ECOS POR FANNY JEM WONG

Apaga la estúpida sonrisa de la vieja Luna, encrespa los mares
Que la tierra entera tiemble frente a los ecos de tus cantos
Y se apaguen las sonrisas de los farsantes y los mentirosos
Vence los misterios del tiempo que lo destruye todo

Elévate por encima del común de los hombres
Que no mueran los ecos de tu poesía Hija Del Fuego

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ECOS POR FANNY JEM WONG

Por FANNY JEM WONG – 7 de Enero, 2010, 23:03, Categoría: DOLOR, DESOLACIÓN, TRISTEZA

De FANNY JEM WONG EN EL MES DE MI CUMPLEAÑOS JULIO DEL 2009

 

ECOS

Si los ecos hubieran sido escuchados quizás entenderían
La verdad es solo una,no existen verdades a medias
Nadie ama la mitad, ni tiene medio orgasmo, ni media muerte
Nadie es media mujer, medio hombre o medio ser humano.

Si los ecos hubieran sido tan solo por una vez descifrados
Entenderían este dolor que flagela y asesina mi alma.
Condenada estoy por voluntad al país de los silencios
En donde la frialdad y la duda nunca más podrán dañarme.

Siglos se abren de incertidumbres frente a las cuencas vacías
El invierno cubre de nieve las palabras nunca pronunciadas
Inútilmente he amado solo sueños que nunca tuvieron rumbo
Cautiva entre las dimensiones de mis propios infiernos.

Una sombra suspendida soñando con reyes, duendes, torres y castillos
Un reino de magníficos espejos y miles de corredores secretos
Pabellones estrechos, cientos de puertas pesadas
Por donde transitaron aguas oscuras de melancolías.

Las luces brillantes que me atraen, fueron solo espejismos
Destrozando los vidrios de la casa del alma que guardaban los sueños
Y los muros uno a uno sucumbieron ante realidades que aplastan.
¡No dejaré que destruyan mi Reino! ¡Pintaré sus muros de recuerdos!

De sueños quizás de cristal de bohemia en invencibles espejos
¡Diosa de fuego! ¡Diosa de los espejos! ¡Diosa de las mil perlas!
Levántate orgullosa, pronuncia descomunalmente tus cantos
Ensordece a los ríos, haz remecer la cimiente de las montañas.

Apaga la estúpida sonrisa de la vieja Luna, encrespa los mares
Que la tierra entera tiemble frente a los ecos de tus cantos
Y se apaguen las sonrisas de los farsantes y los mentirosos
Vence los misterios del tiempo que lo destruye todo.

Elévate por encima del común de los hombres
Que no mueran los ecos de tu poesía Hija Del Fuego.

FANNY JEM WONG
Mi poesía soy yo
LIMA PERÚ

A quienes he amado eternice en el tiempo.
JEM WONG

(Jemwong)

CONTADORWAP

EROSIÓN POR FANNY JEM WONG

Mantos de ébano en donde nacen profundos ríos rojos
Versos que arden intensos como carbones escarlatas
Transfigurados en el tiempo caminan los negros verdugos
Colgándose bajo el viejo puente las hembras y los machos

EROSIÓN POR FANNY JEM WONG

Por FANNY JEM WONG – 7 de Enero, 2010, 22:56, Categoría: DOLOR, DESOLACIÓN, TRISTEZA

Wednesday, January 06, 2010

EROSIÓN POR FANNY JEM WONG

De TÚ MI AGONÍA POR FANNY JEM WONG


EROSIÓN

Mantos de ébano en donde nacen profundos ríos rojos
Versos que arden intensos como carbones escarlatas
Transfigurados en el tiempo caminan los negros verdugos
Colgándose bajo el viejo puente las hembras y los machos

Sacuden de polvo y paja, las pardas y raídas vestiduras
Dibujándose en las verdes aguas, rostros de ausencias
Transeúntes de pesadillas montados sobre fieras bestias
Largas cortinas de sedas, desgarrándose sobre la almohada

Silenciosa dama, tu morada esta en las verdes colinas
¿Qué haces llorando sobre los jades jaspeados?
La amarga y ácida cascada que mana de tu diáfana mirada
Por la erosión perderá para siempre sus inmensos brillos

En la profundidad de las pupilas un rostro amorfo se asoma
Tejiendo entre los dedos cantos extraños a las penas
Piensa en cómo detesta las ruinas que observa a lo lejos
Deshonrado y cabizbajo parte el Dios de los Sueños

Deseoso de pintar en el éter fastuosos episodios turquesas
No supo cuidar la tierra en la que él mismo se entregaba a los sueños
Entre las manos lleva los trozos del noble músculo
Que ya no late.Que yace muerto

Los cuervos finalmente gritan preparando nuevos nidos

JEM WONG
20.12.05

Las manos están tan húmedas
que manchan de espesa tinta roja las hojas
JEM WONG
CONTADORWAP

CULTO A LA MUERTE POR FANNY JEM WONG

No se contengan

empiecen por sus manos

Hasta el hartazgo,

saboreen médula y linfa.

Giren… Giren… Giren…

Eros y Thánatos

¡Divídanse!

¡Divídanse!

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CULTO A LA MUERTE

Resuenan  las cuerdas

en gélidos gemidos.

El cielo llora,

estrellas muertas…

Danza frenética,

velos negros,

Vaporosa cubierta….

Gira…. Gira…Gira…

Ajusta  el fino cuello

de golpe, sin aviso.

En líneas de entrañas

y geometría perfecta,

Ármense los lazos,

concluyan  su tiempo…

Lo eterno es efímero…

Nada es…nada existe.

Rojos demonios

observen complacidos.

Voces infernales

aúllen intensas…

Hasta desangrarme,

revivan voces del pasado

La hora a llegado,

lo escrito no ha de cambiar

Levántense furiosas…

Marquen fronteras.

Cieguen las luces,

eleven  los muros.

Vistan de linfa  y brea espesa

las imponentes escaleras.

Dibujen el antiguo

y fastuoso Coliseo

Miserables bestias

disfruten del banquete

No  se contengan

empiecen por sus manos

Hasta el hartazgo,

saboreen  médula  y linfa.

Giren… Giren… Giren…

Eros y Thánatos

¡Divídanse!

¡Divídanse!

FANNY JEM WONG

LIMA PERU

13-11-2009



“Andamios temblorosos

Burbujas rojas

Pasos de plomo “

JEM

CONTADORWAP


Extracción de la piedra de la locura POR ALEJANDRA PIZARNIK

Los ausentes soplan y la noche es densa. La noche

tiene el color de los párpados del muerto.

Toda la noche hago la noche. Toda la noche escribo.

Palabra por palabra yo escribo la noche.

ALEJANDRA PIZARNIK

Extracción de la piedra de la locura

Cantora nocturna

Joe, macht die Musik von damals nacht…

La que murió de su vestido azul está cantando. Canta imbuida de muerte al sol de su ebriedad. Adentro de su canción hay un vestido azul, hay un caballo blanco, hay un corazón verde tatuado con los ecos de los latidos de su corazón muerto. Expuesta a todas las perdiciones, ella canta junto a una niña extraviada que es ella: su amuleto de la buena suerte. Y a pesar de la niebla verde en los labios y del frío gris en los ojos, su voz corroe la distancia que se abre entre la sed y la mano que busca el vaso. Ella canta.

a Olga Orozco

Vértigos o contemplación de algo que termina

Esta lila se deshoja.

Desde sí misma cae

y oculta su antigua sombra.

He de morir de cosas así

Privilegio

I

Ya perdido el nombre que me llamaba,

su rostro rueda por mí

como el sonido del agua en la noche,

del agua cayendo en el agua.

Y es su sonrisa la última sobreviviente,

no mi memoria

II


El más hermoso

en la noche de los que se van,

oh deseado,

es sin fin tu no volver,

sombra tú hasta el día de los días

Nuit du Coeur

Otoño en el azul de un muro: sé amparo de las pequeñas muertas.

Cada noche, en la duración de un grito, viene una sombra nueva. A solas danza la misteriosa autónoma. Comparto su miedo de animal muy joven en la primera noche de las cacerías.

Fragmentos para dominar al silencio

I

Las fuerzas del lenguaje son las damas solitarias, desoladas, que cantan a través de mi voz que escucho a lo lejos. Y lejos, en la negra arena, yace una niña densa de música ancestral. ¿Dónde la verdadera muerte? He querido iluminarme a la luz de mi falta de luz. Los ramos se mueren en la memoria. La yacente anida en mí con su máscara de loba. La que no pudo más e imploró llamas y ardimos.

II

Cuando a la casa del lenguaje se le vuela el tejado y las palabras no guarecen, yo hablo.

Las damas de rojo se extraviaron dentro de sus máscaras aunque regresarán para sollozar entre flores.

No es muda la muerte. Escucho el canto de los enlutados sellas las hendiduras del silencio. Escucho tu dulcísimo llanto florecer mi silencio gris.

III

La muerte ha restituido al silencio su prestigio hechizante. Y yo no diré mi poema y yo he de decirlo. Aun si el poema (aquí, ahora) no tiene sentido, no tiene destino.

Sortilegios

Y las damas vestidas de rojo para mi dolor y con mi dolor insumidas en mi soplo, agazapadas como fetos de escorpiones en el lado más interno de mi nuca, las madres de rojo que me aspiran el único calor que me doy con mi corazón que apenas pudo nunca latir, a mí que siempre tuve que aprender sola cómo se hace para beber y comer y respirar y a mí que nadie me enseño a llorar y nadie me enseñara ni siquiera las grandes damas adheridas a la entretela de mi respiración con babas rojizas y velos flotantes de sangre, mi sangre, la mía sola, la que yo me procuré y ahora vienen a beber de mí luego de haber matado al rey que flota en el río y mueve los ojos y sonríe pero está muerto y cuando alguien está muerto, muerto está por más que sonría y las grandes, las trágicas damas de rojo han matado al que se va río abajo y yo me quedo como rehén en perpetua posesión.

Un sueño donde el silencio es de oro

El perro del invierno dentella mi sonrisa. Fue en el puente. Yo estaba desnuda y llevaba un sombrero con flores y arrastraba mi cadáver también desnudo y con un sombrero de hojas secas.

He tenido mucho amores -dije- pero el más hermoso fue mi amor por los espejos.

Estar

Vigilas desde este cuarto

donde la sombra temible es la tuya.

No hay silencio aquí

sino frases que evitas oír.

Signos en los muros

narran la bella lejanía.

(Haz que no muera

sin volver a verte.)

Las promesas de la música

Detrás de un muro blanco la variedad del arco iris. La muñeca en su jaula está haciendo el otoño. Es el despertar a las ofrendas. Un jardín recién creado, un llanto detrás de la música. Y que suene siempre, así nadie asistirá al movimiento del nacimiento, a la mímica de las ofrendas, al discurso de aquella que soy anudada a este silenciosa que también soy. Y que de mí no que demás que la alegría de quien pidió entrar y le fue concedido. Es la música, es la muerte, lo que yo quise decir en las noches variadas como los colores del bosque.

Continuidad

No nombrar las cosas por sus nombres. Las cosas tienen bordes dentados, vegetación lujuriosa. Pero quién habla en la habitación llena de ojos. Quién dentellea con una boca de papel. Nombres que vienen, sombras con máscaras. Cúrame del vacío –dije. (La luz se amaba en mi oscuridad. Supe que ya no había cuando me encontré diciendo: soy yo.) Cúrame –dije.

Como agua sobre una piedra

a quien retorna en busca de su antiguo buscar

la noche se le cierra como agua sobre una piedra

como aire sobre un pájaro

como se cierran dos cuerpos al amarse

Extracción de la piedra de la locura

Elles, les âmes (…), sont malades et elles souffrent et nul ne leur porte remède; elles sont blessées et brisés et nul ne les panse.

Ruysbroeck

La luz mala se ha avecinado y nada es cierto. Y si pienso en todo lo que leí acerca del espíritu… Cerré los ojos, vi cuerpos luminosos que giraban en la niebla, en el lugar de las ambiguas vecindades. No temas, nada te sobrevendrá, ya no hay violadores de tumbas. El silencio, el silencio siempre, las monedas de oro del sueño.

Hablo como en mí se habla. No mi voz obstinada en parecer una voz humana sino la otra que atestigua que no he cesado de morar en el bosque.

Si vieras a la que sin ti duerme en un jardín en ruinas en la memoria. Allí yo, ebria de mil muertes, hablo de mí conmigo sólo por saber si es verdad que estoy debajo de la hierba. No sé los nombres. ¿A quién le dirás que no sabes? Te deseas otra. La otra que eres se desea otra. ¿Qué pasa en la verde alameda? Pasa que no es verde y ni siquiera hay una alameda. Y ahora juegas a ser esclava para ocultar tu corona ¿otorgada por quién?, ¿quién te a ungido?, ¿quién te ha consagrado? El invisible pueblo de la memoria más vieja. Perdida por propio designio, has renunciado a tu reino por las cenizas. Quien te hace doler te recuerda antiguos homenajes. No obstante, lloras funestamente y evocas tu locura y hasta quisieras extraerla de ti como si fuese una piedra, a ella, tu solo privilegio. En un muro blanco dibujas las alegorías del reposo, y es siempre una reina loca que yace bajo la luna sobre la triste hierba del viejo jardín. Pero no hables de los jardines, no hables de la luna, no hables de la rosa, no hables del mar. Habla de lo que sabes. Habla de lo que vibra en tu médula y hace luces y sombras en tu mirada, habla del dolor incesante de tus huesos, habla del vértigo, habla de tu respiración, de tu desolación, de tu traición. Es tan oscuro, tan en silencio el proceso a que me obligo. Oh habla del silencio.

De repente poseída por un funesto presentimiento de un viento negro que impide respirar, busqué el recuerdo de alguna alegría que me sirviera de escudo, o de arma de defensa, o aun de ataque. Parecía el Eclesiastés: busqué en todas mis memorias y nada, nada debajo de la aurora de dedos negros. Mi oficio (también en el sueño lo ejerzo) es conjurar y exorcizar. ¿A qué hora empezó la desgracia? No quiero saber. No quiero más que un silencio para mí y las que fui, un silencio como la pequeña choza que encuentran en el bosque los niños perdidos. Y qué sé yo qué ha de ser mí si nada rima con nada.

Te despeñas. Es el sinfín desesperante, igual y no obstante contrario a la noche de los cuerpos donde apenas un manantial cesa aparece otro que reanuda el fin de las aguas.

Sin el perdón de las aguas no puedo vivir. Sin el mármol final del cielo no puedo morir.

En ti es de noche. Pronto asistirás al animoso encabritarse del animal que eres. Corazón de la noche, habla.

Haberse muerto en quien se era y en quien se amaba, haberse y no haberse dado vuelta como un cielo tormentoso y celeste al mismo tiempo.

Hubiese querido más que esto y a la vez nada.

Va y viene diciéndose solo en solitario vaivén. Un perderse gota a gota el sentido de los días. Señuelos de conceptos. Trampas de vocales. La razón me muestra la salida del escenario donde levantaron una iglesia bajo la lluvia: la mujer-loba deposita a su vástago en el umbral y huye. Hay una luz tristísima de cirios acechados por un soplo maligno. Llora la niña loba. Ningún dormido la oye. Todas las pestes y las plagas para los que duermen en paz.

Esta voz ávida venida de antiguos plañidos. Ingenuamente existes, te disfrazas de pequeña asesina, te das miedo frente al espejo. Hundirme en la tierra y que la tierra se cierre sobre mí. Éxtasis innoble. Tú sabes que te han humillado hasta cuando te mostraban el sol. Tú sabes que nunca sabrás defenderte, que sólo deseas presentarles el trofeo, quiero decir tu cadáver, y que se lo coman y se lo beban.

Las moradas del consuelo, la consagración de la inocencia, la alegría inadjetivable del cuerpo.

Si de pronto una pintura se anima y el niño florentino que miras ardientemente extiende una mano y te invita a permanecer a su lado en la terrible dicha de ser un objeto a mirar y admirar. No (dije), para ser dos hay que ser distintos. Yo estoy fuera del marco pero el modo de ofenderse es el mismo.

Briznas, muñecos sin cabeza, yo me llamo, yo me llamo toda la noche. Y en mi sueño un carromato de circo lleno de corsarios muertos en sus ataúdes. Un momento antes, con bellísimos atavíos y parches negros en el ojo, los capitanes saltaban de un bergantín a otro como olas, hermosos como soles.

De manera que soñé capitanes y ataúdes de colores deliciosos y ahora que tengo miedo a causa de todas las cosas que guardo, no un cofre de piratas, no un tesoro bien enterrado, sino cuantas cosas en movimiento, cuantas pequeñas figuras azules y doradas gesticulan y danzan (pero decir no dicen), y luego está el espacio negro -déjate caer, déjate caer-, umbral de la más alta inocencia o tal vez tan sólo de la locura. Comprendo mi miedo a una rebelión de las pequeñas figuras azules y doradas. Alma partida, alma compartida, he vagado y errado tanto para fundar uniones con el niño pintado en tanto que objeto a contemplar, y no obstante, luego de analizar los colores y las formas, me encontré haciendo el amor con un muchacho viviente en el mismo momento que el del cuadro se desnudaba y me poseía detrás de mis párpados cerrados.

Sonríe y yo soy una minúscula marioneta rosa con un paraguas celeste yo entro por su sonrisa yo hago mi casita en su lengua yo habito en la palma de su mano cierra sus dedos un polvo dorado un poco de sangre adiós oh adiós.

Como una voz no lejos de la noche arde el fuego más exacto. Sin piel ni huesos andan los animales por el bosque hecho cenizas. Una vez el canto de un solo pájaro te había aproximado al calor más agudo. Mares y diademas, mares y serpientes. Por favor, mira cómo la pequeña calavera de perro suspendida del cielo raso pintado de azul se balancea con hojas secas que tiemblan en torno a ella. Grietas y agujeros en mi persona escapada de un incendio. Escribir es buscar en el tumulto de los quemados el hueso del brazo que corresponda al hueso de la pierna. Miserable mixtura. Yo restauro, yo reconstruyo, yo ando así de rodeada de muerte. Y es sin gracia, sin aureola, sin tregua. Y esa voz, esa elegía a una causa primera: un grito, un soplo, un respirar entre dioses. Yo relato mi víspera. ¿Y qué puedes tú? sales de tu guarida y no entiendes. Vuelves a ella y ya no importa entender o no. Vuelves a salir y no entiendes. No hay por donde respirar y tú hablas del soplo de los dioses.

No me hables del sol porque me moriría. Llévame como a una princesita ciega, como cuando lenta y cuidadosamente se hace el otoño en un jardín.

Vendrás a mí con tu voz apenas coloreada por un acento que me hará evocar una puerta abierta, con la sombra de un pájaro de bello nombre, con lo que esa sombra deja en la memoria, con lo que permanece cuando avientan las cenizas de una joven muerta, con los trazos que duran en la hoja después de haber borrado un dibujo que representaba una casa, un árbol, el sol y un animal.

Si no vino es porque no vino. Es como hacer el otoño. Nada esperabas de su venida. Todo lo esperabas. Vida de tu sombra ¿qué quieres? Un transcurrir de fiesta delirante, un lenguaje sin límites, un naufragio en tus propias aguas, oh avara.

Cada hora, cada día, yo quisiera no tener que hablar. Figuras de cera los otros y sobre todo yo, que soy más otra que ellos. Nada pretendo en este poema si no es desanudar mi garganta.

Rápido, tu voz más oculta. Se transmuta, te transmite. Tanto que hacer y yo me deshago. Te excomulgan de ti. Sufro, luego no sé. En el sueño el rey moría de amor por mí. Aquí, pequeña mendiga, te inmunizan. ( Y aún tienes cara de niña; varios años más y no le caerás en gracia ni a los perros.)

mi cuerpo se abría al conocimiento de mi estar

y de mi ser confusos y difusos

mi cuerpo vibraba y respiraba

según un canto ahora olvidado

yo no era aún la fugitiva de la música

yo no sabía el lugar del tiempo

y el tiempo del lugar

en el amor yo me abría

y ritmaba los viejos gestos de la amante

heredera de la visión

de un jardín prohibido

La que soñó, la que fue soñada. Paisajes prodigiosos para la infancia más fiel. A falta de eso -que no es mucho-, la voz que injuria tiene razón.

La tenebrosa luminosidad de los sueños ahogados. Agua dolorosa.

El sueño demasiado tarde, los caballos blancos demasiado tarde, el haberme ido con una melodía demasiado tarde. La melodía pulsaba mi corazón y yo lloré la pérdida de mi único bien, alguien me vio llorando en el sueño y yo expliqué (dentro de lo posible), palabras buenas y seguras (dentro de lo posible). Me adueñé de mi persona, la arranqué del hermoso delirio, la anonadé a fin de serenar el terror que alguien tenía a que me muriera en su casa.

¿Y yo? ¿A cuántos he salvado yo?

El haberme prosternado ante el sufrimiento de los demás, el haberme acallado en honor de los demás.

Retrocedía mi roja violencia elemental. El sexo a flor de corazón, la vía del éxtasis entre las piernas. Mi violencia de vientos rojos y de vientos negros. Las verdaderas fiestas tienen lugar en el cuerpo y en los sueños.

Puertas del corazón, pero apaleado, veo un templo, tiemblo, ¿que pasa? No pasa. Yo presentía una escritura total. El animal palpitaba en mis brazos con rumores de órganos vivos, calor, corazón, respiración, todo musical y silencioso al mismo tiempo. ¿Qué significa traducirse en palabras? Y los proyectos de perfección a largo plazo; medir cada día la probable elevación de mi espíritu, la desaparición de mis faltas gramaticales. Mi sueño es un sueño sin alternativas y quiero morir al pie de la letra del lugar común que asegura que morir es soñar. La luz, el vino prohibido, los vértigos, ¿para quién escribes? Ruinas de un templo olvidado. Si celebrar fuera posible.

Visión enlutada, desgarrada, de un jardín con estatuas rotas. Al filo de la madrugada los huesos te dolían. Tú te desgarras. Te los prevengo y te lo previne. Tú te desarmas. Te lo digo, te lo dije. Tú te desnudas. Te desposees. Te desunes. Te lo predije. De pronto se deshizo: ningún nacimiento. Te llevas, te sobrellevas. Solamente tú sabes de este ritmo quebrantado. Ahora tus despojos, recogerlos uno a uno, gran hastío, en dónde dejarlos. De haberla tenido cerca, hubiese vendido mi alma a cambio de invisibilizarme. Ebria de mí, de la música, de los poemas, por qué no dije del agujero de ausencia. En un himno harapiento rodaba el llanto por mi cara. ¿Y por qué no dicen algo? ¿Y para qué este gran silencio?

Noche compartida en el recuerdo de una huida

Golpes en la tumba. Al filo de las palabras golpes en la tumba. Quién vive, dije. Yo dije quién vive. Y hasta cuándo esta intromisión de lo externo de lo interno, o de lo menos interno de lo interno, que se va tejiendo como un manto de arpillera sobre mi pobreza indecible. No fue el sueño, no fue la vigilia, no fue el crimen, no fue el nacimiento: solamente el golpear como un pesado cuchillo sobre la tumba de mi amigo. Y lo absurdo de mi costado derecho, lo absurdo de un sauce inclinado hacia la derecha sobre un río, mi brazo derecho, mi hombro derecho, mi oreja derecha, mi desposesión. Desviarme hacia mi muchacha izquierda —manchas azules en mi palma izquierda, misteriosas manchas azules—, mi zona de silencio virgen, mi lugar de reposo en donde me estoy esperando. No aún es demasiado desconocida, aún no sé reconocer estos sonidos nuevos que están iniciando un canto de queja diferente del mío que es un canto de quemada, que es un canto de niña perdida en una silenciosa ciudad en ruinas.

¿Y cuántos centenares de años hace que estoy muerta y te amo?

Escucho mis voces, los coros de los muertos. Atrapada entre las rocas: empotrada en la hendidura de una roca. No soy yo la hablante: es el viento que me hace aletear para que yo crea que estos cánticos del azar que se formulan por obra del movimiento son palabras venidas de mí.

Y esto fue cuando empecé a morirme, cuando golpearon en los cimientos y me recordé. Suenan las trompetas de la muerte. el cortejo de muñecas de corazones de espejo con mis ojos azul—verdes reflejados en cada uno de los corazones .

Imitas viejos gestos heredados. Las damas de antaño cantaban entre muros leprosos, escuchaban trompetas de la muerte, miraban desfilar —ellas, las imaginadas— un cortejo imaginario de muñecas con corazones de espejo y en cada corazón mis ojos de pájara de papel dorado embestida por el viento. La imaginada pajarita cree cantar; en verdad sólo murmura como un sauce inclinado sobre el río.

Muñequita de papel, yo la recorté en papel celeste, verde, rojo, y se quedó en el suelo, en el máximo de la carencia de relieves y de dimensiones. En medio del camino te incrustaron, figurita errante, estás en el medio del camino y nadie te distingue pues no te diferencias del suelo aun si a veces gritas, pero hay tantas cosas que gritan en un camino ¿por qué irían a ver qué significa esa mancha verde, celeste, roja?

Si fuertemente, a sangre y fuego, se graban mis imágenes, sin sonidos, sin colores, ni siquiera lo blanco. Si se intensifica el rastro de los animales nocturnos en las inscripciones de mis huesos. Si me afinco en el lugar del recuerdo como una criatura se atiene a la saliente de una montaña y al más pequeño movimiento hecho de olvido cae —hablo de lo irremediable, pido lo irremediable—, el cuerpo desatado y los huesos desparramados en el silencio de la nieve traidora. Proyectada hacia el regreso, cúbreme con una mortaja lila. Y luego cántame una canción de una ternura sin precedentes, una canción que no diga de la vida ni de la muerte sino de gestos levísimos como el más imperceptible ademán de aquiescencia , una canción que sea menos que una canción, una canción como un dibujo que representa una pequeña casa debajo de un sol al que le faltan algunos rayos; allí ha de poder vivir la muñequita de papel verde, celeste y rojo; allí se ha de poder erguir y tal vez andar en su casita dibujada sobre una página en blanco.

Linterna sorda

Los ausentes soplan y la noche es densa. La noche

tiene el color de los párpados del muerto.

Toda la noche hago la noche. Toda la noche escribo.

Palabra por palabra yo escribo la noche.

ALEJANDRA PIZARNIK


CONTADORWAP

Loba Herida POR FANNY JEM WONG

Ni siquiera botella flotando sobre el mar, solo un corcho
Un triste payaso de circo, una estrella moribunda cayendo del cielo
El último canto de un cisne, la gran actriz, la historia de una farsante
El ojo de un necio, el oído de un sordo, el bocado más agrio

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Loba Herida

Adormecida la lluvia cesa e inexorable se extingue
No alimenta de turquesas las riberas sedientas
Los dioses se acongojan, lloran carne de tristezas
Corren enloquecidos, cierran la cremallera del cielo

Mirada ciega, cuencas vacías, jamás mares de ficciones
Simbología de un absurdo de verdes, de azules, de negros
Clavados yacen sobre el pecho, son estacas multicolores
Ciega, totalmente ciega, son solo personajes de humo

Diseñadores de sótanos oscuros, de altos muros rojos
Albañiles de castillos tenebrosos, viejos corredores
Decoradores siniestros de torreones torcidos y espejos quemados
Constructores de represas de linfa descompuesta

Ciega, totalmente ciega, son solo personajes de humo
Son uñas que desgarran la colorada membrana
Son manos amortajando lo poco que queda en el pecho
Son bocas torcidas babeando aguas servidas y esputo
Son voces, lejanas voces, oscuros mundos que matan

Son solo personajes de humo, apagando el sol con sus dedos
¡No existes!
Solo eres eco perdido ¡Eres engaño! ¡Eres nada!
Un miserable grito que se estrella sobre una roca y revienta
Una mano mutilada deambulando bajo ruinoso pórtico

Ciega, totalmente ciega, son solo personajes de humo,
No existí, fui solo un eco perdido ¡Soy la nada!
Caricaturesca máscara que vaga, sin pena ni gloria
Un bostezo de hastío, un despojo sin historia

Ni siquiera botella flotando sobre el mar, solo un corcho
Un triste payaso de circo, una estrella moribunda cayendo del cielo
El último canto de un cisne, la gran actriz, la historia de una farsante
El ojo de un necio, el oído de un sordo, el bocado más agrio

El vomito de una noche de locura suicida hecha poesía
Solo esoSin pena ni gloria, ¡Soy mis nadas y sus nadas!
La pulpa de una manzana descompuesta, el último grito del silencio
Un horror místico que avergüenza, una muñeca sin cabeza

Un árbol torcido e infectado por groseros gusanos
El manotazo de un ahogado engullido entre aguas furiosas
Una masa se, un globo sin gas que nunca alzo vuelo
Un remolino prostituto y tortuoso sobre la roja nieve

El perfume asfixiante de lirios negros, una tumba sin nombre
Un cerebro inflamado, un absurdo, un olvido ¡Soy la nada!
Un poema violáceo, un sin sentido, una abominable equivocación
Un jarrón roto, una tazón de sueños cubiertos de espuma

Un botón, un alfiler, una espada flamígera, un trozo de paja
El inefable viento que estorba, un ojal sangrante de la solapa
El lado tenebroso de la luna, la faz de un sol hipócrita
Una lesión purulenta, un corazón gangrenado, un espejo roto

Un falso mártir cubierto de cal y arena, un ídolo de barro
Los pétalos de una flor bajo la suela, el excremento de las aves
Un barco fantasma perdido la cabellera de la muerte
Un embudo, un pozo, un boquete, una tumba en el exilio

Un libro olvidado, ave envuelta en un pañuelo perfumado
Una cometa rota, un frasco repleto de bichos
Una loba herida defendiendo a los que son carne de su carne
Sin pena ni gloria ¡Soy mis nadas y sus nadas!

FANNY JEM WONG
02.11.2006

Mancillada sin penas ni glorias
Herida entre la niebla de la desilusión
¡Soy mis nadas y sus nadas!
JEM

(Jemwong)


Viejas Murallas POR FANNY JEM WONG

Es tu voz goce perturbador, afilada daga que dulce acaricia
En la embriaguez del deseo, el pensamiento tórnaseme impuro
No pretendo amor fortuna, mucho menos votos insatisfechos
Ha caído demasiada roja lluvia antes de que el azul sol sonría

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Viejas Murallas

Extensa será la vida que le otorgue a estos cantos
En las memorias de los siglos, eterno para ti mi abrazo
No existirán lamentaciones ante los tiempos perdidos
Ni bordados en el pensamiento renacerán extraños demonios

Es tu voz goce perturbador, afilada daga que dulce acaricia
En la embriaguez del deseo, el pensamiento tórnaseme impuro
No pretendo amor fortuna, mucho menos votos insatisfechos
Ha caído demasiada roja lluvia antes de que el azul sol sonría

Para quien se curtió en el dolor de la más cruel indiferencia
Y doblo tantas veces las rodillas, un instante de robada alegría
Estremece de palmo a palmo el núcleo de toda su existencia
Vivir de momentos fue el privilegio de amar voluntariamente elegido

No deseo fantasías que indigesten las entrañas de monotonía
Ni sueños dorados sobre las viejas murallas tantas veces recorridas
Ni oraciones extrañas que exorcicen mi piel de naranja desnuda
Ni lúcidos y sabios pensamientos que me acerquen a la cordura

Ni la falsa ilusión de un amor extremadamente perfecto
Ni un poema piadoso que cure viejas y purulentas heridas
Ni el reflejo en el espejo del valioso jarrón de oro y jade
Cien minutos bastan para despertar a quien entre nardos secos
Besa y muerde complacida a la muerte sobre las viejas murallas

FANNY JEM WONG
15.03.07

Todo y nada esta escrito
8.43 AM
JEM

(Jemwong)

La suprema felicidad de la vida es saber que eres amado por ti mismo o,
más exactamente, a pesar de ti mismo.

Víctor Hugo
1802-1885
Novelista francés.


SIN NOMBRE por Fanny Jem Wong

Enajenados versos que huyen, arañando su decadencia
Colgándose van, tras los vestidos de la muerte
Fluyen, entre circunferencias celestes, vuelven a ser

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SIN NOMBRE

Sobre el frío escritorio estériles lucen las hojas
deslizándose segundo a segundo sobre rojos andenes
Letras muertas sacudiéndose el polvo de la sin razón.

Enajenados versos que huyen, arañando su decadencia
Colgándose van, tras los vestidos de la muerte
Fluyen, entre circunferencias celestes, vuelven a ser.

Carcajean desnudos, sin nombres, sin dueños
Reales y soberanos, indómitos, cual bestias salvajes,
se elevan como los símbolos más puros de la eternidad
Y en el instante más sublime de la propia esencia del dolor,
convirtiéronse en eslabones inmortales, cuna sagrada de la poesía.

JEM WONG
25.12.07

Como pequeños insectos, regresan lentamente las letras a la mano del poeta que les dio la vida
JEM

(Jemwong)