PIEL DE ARMIÑO POR FANNY JEM WONG

El abrigo se cae a pedazos, lo contemplo noche tras noche
frente a los espejo rotos, esta raído, colmado de agujeros negros
trato de no ver, de no escuchar.
Podría curarlo, zurcirlo, me repito a cada minuto,
podría saciar su hambre hasta que broten
nuevas mieles, sobre la piel que suspira.
Cuento las monedas que guardo en sus alforjas,
insuficientes para repararlo, existen prioridades.

FANNY JEM WONG - PIEL DE ARMIÑO  POEMA 2_副本PIEL DE ARMIÑO

El abrigo  se  cae a  pedazos, lo contemplo noche tras noche
frente a los  espejo rotos,  esta raído, colmado de agujeros negros
trato de no  ver, de no escuchar.
Podría curarlo, zurcirlo, me repito a cada minuto,
podría saciar su hambre hasta que broten
nuevas mieles,  sobre la piel que suspira.
Cuento las monedas  que guardo en sus alforjas,
insuficientes para repararlo, existen prioridades.
Qué más da  ¡Púdrete, maldito traje!
Después de todo, no  te llevaré  a ningún lado,
nunca fuiste a ningún lado, solo lo soñaste.
Muérete frente al espejo entre caricaturas extrañas.
Deja que tus huesos fracturados,  muestren  sus causas
e ingresa firme a las oscuras galerías del tiempo.
Baja los brazos, incéndiate bajo la hoguera,
camina descuidadamente  por las viejas  cornisas,
acepta la única verdad   que existe para la masa
solo eres   un número más  entre millones de monos desnudos
sin esperanza  , sin mañana , sin futuro.
 
FANNY JEM WONG
24-07-2014

ROMANCE PARA AQUEL HIJO QUE NO TUVE CONTIGO POR RAFAEL DE LEÓN

“¡Cuando tengamos un hijo!…”
Y en esas tardes de lluvia,
cuando mueves los bolillos,
y yo paso por tu calle
con mi pena y con mi libro
dices, temblando, entre dientes,
arropada en los visillos:
“¡Ay, si yo con ese hombre
hubiera tenido un hijo!…”

Giorgio Giussepi  (7)

ROMANCE PARA AQUEL HIJO QUE NO TUVE CONTIGO POR  RAFAEL DE LEÓN

Hubiera podido ser
hermoso como un jacinto
con tus ojos y tu boca
y tu piel color de trigo,
pero con un corazón
grande y loco como el mío.
Hubiera podido ir,
las tardes de los domingos,
de mi mano y de la tuya,
con su traje de marino,
luciendo un ancla en el brazo
y en la gorra un nombre antiguo.
Hubiera salido a ti
en lo dulce y en lo vivo,
en lo abierto de la risa
y en lo claro del instinto,
y a mí… tal vez que saliera
en lo triste y en lo lírico,
y en esta torpe manera
de verlo todo distinto.
¡Ay, qué cuarto con juguetes,
amor, hubiera tenido!
Tres caballos, dos espadas,
un carro verde de pino,
un tren con cuatro estaciones,
un barco, un pájaro, un nido,
y cien soldados de plomo,
de plata y oro vestidos.
¡Ay, qué cuarto con juguetes,
amor, hubiera tenido!
¿Te acuerdas de aquella tarde,
bajo el verde de los pinos,
que me dijiste: — ¡Qué gloria
cuando tengamos un hijo!?
Y temblaba tu cintura
como un palomo cautivo,
y nueve lunas de sombra
brillaban en tu delirio.
Yo te escuchaba, distante,
entre mis versos perdidos,
pero sentí por la espalda
correr un escalofrío…
Y repetí como un eco:
“¡Cuando tengamos un hijo!…”
Tú, entre sueños, ya cantabas
nanas de sierra y tomillo,
e ibas lavando pañales
por las orillas de un río.
Yo, arquitecto de ilusiones
levantaba en equilibrio
una torre de esperanzas
con un balcón de suspiros.
¡Ay, qué gloria, amor, qué gloria
cuando tengamos un hijo!
En tu cómoda de cedro
nuestro ajuar se quedó frío,
entre azucena y manzana,
entre romero y membrillo.
¡Qué pálidos los encajes,
qué sin gracia los vestidos,
qué sin olor los pañuelos
y qué sin sangre el cariño!
Tu velo blanco de novia,
por tu olvido y por mi olvido,
fue un camino de Santiago,
doloroso y amarillo.
Tú te has casado con otro,
yo con otra hice lo mismo;
juramentos y palabras
están secos y marchitos
en un antiguo almanaque
sin sábados ni domingos.
Ahora bajas al paseo,
rodeada de tus hijos,
dando el brazo a… la levita
que se pone tu marido.
Te llaman doña Manuela,
llevas guantes y abanico,
y tres papadas te cortan
en la garganta el suspiro.
Nos saludamos de lejos,
como dos desconocidos;
tu marido sube y baja
la chistera; yo me inclino,
y tú sonríes sin gana,
de un modo triste y ridículo.
Pero yo no me doy cuenta
de que hemos envejecido,
porque te sigo queriendo
igual o más que al principio.
Y te veo como entonces,
con tu cintura de lirio,
un jazmín entre los dientes,
de color como el del trigo
y aquella voz que decía:
“¡Cuando tengamos un hijo!…”
Y en esas tardes de lluvia,
cuando mueves los bolillos,
y yo paso por tu calle
con mi pena y con mi libro
dices, temblando, entre dientes,
arropada en los visillos:
“¡Ay, si yo con ese hombre
hubiera tenido un hijo!…”

BÚHOS Y LECHUZAS POR FANNY JEM WONG

Caminas vida mía entre avenidas y callejones oscuros
en donde las tardes de poesías se transformaron en silencios
Más el corazón añoraba un -¡Hola!
-¿Qué dice la princesa?
Nunca soñaste un nosotros, solo fundamentos de sombras

BÚHOS Y LECHUZAS POR FANNY JEM WONG

Por FANNY JEM WONG – 27 de Abril, 2010, 11:22, Categoría: BILIS NEGRA

Monday, April 26, 2010


De TÚ MI AGONÍA POR FANNY JEM WONG


BÚHOS Y LECHUZAS

Dime amor, de qué te valió saber que existía
si solo te perdiste fantasmal entre corredores de ausencias
Sabías bien, que escuchaba cantos peligrosos
y entre arboles extraños se escondían viles miserias

En donde búhos y lechuzas eran peores que fieras
Y la fría piedra se pulía entre aguas inquietas
Más solo partiste cantando penas y lamentos
entre muros agrietados teñidos de sangre y miserias

Caminas vida mía entre avenidas y callejones oscuros
en donde las tardes de poesías se transformaron en silencios
Más el corazón añoraba un -¡Hola!
-¿Qué dice la princesa?
Nunca soñaste un nosotros, solo fundamentos de sombras

Negaste que fuera el dulce paisaje en donde recrearas tus versos,
Más releyéndolos te espere por las tardes sin escuchar tus cantos
Escribiendo en añil locuras de espantos, deshidratándose el alma
un frío fantasma comió y bebió sales y carnes

Deje de ser entonces en tu jardín flor inmaculada
Ensuciándome los pétalos de miserias del Mar de los muertos
Me perdí en otros cantos de otoño seducida por infiernos
en dónde sabes amor ,nunca deje de ser paisaje solitario

Una vida sin vos, son mis laberintos de espantos
sumergida en extrañas danzas de pasiones negadas
donde el amor nunca fue sacramento, menos voto sagrado
Me perdí, en las hostiles arenas del viejo cementerio

Caminando voy por calles tortuosas de dolor infinito
Escuchando cantos mentirosos que me preñan a su antojo
Suspendidos los sueños, huellas que nadie reconoce
Una piedra niega ser el alma que me penetra las rocas

Fanny Jem Wong
10.07.05

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