó construir
dentro de Beijin, en sus aposentos de invierno,
acariciando a su perro viringo, en medio de la nostalgia del tiempo