Ganador del Premio Nobel Gabriel García Márquez muere a los 87 años

Se hundió en una amable geografía, en un mundo fácil, ideal; un mundo como diseñado por un niño, sin ecuaciones algebraicas, sin despedidas amorosas
y sin fuerzas de gravedad.
(La otra costilla del hombre).
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Se hundió en una amable geografía, en un mundo fácil, ideal; un mundo como diseñado por un niño, sin ecuaciones algebraicas, sin despedidas amorosas
y sin fuerzas de gravedad.
(La otra costilla del hombre).
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Ganador del Premio Nobel Gabriel García Márquez muere a los 87 años

D.F., México (17 abril, 2014): Una fuente cercana a la familia ha confirmado que Gabriel García Márquez ha fallecido. Tenía 87 años. El realismo mágico en las novelas y cuentos de García Márquez impactaron a millones de lectores, y resaltó la pasión de Latino América. Considerado el escritor más popular desde Miguel de Cervantes del siglo 17, García Márquez alcanzó la celebridad literaria que se comparan a Mark Twain y Charles Dickens. Su novela Cien años de soledad vendió más de 50 millones de copias en 25 idiomas.

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En la tormenta Su Tung-P´o -Su shih- (1036-1101)

Mi botella, vacía;
Ceniza, el fuego. El hombre
Ya no habla: susurra:
¿A quién decir mi canto?

En la tormenta
Su Tung-P´o -Su shih- (1036-1101)

Viejos fantasmas, nuevos.
Zozobra, llanto, nadie.
Envejecido, roto,
Para mí solo canto.
Andrajos de neblina
Cubren la noche, a trechos.
Contra la nieve, el viento.
Mi copa derramada;
Mi botella, vacía;
Ceniza, el fuego. El hombre
Ya no habla: susurra:
¿A quién decir mi canto?

ODA A LA MANZANA POR PABLO NERUDA

Cuando mordemos
tu redonda inocencia
volvemos
por un instante
a ser
también recién creadas criaturas:
aún tenemos algo de manzana.

ODA A LA MANZANA POR PABLO NERUDA

NERUDAA ti, manzana,
quiero
celebrarte
llenándome
con tu nombre
la boca,
comiéndote.Siempre
eres nueva como nada
o nadie,
siempre
recién caída
del Paraíso:
plena
y pura
mejilla arrebolada
de la aurora!
Qué difíciles
son
comparados
contigo
los frutos de la tierra,
las celulares uvas,
los mangos
tenebrosos,
las huesudas
ciruelas, los higos
submarinos:
tú eres pomada pura,
pan fragante,
queso
de la vegetación.Cuando mordemos
tu redonda inocencia
volvemos
por un instante
a ser
también recién creadas criaturas:
aún tenemos algo de manzana.

Yo quiero
una abundancia
total, la multiplicación
de tu familia,
quiero
una ciudad,
una república,
un río Mississipi
de manzanas,
y en sus orillas
quiero ver
a toda
la población
del mundo
unida, reunida,
en el acto más simple de la tierra:
mordiendo una manzana

Publicado por FANNY JEM WONG

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POETAS ETERNOS

Cada poema es único. en cada obra late, con mayor o menor grado, toda la poesía. cada lector busca algo en el poema. y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro.

autor: Octavio Paz

Cada poema es único. en cada obra late, con mayor o menor grado, toda la poesía. cada lector busca algo en el poema. y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro.

  • autor: Octavio Paz

FACUNDO CABRAL TU CANTO SERÁ ETERNO

No estás deprimido, estás distraído.

Distraído de la vida que te puebla, distraído de la vida que te rodea delfines, bosques, mares, montañas, ríos. No caigas en lo que cayó tu hermano, que sufre por un ser humano, cuando en el mundo hay 5,600 millones. Además, no es tan malo vivir solo. Yo la paso bien, decidiendo a cada instante lo que quiero hacer y gracias a la soledad me conozco…… algo fundamental para vivir.

Facundo Cabral, de 74 años, ha sido vilmente asesinado en Guatemala hoy 9 de Julio de 2011 aproximadamente a las 6 am Hora local.

Facundo Cabral murió baleado por desconocidos cuando se dirigía al aeropuerto local la Aurora después de una gira de conciertos. También fue herido su representante.

Biografía:

Cantante, compositor, escritor y dibujante argentino, cuyas presentaciones son noches de poesía y filosofía revestidas de música, anécdotas e historias. El padre abandonó a la familia cuando Facundo Cabral era muy pequeño, quedando su madre a cargo de él y sus dos hermanos. La infancia de Facundo Cabral transcurrió con muchas carencias. Fue encerrado en un reformatorio, de donde escapó al poco tiempo. En 1959 ya tocaba la guitarra y cantaba folklore. Tiempo después, Facundo Cabral viaja de Tierra del Fuego a Mar del Plata, una localidad de Buenos Aires, empleándose en un hotel. El encargado del lugar le ofrece cantar, llamándose primero “El indio Gasparino” y más adelante usando su nombre verdadero. En 1970 se conoce la canción “No Soy De Aquí, Ni Soy De Allá”, que le da fama mundial a Facundo Cabral. Su vida toma un rumbo espiritual, transformándose en un cantante de protesta y realizando, a través de sus canciones, críticas sociales. Durante la última Dictadura Argentina (1976-1983), debió exiliarse en México, donde sigue trabajando incansablemente. En 1984 regresa a la República Argentina, habiendo recorrido muchos países donde llevó su arte y pensamiento. Desde ese momento, se asocia a Facundo Cabral con la lucha por la libertad, la justicia social y el amor. En reconocimiento a su constante llamado a la paz y al amor, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) lo declaró “Mensajero Mundial de la Paz” (1996). En un confuso episodio, Facundo Cabral es asesinado en la Ciudad de Guatemala, camino al Aeropuerto Internacional La Aurora para tomar un avión que lo llevaría a Nicaragua.

FRUENTE

http://www.frasesypensamientos.com.ar/autor/facundo-cabral.html

No estás deprimido, estás distraído.

Distraído de la vida que te puebla, distraído de la vida que te rodea delfines, bosques, mares, montañas, ríos. No caigas en lo que cayó tu hermano, que sufre por un ser humano, cuando en el mundo hay 5,600 millones. Además, no es tan malo vivir solo. Yo la paso bien, decidiendo a cada instante lo que quiero hacer y gracias a la soledad me conozco…… algo fundamental para vivir.

No caigas en lo que cayó tu padre, que se siente viejo porque tiene 70 años, olvidando que Moisés dirigía el éxodo a los 80 y Rubinstein interpretaba como nadie a Chopin a los 90, sólo por citar dos casos conocidos.

No estás deprimido, estás distraído. Por eso crees que perdiste algo, lo que es imposible, porque todo te fue dado. No hiciste ni un solo pelo de tu cabeza, por lo tanto no puedes ser dueño de nada. Además, la vida no te quita cosas: te libera de cosas… te aliviana para que vueles más alto, para que alcances la plenitud. De la cuna a la tumba es una escuela; por eso, lo que llamas problemas, son lecciones. No perdiste a nadie: el que murió, simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además, lo mejor de él, el amor, sigue en tu corazón.

Y del otro lado te espera gente maravillosa: Gandhi, Miguel Ángel, Whitman, San Agustín, la Madre Teresa, tu abuela y mi madre, que creía que la pobreza está más cerca del amor, porque el dinero nos distrae con demasiadas cosas y nos aleja, porque nos hace desconfiados.

Haz sólo lo que amas y serás feliz. El que hace lo que ama, está benditamente condenado al éxito, que llegará cuando deba llegar, porque lo que debe ser será y llegará naturalmente. No hagas nada por obligación ni por compromiso, sino por amor. Entonces habrá plenitud, y en esa plenitud todo es posible y sin esfuerzo, porque te mueve la fuerza natural de la vida, la que me levantó cuando se cayó el avión con mi mujer y mi hija; la que me mantuvo vivo cuando los médicos me diagnosticaban 3 ó 4 meses de vida. Luna_1

Dios te puso un ser humano a cargo y eres tú mismo. A ti debes hacerte libre y feliz. Después podrás compartir la vida verdadera con los demás. Reconcíliate contigo, ponte frente al espejo y piensa que esa criatura que estás viendo es obra de Dios y decide ahora mismo ser feliz, porque la felicidad es una adquisición. Además, la felicidad no es un derecho, sino un deber; porque si no eres feliz, estás amargando a todo el barrio.

Un solo hombre que no tuvo ni talento ni valor para vivir, mandó matar a seis millones de hermanos judíos. Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la tierra es tan corto que sufrir es una pérdida de tiempo. Tenemos para gozar la nieve del invierno y las flores de la primavera, el chocolate de la Perusa, la baguette francesa, los tacos mexicanos, el Pisco peruano, los mares y los ríos, el fútbol de los brasileños, Las Mil y Una Noches, la Divina Comedia, el Quijote, el Pedro Páramo, los boleros de Manzanero y las poesías de Whitman, la música de Mahler, Mozart, Chopin, Beethoven; las pinturas de Caravaggio, Rembrandt, Velázquez, Picasso y Tamayo, entre tantas maravillas.

Y si tienes cáncer o SIDA, pueden pasar dos cosas y las dos son buenas: si te gana, te libera del cuerpo que es tan molesto (tengo hambre, tengo frío, tengo sueño, tengo ganas, tengo razón, tengo dudas)…y si le ganas, serás más humilde, más agradecido… por lo tanto, fácilmente feliz, libre del tremendo peso de la culpa, la responsabilidad y la vanidad, dispuesto a vivir cada instante profundamente, como debe ser.

No estás deprimido, estás desocupado. Ayuda al niño que te necesita, ese niño será socio de tu hijo. Ayuda a los viejos y los jóvenes: te ayudarán cuando lo seas. Además, el servicio es una felicidad segura, como gozar a la naturaleza y cuidarla para el que vendrá. Da sin medida y te darán sin medida. Ama hasta convertirte en lo amado; más aún, hasta convertirte en el mismísimo Amor.

Y que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas. El bien es mayoría, pero no se nota porque es silencioso. Una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye, hay millones de caricias que alimentan a la vida. Vale la pena, ¿verdad?.

Si Dios tuviera un refrigerador, tendría tu foto pegada en él.

Si El tuviera una cartera, tu foto estaría dentro de ella.

El te manda flores cada primavera.

El te manda un amanecer cada mañana.

Cada vez que tú quieres hablar, El te escucha.

El puede vivir en cualquier parte del universo, pero El escogió Tu corazón.

Enfréntalo, amigo -El está loco por ti!.

Dios no te prometió días sin dolor, risa sin tristeza, sol sin lluvia, pero El si prometió fuerzas para cada día, consuelo para las lágrimas, y luz para el camino.

“Cuando la vida te presente mil razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y un razones por las cuales sonreír”.

Cuando Un Amigo Se Va

Facundo Cabral

Cuando un amigo se va
Queda un espacio vació
Que no lo puede llenar
La llegada de otro amigo
Cuando un amigo se va
Queda un tizón encendido
Que no se puede apagar
Ni con las aguas de un rió
Cuando un amigo se va
Una estrella se a perdido
La que ilumina el lugar
Donde hay un niño dormido
Cuando un amigo se va
Se detienen los caminos
Y se empieza a revelar
El duende manso del vino
Cuando un amigo se va
Galopando su destino
Empieza el alma a vibrar
Por que se llena de frió
Cuando un amigo se va
Queda un terreno baldío
Que quiere el tiempo llenar
Con las piedras del astillo
Cuando un amigo se va
Se queda un árbol caído
Que ya no vuelve a brotar
Por que el viento a vencido
Cuando un amigo se va
Queda un espacio vació
Que no lo puede llenar
La llegada de otro amigo

Cuando un pueblo trabaja dios lo respeta. Pero cuando un pueblo canta, dios lo ama.

Nacemos para vivir, por eso el capital más importante que tenemos es el tiempo, es tan corto nuestro paso por este planeta que es una pésima idea no gozar cada paso y cada instante, con el favor de una mente que no tiene limites y un corazón que puede amar mucho más de lo que suponemos.

Ama hasta convertirte en lo amado, es más, hasta convertirte en el amor.

De mi madre aprendí que nunca es tarde, que siempre se puede empezar de nuevo; ahora mismo le puedes decir basta a los hábitos que te destruyen, a las cosas que te encadenan, a la tarjeta de crédito, a los noticieros que te envenenan desde la mañana, a los que quieren dirigir tu vida por el camino perdido.

Ahora mismo le puedes decir basta al miedo que heredaste, porque la vida es aquí y ahora mismo.

Vive de instante en instante, porque eso es la vida.

No te sientas aparte y olvidado, todos somos la sal de la tierra.

En la tranquilidad hay salud, como plenitud, dentro de uno. Perdónate, acéptate, reconócete y ámate. Recuerda que tienes que vivir contigo mismo por la eternidad.

Borra el pasado para no repetirlo, para no tratarte como te trataron ellos; pero no los culpes, porque nadie puede enseñar lo que no sabe, perdónalos y te liberarás de esas cadenas.

Si estás atento al presente, el pasado no te distraerá, entonces serás siempre nuevo.

Tienes el poder para ser libre en este mismo momento, el poder está siempre en el presente porque toda la vida está en cada instante

¡Pero no digas no puedo ni en broma, porque el inconsciente no tiene sentido del humor, lo tomará en serio, y te lo recordará cada vez que lo intentes!

Recuerdo al apache que me dijo al norte de Chihuahua: El Cielo se lleva el agua de los ríos y de los arroyos, pero después llora por haberle quitado algo tan esencial a los hijos de su hija, la Tierra, y ese llanto es la lluvia, llanto tan generoso que preña a la tierra, entonces vuelven a surgir plantas y flores, y los animales sobreviven porque pueden volver a beber. Después el Cielo vuelve a distraerse con Dios, que lo excita tanto que le aumenta la sed, entonces vuelve a secar ríos y arroyos, cuento que parece que se repetirá por la Eternidad, ese invisible mar por donde navega el misterioso Tiempo.

Recuerdo al Ganges, que nace de Shiva, el que pone en movimiento al Universo cuando baila, el dios de muchas cabezas porque alberga todos los pensamientos, y todos se hacen uno para que el espíritu lo acalle fácil y rápidamente. Recuerdo a Jesús caminando sobre un mar de leche hacia una isla cubierta de miel, donde de un caracol salía el brazo donde se apoyaba la mariposa que sigue volando en mi memoria, la mariposa de vidrio que cortaba al muro de hierro.

No puedo recordarla entera porque la memoria, inevitablemente, selecciona (es el más antiguo de los antólogos), por eso solo recuerdo su mejor perfil, sus mejores ideas y sus mejores días, cuando adoraba al árbol como organizador de la Naturaleza, el responsable del equilibrio entre las presiones de las alturas y las gravitaciones de las profundidades, el árbol que tiene los dones de la longevidad y el silencio, el árbol que fue la primera y será la última manera de la arquitectura, el árbol de la estabilidad que soñamos en la madurez.

La recuerdo abierta a todo gracias a la generosa curiosidad que nos enriquece para enriquecer, viendo las cosas antes porque era la única que podía pasar del otro lado del horizonte, la recuerdo conmovida en los amaneceres de los pobres, tan diferentes a los amaneceres de los ricos, que casi nunca se dan cuenta que tienen al amor en casa, que suelen estar muy ocupados como para ver el sol, el bosque o el mar. La recuerdo empolvada como una geisha en la mecedora de mimbre, envuelta por el más liviano hilo blanco, jugando con el collar de cuatro vueltas mientras caía el sol a un costado de Puerto Príncipe, la recuerdo reina de la belleza entre los negros que la abanicaban con plumas de avestruz, la recuerdo china, es decir perfeccionando constantemente a su único poema, la recuerdo sentada a los pies de Rubinstein, al que le gustaba beber champagne después de Chopin y contar cuentos polacos, la recuerdo gritando en el balcón parisino: ¡ Está nevando sobre el arte!

Recuerdo a la mujer que Poe enterró en la pared y al león que salía del refrigerador cada vez que María Callas le abría la puerta, y salía para matarla, para que ella siguiera ensayando la resurrección. Recuerdo a la estrella fugaz que, en realidad, fue ese desconocido que alguna vez me dijo que era mi padre (mi madre decía que yo esperé que mi padre se fuera para nacer porque no quería compartirla con nadie, pero pronto me cansé de esa historia, que no era la mía, y me fui a vivir solo, o dicho de otra manera, de una manera más amable: Una tarde, todos los niños del pueblo volvieron a sus casas menos yo, que al seguir siempre derecho, di la vuelta al mundo, es decir volví a casa).

Recuerdo el dramático estilo literario de las esculturas de Donatello: la María Magdalena hambrienta hasta los huesos, el Bautista con todo el desierto y la gran noticia a cuestas. Recuerdo la brillante violencia de Donatello, que estalló en el siglo quince entre Michelàngelo y los Medicci, entre Leonardo y Ghiberti, que me anticipó las puertas del Paraíso, que me devolvió al Cristo que había perdido entre las almas perdidas del Purgatorio, que me rodeó, en los años setenta del siglo veinte, de niños, caballos y ángeles en la Florencia donde floreció lo que sembré en Buenos Aires, que se está diluyendo en su propia sombra.

Recuerdo las luminosas oscuridades de Donatello, que regresan a mí en las deliciosas canciones de Richard Strauss, que me hace pensar, a través de Jessye Norman, como Emerson, que de entre los hombres saldrá el hombre porque en cada hombre duerme el héroe que reverenció Carlyle.

Me contó Rafael Alberti que Picasso le contó que Braque pintaba en el piso que estaba arriba del estudio de Duffy, que hizo mucho dinero diseñando para telas finas, creando estampas para vestidos con los que los ricos envolverían a las mujeres más sofisticadas de Paris, días en que la pintura estaba tan cerca de la poesía que Duffy ilustraba los libros de Apolinaire, el Duffy que fue desde las tardes del hipódromo a las madrugadas del jazz, que se valió hasta de los caracteres chinos para llegar a la belleza, que nunca le fue esquiva, el Duffy que viendo correr por un pasillo blanco a una niña vestida de rojo se dio cuenta que el color va más rápido que la forma, que los dos son independientes, que tienen vida propia, por eso liberó al color de los límites de sus dibujos, es decir de la forma, por eso sus obras son tan veloces, tan graciosamente livianas, tan encantadoras como Ninoska, que leía maravillosas historias en las maravillosas estampas de las maravillosas batas de su maravillosa abuela, que me prodigó sus cortesías en el Paris de la France, que me enseñó a detenerme donde valía la pena, detenerme para crecer, por ejemplo frente a cualquier tela de Duffy, tan enamorado de la Cotè d’ Azur donde comencé a sospechar mi antigua aristocracia, a presentir que siempre hay más, y en ese más está el arte, donde comprobé que Van Gogh primero incendiaba al trigal, y después pintaba el incendio, el arte donde aprendí que cuando uno parpadea el ala aprovecha para llevarse a la paloma que solo se detenía mucho tiempo en el balcón de Picasso, y esto para que la pintara una y diez y treinta veces.

Para Duffy posó la misma mujer que eligieron Matisse y Bonnard, el Duffy que, sin ser zurdo, pintaba con la mano izquierda, y esto para no tener absoluto gobierno, para que la obra, ante todo, lo sorprendiera a él, y en esa sencillez comenzaba, como en Mozart, su trabajo, el Duffy al que solo la artritis pudo detener un poco, y esto para evitarle a la muerte el trabajo de cazarlo.

Recuerdo al conmovedor Schumann haciendo sonar mis más refinadas cuerdas, a Chopin meciéndome como Bach hubiera mecido a Jesús si hubiera aparecido antes, y a Beethoven, que me puso de pie tantas veces. Recuerdo a Ben Zander excitando al coro de tal manera que nadie dudaba que le estaba susurrando con los brazos que volaban: Canten como si fuera la última vez porque la última alegría es lo que van a recordar de ustedes los que los continuarán.

Ben Zander invitaba a dialogar musicalmente a la violinista con el violonchelista, ponía a la pianista en brazos del flautista y a la orquesta en brazos del público, es decir nos subía a todos a la cima de la montaña para que viéramos a la tierra prometida.

Recuerdo a Mozart, que fácilmente halaga a mi oído y enciende a mi pecho, que fácilmente mete a mis brazos y a mis piernas en la danza, que fácilmente logra que su don sea mi gracia, por eso fácilmente aparecen las flores en mis ramas, el Mozart tan divertido como pícaro, por eso causó tanto gozo como desgracias. Era el mismísimo triunfo de la vida porque hasta para sus enemigos murió como un dios, lo que era previsible porque en su música se siente el orden divino, el orden que soñó Goethe, el grandioso orden que transformó en belleza a su hambre y a su enfermedad, lo que explica el misterio de su arte, perfecta armonía de un universo de sonidos, cálido mármol blanco en la noche más negra y fría.

Recuerdo a Debussy, al que le gustaba más la música que el piano, el francés al que adoptó una viuda rusa con once hijos, inteligente, talentosa y pianista, que lo llevó por toda Europa, el Debussy que después escapó de la fama porque le quitaba libertad, y sin ella es imposible vivir, el Debussy al que no dejaban dormir los fantasmas de Wagner, el Debussy que se asoció a Baudelaire en busca de otra cosa, el Debussy envuelto por Monet y por Cèzanne, que le confirmaron que la fuga y el contrapunto no son inevitables, entonces estalló su fauno en plena siesta y apareció el cuarteto de cuerdas provocado por la música de Java, que lo instaló definitivamente en el impresionismo, el Debussy tan pobre como extravagante, lo que atrajo a Emma, que dejó a un banquero para seguirlo y para que naciera Susù, que tenía catorce años cuando Debussy murió para que solo nueve personas fueran al funeral del maestro que no soportó los bombardeos sobre el Paris de la abuela de Ninoska, por eso terminó arrinconado en el sótano de su casa, triste pero seguro de que todo lo bello llega a ser clásico.

FUENTE: http://www.facundocabral.info/literatura-texto.php?Id=161

Desde Un Punto Muy Lejano

Facundo Cabral

Desde un punto muy lejano
Se ve tu figura vestida de blanco
Iluminada sobre una mecedora de playa, café
Te ves, y no hay tiempo ni fecha
Solo es un día entre los días perdidos
Yo que lo estoy viendo, de eso diría
Tanto, tanto tiempo que a tu lado yo pase
Montón de historias que en una vida forme
Tantos sentimientos que en mi mente almacene
Y luego un dia ver, con mis gafas el ayer
Donde corrías en la arena persiguiéndome
Con la piel tan firme y los sueños por hacer
Y entre tardes azules y melancolía, cumpliéndose
Donde he puesto tu último beso? No lo sé.

MI PRIMER DESIERTO

He vuelto a mi primer desierto, a la Patagonia que me llena del vacío esencial, donde hace muchos años me despertaron las aguas del deshielo que bajaban de la cordillera de los Andes que tanto trajiné de punta a punta y de canción en canción. Lenta y silenciosamente el desierto se va convirtiendo en montañas, cada vez más importantes hasta ser coronadas por la nieve, y de pronto, bellísima frente al lago Nahuel Huapi, aparece Bariloche, maravillosa manera de empezar un nuevo día, paisaje que me recuerda los desayunos con Krishnamurti frente al lago Lausanne, en la Suiza donde Borges se auto-enseñó alemán para leer a Spinoza.


Dibujo de Cristina Gálvez que ilustra las palabras de Cabral.

Este libro es una caja llena de herramientas para vivir, para armar nuevos juegos, para mejorar o ajustar los viejos. Crear, siempre crear porque en el matiz, en la variedad, está la continuidad de la fiesta, en el cambio constante está la vida, en la multidireccionaldad está la riqueza, por ejemplo cuando me cansé de mi pueblo me subí al tren que me llevó a los barcos y a los aviones que me llevaron al mundo, es decir a los ríos rápidos y a las tumultuosas ciudades, a los mares rojos y azules y negros, a todas las maneras de la música, a Delacroix, a Turner, a Klee, a las piedras de Henry Moore y a los alambres de Giacometti, lo que quiere decir que desde que subí al tren todo se agigantó, desde los matices a la soledad, que no me abandonó jamás, a la que aprendí a amar porque siempre conté con ella, y porque por ella me conozco.

En estos papeles registro cada momento y cada paso, por eso leerlos es caminar conmigo por el mundo que camino, el del lado de afuera y el del lado de adentro.

Solo se puede sobrevivir comulgando con el presente, sin las cadenas del pasado ni la ansiedad que provoca la idea del futuro. El presente, el momento, el instante, es una constante reencarnación, un estar despierto para no perdernos las revelaciones, que suceden en cualquier momento.

Los misterios me rodean, y esto es excitante, pero también amo a la razón, aunque solo me explique lo artificial, la razón que fácilmente puede ser mi verdugo, la razón que ha cegado a los occidentales. De todas maneras, en todas partes encuentro las huellas de las infinitas manos de Dios, entonces solo me queda gozar su obra y cantar su gloria, y retrato lo que puedo, rápidamente porque los cambios de la Naturaleza son constantes, por eso cada instante es un resumen de la totalidad.

No hay moral sino morales porque no hay un grupo sino muchos, pero detrás de todas ellas, o el promedio de todas, es solo una, por eso, cuando estamos solos, fuera de la secta o el grupo, todos sabemos qué es lo que está mal y qué es lo que está bien, y esa moral universal se hace oír en la conciencia de cada uno, y ese es el dato de que todos pertenecemos a una sola Humanidad, por eso las divisiones son ilusiones suicidas y homicidas, prejuicios muy peligrosos para todos, hasta San Agustín llegó a decir que las virtudes de los paganos son vicios magníficos.

Solo desde el uno mismo se puede reconocer al uno mismo que hay en cada individuo, lo que es imposible desde una etnia, desde una secta, desde la religión o la política, solo desde el uno mismo podemos comenzar a hablar de lo que tenemos en común y no de lo que hemos hecho hasta ahora, y que nos ha costado, y nos cuesta tanto.

La diversidad es lo que nos enriquece, entonces debemos buscar la armonía de desiguales, no la igualdad que, además de ser una ilusión, empobrece y masifica. Solo el que ha llegado a su punto central puede llegar al punto central de todos, lo que quiere decir que solo puede haber una comunicación profunda de individuo a individuo.

FUENTE http://www.facundocabral.info/literatura-texto.php?Id=160

No Soy de Aqui

Facundo Cabral

Me gusta el mar y la mujer cuando llora
las golondrinas y las malas señoras
saltar balcones y abrir las ventanas
y las muchachas en abril

Me gusta el vino tanto como las flores
y los amantes, pero no los señores
me encanta ser amigo de los ladrones
y las canciones en francés

No soy de aquí, ni soy de allá
no tengo edad, ni porvenir
y ser feliz es mi color
de identidad

Me gusta estar tirado siempre en la arena
y en bicicleta perseguir a Manuela
y todo el tiempo para ver las estrellas
con la María en el trigal

No soy de aquí, ni soy de allá
no tengo edad, ni porvenir
y ser feliz es mi color
de identidad

El Diablo Es un Ser Orgulloso

Facundo Cabral

Composición: Facundo Cabral

El Diablo Es un Ser Orgulloso

El diablo es un señor almidonando,
que nunca olvida el saco y el sombrero
Que vive en una casa con placares
para esconder el miedo y lo ajeno

El diablo es tan correcto como el hambre,
perfecto y ordenado como el fraude
A veces tiene panza y si no tiene,
es calvo como todos sus placeres.

El diablo tiene cola mas la esconde
en grueso portafolio color negro,
Donde lleva también los documentos
que lo autorizan a matar al pueblo.

El diablo pone el alma en las tribunas,
y escucha los discursos de los muertos
Se arrastra con orgullo por la historia
y se acuesta con pobrísimos recuerdos

El diablo se levanta muy temprano,
cansado del confort que lo encadena
Y corre por las calles presuroso
de compartir su astillo y su pena.

Lo he visto muchas veces como ustedes
en el espejo y el bolsillo de cualquiera,
En el seguro q asegura todo,
menos la paz, la luz, la primavera.

Lo he visto caminar al lado mío
y medir la moral y las polleras
Decidir el tamaño de la dicha,
la justicia, el honor y las ideas

Lo he visto muchas veces pero ahora,
mi alegría habla claro de su ausencia
Talvez sus propias manos lo mataron
al escuchar por fin a su conciencia.

Talvez sus propias manos lo mataron
al escuchar por fin a su conciencia.

Pobre Mi Patron

Facundo Cabral

yo no se quien va mas lejos
la montaña o el cangrejo
pobrecito mi patron piensa que el pobre soy yo
Quien sabe si el apollarse
es mejor que deslisarse
pobresito mi patron piensa que el pobre soy yo
Mas que el oro es la pobresa
lo mas caro en la existencia
pobrecito mi patron piensa que el pobre soy yo
Solamente lo barato
se compra con el dinero
pobrecito mi patron piensa que el pobre soy yo
Que me inporta ganar dies
si se contar hasta seis
pobresito mi patron piensa que el pobre soy yo

Ella Tiene La Costumbre

Facundo Cabral

Recitado
Ella tiene la costumbre hermosa de las ventanas
hacernos el buen regalo de anunciarnos las mañanas
ella tiene la costumbre de fundarnos la esperanza
con su amororsa manera de acomodarnos la almohada
ella nos dice,te quiero,con la camisa planchada
es tan cierto lo que tiene que para siempre alcanza
nuestra casa siempre estuvo donde quiera que ella estaba
por eso este donde este hoy siempre me siento en casa
Ella tiene la costumbre de andar descalza por casa
y de traer para el mate,los bizcochitos con grasa
ella tiene la costumbre de no preguntarme nada
por que le basta y le sobra que al final regrese a casa
que al final regrese a casa,que al final regrese a casa
Ella tiene la costumbre de saber lo que me pasa
y de curarmelo todo,inclusive la nostalgia
ella puede ser el mundo,la patria,Dios o mi casa
y hasta puede ser mi madre por que se le da la gana
por que se le da la gana,por que se le da la gana

Ella…

Seniora de Juan Fernandez

Facundo Cabral

Señora de juan fernandez haga el favor de no tratarme asi
No crea que por el pelo soy un sujeto de muy mal vivir
No crea que todos los hombres deben de vestirse como su marido
Los tiempos han cambiado mucho y ya nadie conforma ni a los hombres finos
Señora de juan fernandez preguntele a su marido
El sabe que soy decente roba conmigo
Y aparte de eso somos vecinos
Lalara lara lara lara……

Señora de juan fernandez yo se que el pueblo no me mira bien
Por culpa de pequeñeces que cometi durante la niñez
Ya no le pego a mi abuelita ni con la escopeta no le tiro a nadie
He abandonado el contrabando y ahora me comporto con mucho donaire
Señora de juan fernandez no me corte la llamada
Quiero avisarle que su hija juana se fue conmigo esta mañana
Y dentro de una o dos semanas nuestra familia sera aumentada
Lalara lara lara…….

Señora de juan fernandez si encuentra algun trabajo bueno
Despues de la luna de miel nos casaremos
Ya ve señora tiene su yerno
Lalara lara lara……

Este Es Un Nuevo Dia

Facundo Cabral

Este es un nuevo dia
Para empezar de nuevo
Para buscar al angel
Que aparece en los suenos
Para cantar para reir
Para volver a ser feliz (Bis)
En este nuevo dia
Yo dejare el espejo
Y tratare de ser
Por fin un hombre bueno
De cara al sol caminare
Y con la luna volare (Bis)

Si Yo Pudiera Ser

Facundo Cabral

Caracol milenario que camina los sueños
color de otras esferas que enamora el silencio
esencia de los mares que crece la montaña
el pan de los pastores la luz de la cigarra.
La más hermosa brisa por la que vuelve el viento
la eternidad grandiosa que vive en un momento
la pasión más divina que libera el Quijote
la razón del invierno que seduce al coyote.
Si yo pudiera ser, solo por una vez
lo que tu crees que soy, lo que tu crees que soy.
Paloma de Picasso y vino de Machado
espejo de Walt Withman y balcón de Gustavo
clavel de Federico su luna y su campana
la noche de aquel día que estalló en su ventana.
El sol maravilloso que incendia las arenas
la misteriosa muerte, la manzana primera
el estallido eterno de la eterna vida
la libertad infinita y la pequeña herida.
Si yo pudiera ser…

Vuele Bajo

Facundo Cabral

Que espera Dios?
que el hombre vuelva a ser un niño
para recibirlo en su seno
perfecto,perfecto

No crezca mi niño,no crezca jamas
los grandes al mundo le hacen mucho mal

El hombre ambiciona cada dia mas
y pierde el camino por querer volar

Vuele bajo porque abajo
esta la verdad
esto es algo que los hombres
no aprenden jamas

Por correr el hombre no puede pensar
que ni el mismo sabe para adonde va

Sigue siendo niño y en paz dormiras
sin guerras ni maquinas de calcular

Vuele bajo…

Dios quiera que el hombre pudiera volver
a ser niño un dia para comprender

Que esta equivocado si piensa encontrar
con una escopeta la felicicdad

Vuele bajo…

Vuele bajo…

Lider Arriba

Facundo Cabral

Composición: Marco Sarmiento

Mil caminos mil rutas llevamos
Historias proezas mi mano agitando en el
Sol o en la lluvia

Siempre listos marcha la patrulla
Soy un lider real paciente y conciente
Mi obra se extiende por los continentes
Ser fiel, ser leal, servir y ayudar

Coro
Arriba arriba mi tropa marcha pa’ arriba
Arriba arriba mi tropa marcha pa’ arriba
Arriba arriba mi tropa marcha pa’ arriba
Solidario humanitario soy scout venezolano

La flor de liz que adorna mi pecho
Es un simbolo claro de mucho respeto
Powell abrio un camino directo
A la vida la union la hermandad y al amor
Soy un guia de paz y solidaridad
Todo el mundo conoce cual es mi verdad
Una noche en el monte, en el rio o el mar
La naturaleza es mi casa real.

Coro
Arriba arriba mi tropa marcha pa’ arriba
Arriba arriba mi tropa marcha pa’ arriba
Arriba arriba mi tropa marcha pa’ arriba
Solidario humanitario soy scout venezolano.

TRES HEMBRAS QUE AMO

La filosofía, la Historia y la literatura son tres hembras que amo y que me enriquecen día a día, que me acercan al hombre que debo ser, por eso en estos papeles están mis huellas, y desandándolas puedo llegar a los primeros fervores y a los primeros días, ver a la saludable luz de la distancia en qué andaba, cómo fui encontrando la dirección que hoy llevo, quiénes tuvieron que ver con mi crecimiento, y de lejos son más divertidos los amores difíciles y el hambre, estación por la que siempre volvemos a pasar, y de lejos los cuervos son más grandes y los veranos más largos, a la distancia calientan más los hogares y la abuelas son más sabias.

Mis papeles son el mapa de todo lo que caminé y la biblioteca de proyectos que no sé por qué abandoné o concreté, como la búsqueda de una nueva literatura que provocara una nueva sociedad.

Revisando mis papeles compruebo que el retrato del mundo que soñé hacer terminó siendo un bosquejo de autorretrato, lo que no es poco.

Cada tanto vuelvo a gozar los 27.798 versos de los 24 Cantos del primer poema de la Humanidad, tan ingeniosos como épicos, nacidos en los años en que la inmigración de las tribus dóricas forzaron a la próspera cultura micénica a conformarse con un modo de vida más sencillo, tanto que los llamaron los siglos oscuros, provocados por los aqueos que conquistaron a Troya, heroica y mítica historia que cantó Homero, el que para Platón educó a Grecia porque sin él no hubiera habido ni literatura ni filosofía, Homero, el luminoso ciego por el que tenemos un sistema mitológico de excitantes profundidades espirituales y psicológicas, la base de nuestra lógica que, poéticamente, nos lleva a la ética, al antiguo orden establecido por Zeus, el padre de los dioses y de los hombres, que llevamos en nosotros a todos los fenómenos de la Naturaleza, a los que Homero, con mitos y símbolos, agrega una nueva perspectiva al descubrir nuevos pensamientos en nosotros, Homero, el que veía lo que venía sin dejar de vivir al presente, su presente mitológico, es decir enriquecido por lo mejor del pasado, el ciego vidente que siempre me lleva 3.200 años atrás, a los días en que un pueblo arcaico conquistó una ciudad, necesitado de un paso libre a través de los Dardanelos. Esa es la Odisea que me sigue contando Homero, la odisea que todo hombre realiza en busca de su identidad, de sus metas filosóficas, de su patria espiritual, la patria que para Ulises era el mundo de las ideas de Platón, y Troya el mundo manifestado en el que los hombres se encontraban ligados a las posibilidades limitadas de la percepción física.

Los griegos fueron a Troya a rescatar a Helena, la mujer más bella del mundo, pero en el despertar del pensamiento griego, belleza física también significaba belleza espiritual porque los griegos no separaban lo bello de lo bueno, por eso adoraban a la belleza más que cualquier otro pueblo, por eso Helena era el ideal mayor de la cultura griega, un símbolo de la búsqueda del ánima, la parte femenina del alma humana que nos queda por descubrir, por eso Helena, como Penélope, representa las luchas no realizadas en el alma del héroe, los campos que tiene que encontrar para lograr la perfección espiritual, porque solo así podrá volver a su casa, un retorno al paraíso, la realización de lo que ya existe en el hombre, volver a ser lo que uno fue en el principio, es decir el verdadero, por eso Ulises no deja de pensar en la necesidad de volver a la patria (pensando en ello, Platón creó la noción del recuerdo del mundo de las ideas).

En el sur de Tracia, los griegos se hicieron de un gran botín, por eso Ulises quiso partir enseguida, pero sus hombres se demoraron con el vino, permitiendo a sus enemigos recuperarse de la derrota, lo que le ocasionó muchas bajas a los griegos, a los que lo efímero les hizo olvidar la meta superior, y este descuido es el símbolo de las emociones bajas, de los deseos que vencen a la voluntad del hombre, tonterías que pueden ser fatales.

El hombre suele olvidar sus metas superiores por satisfacer deseos groseros, artificiales, momentáneos (en Platón, los cuerpos son las sombras de las ideas, y en el budismo, la identificación con lo pasajero es la causa de todos los sufrimientos).

A Ulises le costó tanto llevar a sus hombres, que se demoraban en cualquier placer, como a Moisés el pueblo hebreo, y también tuvo que luchar contra la hostilidad de Poseidón, el dios del mar, que era un símbolo del subconsciente, por eso Ulises lo cruzó como un viajero que buscaba su ser verdadero, sabía que en algún lugar de ese mar encontraría su patria, y lo sabía porque estaba en medio del camino, porque ya estaba en marcha.

Siempre vamos a casa, decía Novalis, lo que significa que el hombre es un ser espiritual según su verdadera naturaleza interior, y que su identidad está ligada a su relación con el mundo material, y recordar esta naturaleza original y buscarla es el sentido de la vida. 

Muchas veces, cuando me preguntan mi nombre, estoy tentado a responder como Ulises: Nadie, tal vez porque se tiene poder sobre las cosas de las que se conoce el nombre, y yo soy muy independiente.

En general, asusta lo que no podemos denominar, no nos preocupa tanto lo que tiene nombre, pero lo desconocido siempre se nos hace peligroso, es más fácil luchar contra un enemigo conocido, por eso siento que estoy a salvo cuando no revelo mi identidad (¿Usted es Borges?, le preguntó alguien en la calle. A veces, le dijo el maestro).

El retorno está previsto desde la partida, pero nadie lo tiene seguro, ni siquiera Ulises, al que Eolo, rey de los vientos, se los dio todos en una bolsa, el Ulises que fue reduciendo su tripulación para purificar la travesía, para cuidar la salud del barco, Ulises, el capitán y el símbolo del verdadero yo interior, que tenía que quedar como único sobreviviente, y todos los demás, pequeños yoes que eran solamente aspectos de la personalidad, tenían que morir. Todas las máscaras que habían aceptado les impidieron ser auténticos (por mucho que se enamoraran de ellas), por eso todos pudieron ser transformados en cerdos cuando la maga Circe los hechizó, la maga Circe que representaba un aspecto de Artemisa, diosa de la Naturaleza, y la guerra de Circe contra Ulises fue para defender lo matriarcal de lo patriarcal, pero después de un año, Ulises se liberó de la hechicera y bajó al Hades, más allá de las columnas de Herakles (hoy Gibraltar) para buscar consejo en Tiresías, el sabio vidente, primer descenso a los infiernos que sucede en el Canto ll.

Después, antes de llegar a Ítaca, Ulises vuelve a bajar a los infiernos, como el sol que desaparece bajo la tierra cada atardecer para iniciar su viaje nocturno, pero vuelve a emerger para que el viaje se aclare cerca de las islas de Galli, al norte del estrecho de Messina, pero las sirenas le entorpecen el retorno a casa, lo seducen con sus cantos para volver a bajarlo al reino de los muertos, a las sombras que lo distraen de las metas superiores donde los hombres alcanzan su verdadera estatura, donde se hacen uno con los dioses (los deseos son las peores cadenas de los hombres)

Yo No Quiero Ser Un Ciudadano

Facundo Cabral

Perdoname señor pero a veces me canso
a veces me canso de ser un ciudadano

me cansa la ciudad,las oficinas
me cansa la familia y la economia

La familia,mi señor,ese via crucis de parientes
esa miseria en cooperativa
madre hay una sola,señor
y justo vino a tocarme a mi

Perdoname señor,estoy harto de este infierno
este mercado mediocre donde todos tienen precio
perdoname señor,pero yo me ire contigo
por tus montañas,tus mareas y tus rios

Perdoname señor,pero a veces pienso
que tienes para mi algo mejor que esto
perdoname señor,no quiero ser un ciudadano
yo quiero ser un hombre como me has creado
perdoname señor

Los versos del Capitán

La Carta en el Camino
Adiós, pero conmigo
serás, irás adentro
de una gota de sangre que circule en mis venas
o fuera, beso que me abrasa el rostro
o cinturón de fuego en mi cintura.
Dulce mía, recibe
el gran amor que salió de mi vida
y que en ti no encontraba territorio
como el explorador perdido
en las islas del pan y de la miel.
Yo te encontré después
de la tormenta, la lluvia
lavó el aire y en el agua
tus dulces pies brillaron como peces.
Adorada, me voy a mis combates.
Arañaré la tierra para hacerte una cueva
y allí tu Capitán
te esperará con flores en el lecho.
No pienses más, mi dulce,
en el tormento
que pasó entre nosotros
como un rayo de fósforo
dejándonos tal vez su quemadura.
La paz llegó también porque regreso
a luchar a mi tierra,
y como tengo el corazón completo
con la parte de sangre que me diste
para siempre,
y como
llevo
las manos llenas de tu ser desnudo, mírame,
mírame,
mírame por el mar, que voy radiante,
mírame por la noche que navego,
y mar y noche son los ojos tuyos.
No he salido de ti cuando me alejo.
Ahora voy a contarte:
mi tierra será tuya, yo voy a conquistarla,
no sólo para dártela,
sino que para todos,
para todo mi pueblo.
Saldrá el ladrón de su torre algún día.
Y el invasor será expulsado.
Todos los frutos de la vida
crecerán en mis manos
acostumbrados antes a la pólvora.
Y sabré acariciar las nuevas flores
porque tú me enseñaste la ternura.
Dulce mía, adorada,
vendrás conmigo a luchar cuerpo a cuerpo
porque en mi corazón viven tus besos
como banderas rojas,
y si caigo, no sólo
me cubrirá la tierra
sino este gran amor que me trajiste
y que vivió circulando en mi sangre.
Vendrás conmigo,
en esa hora te espero,
en esa hora y en todas las horas,
en todas las horas te espero.
Y cuando venga la tristeza que odio
a golpear a tu puerta,
dile que yo te espero
y cuando la soledad quiera que cambies
la sortija en que está mi nombre escrito,
dile a la soledad que hable conmigo,
que yo debí marcharme
porque soy un soldado,
y que allí donde estoy,
bajo la lluvia o bajo
el fuego,
amor mío, te espero.
Te espero en el desierto más duro
Y junto al limonero florecido,
en todas las partes donde esté la vida,
donde la primavera está naciendo,
amor mío, te espero.
Cuando te digan: ‘Ese hombre
no te quiere”, recuerda
que mis pies están solos en esa noche, y buscan
los dulce pequeños pies que adoro.
Amor, cuando te digan
que te olvidé, y aun cuando
sea yo quien lo dice,
cuando yo te lo diga,
no me creas,
quién y cómo podrían
cortarte de mi pecho
y quién recibiría
mi sangre
cuando hacia ti me fuera desangrando?
Pero tampoco puedo
olvidar a mi pueblo.
Voy a luchar en cada calle,
detrás de cada piedra.
Tu amor también me ayuda:
es una flor cerrada
que cada vez me llena con su aroma
y que se abre de pronto
dentro de mí como una gran estrella.
Amor mío, es de noche.
El agua negra, el mundo
dormido, me rodean.
Vendrá luego la aurora,
y yo mientras tanto te escribo
para decirte: “Te amo’.
Para decirte “Te amo , cuida,
limpia, levanta,
defiende
nuestro amor, alma mía.
Yo te lo dejo como si dejara
Un puñado de tierra con semillas.
De nuestro amor nacerán vidas.
En nuestro amor beberán agua.
Tal vez llegará un día
en que un hombre
y una mujer, iguales
a nosotros,
tocarán este amor y aún tendrá fuerza
para quemar las manos que lo toquen.
Quiénes fuimos? Qué importa?
Tocarán este fuego
y el fuego, dulce mía, dirá tu simple nombre
y el mío, el nombre
que tú sola supiste porque tú sola
sobre la tierra sabes
quién soy, y porque nadie me conoció como una,
como una sola de tus manos,
porque nadie
supo cómo, ni cuándo
mi corazón estuvo ardiendo:
tan sólo
tus grandes ojos pardos lo supieron,
tu ancha boca,
tu piel, tus pechos,
tu vientre, tus entrañas
y el alma tuya que yo desperté
para que se quedara
cantando hasta el fin de la vida.
Amor, te espero.

Los versos del Capitán
[Poemas: Texto completo]
Pablo Neruda

Explicación

Mucho se discutió el anonimato de este libro. Lo que yo discutía en mi interior mientras tanto, era si debía o no sacarlo de su origen íntimo: revelar su progenitura era desnudar la intimidad de su nacimiento. Y no me parecía que tal acción fuera leal a los arrebatos de amor y furia, al clima desconsolado y ardiente del destierro que le dio nacimiento.

Por otra parte pienso que todos los libros debieran ser anónimos. Pero entre quitar a todos los míos mi nombre o entregarlo al más misterioso, cedí, por fin, aunque sin muchas ganas.

¿Que por qué guardó su misterio por tanto tiempo? Por nada y por todo, por lo de aquí y lo de más allá, por alegrías impropias, por sufrimientos ajenos. Cuando Paolo Ricci, compañero luminoso, lo imprimió por primera vez en Nápoles en 1952 pensamos que aquellos escasos ejemplares que él cuidó y preparó con excelencia, desaparecerían sin dejar huellas en las arenas del sur.

No ha sido así. Y la vida que reclamó su estallido secreto hoy me lo impone como presencia del inconmovible amor.

Entrego, pues, este libro sin explicarlo más, como si fuera mío y no lo fuera: basta con que pudiera andar solo por el mundo y crecer por su cuenta. Ahora que lo reconozco espero que su sangre furiosa me reconocerá también.

Pablo Neruda
Isla Negra, noviembre de 1963

Introducción

Habana, 3 de octubre de 1951

Estimado señor:

Me permito enviarle estos papeles que creo le interesarán y que no he podido dar a la publicidad hasta ahora.

Tengo todos los originales de estos versos. Están escritos en los sitios más diversos, como trenes, aviones, cafés y en pequeños papelitos extraños en los que no hay casi correcciones.

En una de sus últimas cartas venía la “Carta en el camino”.

Muchos de estos papeles por arrugados y cortados son casi ilegibles, pero creo que he logrado descifrarlos.

Mi persona no tiene importancia, pero soy la protagonista de este libro y eso me hace estar orgullosa y satisfecha de mi vida.

Este amor, este gran amor, nació un agosto de un año cualquiera, en mis giras que hacía como artista, por los pueblos de la frontera franco española.

Él venía de la guerra de España. No venía vencido. Era del partido de Pasionaria, estaba lleno de ilusiones y de esperanzas para su pequeño y lejano país, en Centro América. Siento no poder dar su nombre. Nunca he sabido cuál era el verdadero, si Martínez, Ramírez o Sánchez. Yo lo llamo simplemente mi Capitán y éste es el nombre que quiero conservar en este libro.

Sus versos son como él mismo: tiernos, amorosos, apasionados, y terribles en su cólera. Era fuerte y su fuerza la sentían todos los que a él se acercaban. Era un hombre privilegiado de los que nacen para grandes destinos. Yo sentía su fuerza y mi placer más grande era sentirme pequeña a su lado.

Entró a mi vida, como él lo dice en un verso, echando la puerta abajo. No golpeó la puerta con timidez de enamorado. Desde el primer instante, él se sintió dueño de mi cuerpo y de mi alma. Me hizo sentir que todo cambiaba en mi vida, esa pequeña vida mía de artista, de comodidad, de blandura, se transformó como todo lo que él tocaba.

No sabía de sentimientos pequeños, ni tampoco los aceptaba. Me dio su amor, con toda la pasión que él era capaz de sentir y yo lo amé como nunca me creí capaz de amar. Todo se transformó en mi vida. Entré a un mundo que antes nunca soñé que existía. Primero tuve miedo, hubo momentos de duda, pero el amor no me dejó vacilar mucho tiempo.

Este amor me traía todo.

La ternura dulce y sencilla cuando buscaba una flor, un juguete, una piedra de río y me la entregaba con sus ojos húmedos de una ternura infinita. Sus grandes manos eran, en este momento, de una blandura dulce y en sus ojos se asomaba entonces un alma de niño.

Pero había en mí un pasado que él no conocía y había celos y furias incontenibles. Éstas eran como tempestades furiosas que azotaban su alma y la mía, pero nunca tuvieron fuerza para destrozar la cadena que nos unía, que era nuestro amor, y de cada tempestad salíamos más unidos, más fuertes, más seguros de nosotros mismos.

En todos estos momentos, él escribía estos versos, que me hacían subir al cielo o bajar al mismo infierno, con la crudeza de sus palabras que me quemaban como brasas.

Él no podía amar de otra manera.

Estos versos son la historia de nuestro amor, grande en todas sus manifestaciones. Tenía la misma pasión que él ponía en sus combates, en sus luchas contra las injusticias. Le dolía el sufrimiento y la miseria, no sólo de su pueblo, sino de todos los pueblos, todas las luchas por combatirlas eran suyas y se entregaba entero, con toda su pasión.

Yo soy muy poco literaria y no puedo hablar del valor de estos versos, fuera del valor humano que indiscutiblemente tienen. Tal vez el Capitán nunca pensó que estos versos se publicarían, pero ahora creo que es mi deber darlos al mundo.

Saluda atentamente a usted.

Rosario de la Cerda

Los versos del Capitán
El amor

EN TI LA TIERRA
Pequeña
rosa,
rosa pequeña,
a veces,
diminuta y desnuda,
parece
que en una mano mía
cabes,
que así voy a cerrarte
y llevarte a mi boca,
pero
de pronto
mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios, has crecido,
suben tus hombros como dos colinas,
tus pechos se pasean por mi pecho,
mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada
línea de luna nueva que tiene tu cintura:
en el amor como agua de mar te has desatado:
mido apenas los ojos más extensos del cielo
y me inclino a tu boca para besar la tierra.

LA REINA
Yo te he nombrado reina.
Hay más altas que tú, más altas.
Hay más puras que tú, más puras.
Hay más bellas que tú, hay más bellas.
Pero tú eres la reina.
Cuando vas por las calles
nadie te reconoce.
Nadie ve tu corona de cristal, nadie mira
la alfombra de oro rojo
que pisas donde pasas,
la alfombra que no existe.
Y cuando asomas
suenan todos los ríos
en mi cuerpo, sacuden
el cielo las campanas,
y un himno llena el mundo.
Sólo tú y Yo,
sólo tú y yo, amor mío,
lo escuchamos.

EL ALFARERO
Todo tu cuerpo tiene
copa o dulzura destinada a mí.
Cuando subo la mano
encuentro en cada sitio una paloma
que me buscaba, como si te hubieran, amor, hecho de arcilla
para mis propias manos de alfarero.
Tus rodillas, tus senos,
tu cintura faltan en mí como en el hueco
de una tierra sedienta
de la que desprendieron
una forma,
y juntos
somos completos como un solo río,
como una sola arena.

8 DE SEPTIEMBRE
Hoy, este día fue una copa plena,
hoy, este día fue la inmensa ola,
hoy, fue toda la tierra.
Hoy el mar tempestuoso
nos levantó en un beso tan alto que temblamos
a la luz de un relámpago
y, atados, descendimos
a sumergirnos sin desenlazarnos.
Hoy nuestros cuerpos se hicieron extensos,
crecieron hasta el límite del mundo
y rodaron fundiéndose
en una sola gota
de cera o meteoro.
Entre tú y yo se abrió una nueva puerta
y alguien, sin rostro aún,
allí nos esperaba.
TUS PIES
Cuando no puedo mirar tu cara
miro tus pies.
Tus pies de hueso arqueado,
tus pequeños pies duros.
Yo sé que te sostienen,
y que tu dulce peso
sobre ellos se levanta.
Tu cintura y tus pechos,
la duplicada púrpura de tus pezones,
la caja de tus ojos que recién han volado,
tu ancha boca de fruta,
tu cabellera roja,
pequeña torre mía.
Pero no amo tus pies
sino porque anduvieron
sobre la tierra y sobre
el viento y sobre el agua,
hasta que me encontraron.

TUS MANOS
Cuando tus manos salen,
y amor, hacia las mías,
qué me traen volando?
Por qué se detuvieron en mi boca,
de pronto,
por qué las reconozco
como si entonces antes,
las hubiera tocado,
como si antes de ser
hubieran recorrido
mi frente, mi cintura?
Su suavidad venía
volando sobre el tiempo,
sobre el mar, sobre el humo,
sobre la primavera,
y cuando tú pusiste
tus manos en mi pecho,
reconocí esas alas
de paloma dorada,
reconocí esa greda
y ese color de trigo.
Los años de mi vida
yo caminé buscándolas.
Subí las escaleras,
crucé los arrecifes,
me llevaron los trenes,
las aguas me trajeron,
y en la piel de las uvas
me pareció tocarte.
La madera de pronto
me trajo tu contacto,
la almendra me anunciaba
tu suavidad secreta,
hasta que se cerraron
tus manos en mi pecho
y allí como dos alas
terminaron su viaje.
TU RISA
Quítame el pan si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.
No me quites la rosa,
la lanza que desgranas,
el agua que de pronto
estalla en tu alegría,
la repentina ola
de planta que te nace.
Mi lucha es dura y vuelvo
con los ojos cansados
a veces de haber visto
la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mí
todas las puertas de la vida.
Amor mío, en la hora
más oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
ríe, porque tu risa
será para mis manos
como una espada fresca.
Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar
su cascada de espuma,
y en primavera, amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba,
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.
Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de las calles
torcidas de la isla,
ríete de este torpe
muchacho que te quiere,
pero cuando yo abro
los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos,
niégame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
porque me moriría.

EL INCONSTANTE
Los ojos se me fueron
detrás de una morena que pasó.
Era de nácar negro,
era de uvas moradas,
y me azotó la sangre
con su cola de fuego.
Detrás de todas
me voy.
Pasó una clara rubia
como una planta de oro
balanceando sus dones.
Y mi boca se fue
como una ola
descargando en su pecho
relámpagos de sangre.
Detrás de todas
me voy.
Pero a ti, sin moverme,
sin verte, tú distante,
van mi sangre y mis besos,
morena y clara mía,
alta y pequeña mía,
ancha y delgada mía,
mi fea, mi hermosura,
hecha de todo el oro
y de toda la plata,
hecha de todo el trigo
y de toda la tierra,
hecha de toda el agua
de las olas marinas,
hecha para mis brazos,
hecha para mis besos,
hecha para mi alma.

LA NOCHE EN LA ISLA
Toda la noche he dormido contigo
junto al mar, en la isla.
Salvaje y dulce eras entre el placer y el sueño,
entre el fuego y el agua.
Tal vez muy tarde
nuestros sueños se unieron
en lo alto o en el fondo,
arriba como ramas que un mismo viento mueve,
abajo como rojas raíces que se tocan.
Tal vez tu sueño
se separó del mío
y por el mar oscuro
me buscaba como antes,
cuando aún no existías,
cuando sin divisarse navegué por tu lado,
y tus ojos buscaban lo que ahora
-pan, vino, amor y cólera-
te doy a manos llenas
porque tú eres la copa
que esperaba los dones de mi vida.
He dormido contigo
toda la noche mientras
la oscura tierra gira
con vivos y con muertos,
y al despertar de pronto
en medio de la sombra
mi brazo rodeaba tu cintura.
Ni la noche, ni el sueño
pudieron separarnos.
He dormido contigo
y al despertar tu boca
salida de tu sueño
me dio el sabor de tierra,
de agua marina, de algas,
del fondo de tu vida,
y recibí tu beso
mojado por la aurora
como si me llegara
del mar que nos rodea.

EL VIENTO EN LA ISLA
El viento es un caballo:
óyelo cómo corre
por el mar, por el cielo.
Quiere llevarme: escucha
cómo recorre el mundo
para llevarme lejos.
Escóndeme en tus brazos
por esta noche sola,
mientras la lluvia rompe
contra el mar y la tierra
su boca innumerable.
Escucha cómo el viento
me llama galopando
para llevarme lejos.
Con tu frente en mi frente,
con tu boca en mi boca,
atados nuestros cuerpos
al amor que nos quema,
deja que el viento pase
sin que pueda llevarme.
Deja que el viento corra
coronado de espuma,
que me llame y me busque
galopando en la sombra,
mientras yo, sumergido
bajo tus grandes ojos,
por esta noche sola
descansaré, amormío.

LA INFINITA
Ves estas manos? Han medido
la tierra, han separado
los minerales y los cereales,
han hecho la paz y la guerra,
han derribado las distancias
de todos los mares y ríos,
y sin embargo
cuando te recorren
a ti, pequeña, grano de trigo, alondra,
no alcanzan a abarcarle,
se cansan alcanzando
las palomas gemelas
que reposan o vuelan en tu pecho,
recorren las distancias de tus piernas,
se enrollan en la luz de tu cintura.
Para mí eres tesoro más cargado
de inmensidad que el mar y sus racimos
y eres blanca y azul y extensa como
la tierra en la vendimia.
En ese territorio,
de tus pies a tu frente,
andando, andando, andando,
me pasaré la vida.

BELLA
Bella,
como en la piedra fresca
del manantial, el agua
abre un ancho relámpago de espuma,
así es la sonrisa en tu rostro,
bella.
Bella,
de finas manos y delgados pies
como un caballito de plata,
andando, flor del mundo,
así te veo,
bella.
Bella,
con un nido de cobre enmarañado
en tu cabeza, un nido
color de miel sombría
donde mi corazón arde y reposa,
bella.
Bella,
no te caben los ojos en la cara,
no te caben los ojos en la tierra.
Hay países, hay ríos,
en tus ojos,
mi patria está en tus ojos,
yo camino por ellos,
ellos dan luz al mundo
por donde yo camino,
bella.
Bella,
tus senos son como dos panes hechos
de tierra cereal y luna de oro,
bella.
Bella,
tu cintura
la hizo mi brazo como un río cuando
pasó mil años por tu dulce cuerpo,
bella.
Bella,
no hay nada como tus caderas,
tal vez la tierra tiene
en algún sitio oculto
la curva y el aroma de tu cuerpo,
tal vez en algún sitio,
bella.
Bella, mi bella,
tu voz, tu piel, tus uñas,
bella, mi bella,
tu ser, tu luz, tu sombra,
bella,
todo eso es mío, bella,
todo eso es mío, mía,
cuando andas o reposas,
cuando cantas o duermes,
cuando sufres o sueñas,
siempre,
cuando estás cerca o lejos,
siempre,
eres mía, mi bella,
siempre.

LA RAMA ROBADA
En la noche entraremos
a robar
una rama florida.
Pasaremos el muro,
en las tinieblas del jardín ajeno,
dos sombras en la sombra.
Aún no se fue el invierno,
y el manzano aparece
convertido de pronto
en cascada de estrellas olorosas.
En la noche entraremos
hasta su tembloroso firmamento,
y tus pequeñas manos y las mías
robarán las estrellas.
Y sigilosamente,
a nuestra casa,
en la noche y en la sombra,
entrará con tus pasos
el silencioso paso del perfume
y con pies estrellados
el cuerpo claro de la primavera.

EL HIJO
Ay hijo, sabes, sabes
de dónde vienes?
De un lago con gaviotas
blancas y hambrientas.
Junto al agua de invierno
ella y yo levantamos
una fogata roja
gastándonos los labios
de besarnos el alma,
echando al fuego todo,
quemándonos la vida.
Así llegaste al mundo.
Pero ella para verme
y para verte un día
atravesó los mares
y yo para abrazar
su pequeña cintura
toda la tierra anduve,
con guerras y montañas,
con arenas y espinas.
Así llegaste al mundo.
De tantos sitios vienes,
del agua y de la tierra,
del fuego y de la nieve,
de tan lejos caminas
hacia nosotros dos,
desde el amor terrible
que nos ha encadenado,
que queremos saber
cómo eres, qué nos dices,
porque tú sabes más
del mundo que te dimos.
Como una gran tormenta
sacudimos nosotros
el árbol de la vida
hasta las más ocultas
fibras de las raíces
y apareces ahora
cantando en el follaje,
en la más alta rama
que contigo alcanzamos.

LA TIERRA
La tierra verde se ha entregado
a todo lo amarillo, oro, cosechas,
terrones, hojas, grano,
pero cuando el otoño se levanta
con su estandarte extenso
eres tú la que veo,
es para mí tu cabellera
la que reparte las espigas.
Veo los monumentos
de antigua piedra rota,
pero si toco
la cicatriz de piedra
tu cuerpo me responde,
mis dedos reconocen
de pronto, estremecidos,
tu caliente dulzura.
Entre los héroes paso
recién condecorados
por la tierra y la pólvora
y detrás de ellos, muda,
con tus pequeños pasos,
eres o no eres?
Ayer cuando sacaron
de raíz, para verlo,
el viejo árbol enano
te vi salir mirándome
desde las torturadas
y sedientas raíces.
Y cuando viene el sueño
a extenderme y llevarme
a mi propio silencio
hay un gran viento blanco
que derriba mi sueño
y caen de él las hojas,
caen como cuchillos
sobre mí desangrándome.
Y cada herida tiene
la forma de tu boca.

AUSENCIA
Apenas te he dejado,
vas en mí, cristalina
o temblorosa,
o inquieta, herida por mí mismo
o colmada de amor, como cuando tus ojos
se cierran sobre el don de la vida
que sin cesar te entrego.
Amor mío,
nos hemos encontrado
sedientos y nos hemos
bebido toda el agua y la sangre,
nos encontramos
con hambre
y nos mordimos
como el fuego muerde,
dejándonos heridas.
Pero espérame,
guárdame tu dulzura.
Yo te daré también
una rosa.
El deseo
EL TIGRE
Soy el tigre.
Te acecho entre las hojas
anchas como lingotes
de mineral mojado.
El río blanco crece
bajo la niebla. Llegas.
Desnuda te sumerges.
Espero.
Entonces en un salto
de fuego, sangre, dientes,
de un zarpazo derribo
tu pecho, tus caderas.
Bebo tu sangre, rompo
tus miembros uno a uno.
Y me quedo velando
por años en la selva
tus huesos, tu ceniza,
inmóvil,
lejos del odio y de la cólera,
desarmado en tu muerte,
cruzado por las lianas,
inmóvil en la lluvia,
centinela implacable
de mi amor asesino.

EL CÓNDOR
Yo soy el cóndor, vuelo
sobre ti que caminas
y de pronto en un ruedo
de viento, pluma, garras,
te asalto y te levanto
en un ciclón silbante
de huracanado frío.
Y a mi torre de nieve,
a mi guarida negra
te llevo y sola vives,
y te llenas de plumas
y vuelas sobre el mundo,
inmóvil, en la altura.
Hembra cóndor, saltemos
sobre esta presa roja,
desgarremos la vida
que pasa palpitando
y levantemos juntos
nuestro vuelo salvaje.

EL INSECTO
De tus caderas a tus pies
quiero hacer un largo viaje.
Soy más pequeño que un insecto.
Voy por estas colinas,
son de color de avena,
tienen delgadas huellas
que sólo yo conozco,
centímetros quemados,
pálidas perspectivas.
Aquí hay una montaña.
No saldré nunca de ella.
Oh qué musgo gigante!
Y un cráter, una rosa
de fuego humedecido!
Por tus piernas desciendo
hilando una espiral
o durmiendo en el viaje
y llego a tus rodillas
de redonda dureza
como a las cimas duras
de un claro continente.
Hacia tus pies resbalo,
a las ocho aberturas,
de tus dedos agudos,
lentos, peninsulares,
y de ellos al vacío
de la sábana blanca
caigo, buscando ciego
y hambriento tu contorno
de vasija quemante!

Las furias

EL AMOR
Qué tienes, qué tenemos,
qué nos pasa?
Ay nuestro amor es una cuerda dura
que nos amarra hiriéndonos
y si queremos
salir de nuestra herida,
separarnos,
nos hace un nuevo nudo y nos condena
a desangrarnos y quemarnos juntos.
Qué tienes? Yo te miro
y no hallo nada en ti sino dos ojos
como todos los ojos, una boca
perdida entre mil bocas que besé, más hermosas,
un cuerpo igual a los que resbalaron
bajo mi cuerpo sin dejar memoria.
Y qué vacía por el mundo ibas
como una jarra de color de trigo
sin aire, sin sonido, sin substancia!
Yo busqué en vano en ti
profundidad para mis brazos
que excavan, sin cesar, bajo la tierra:
bajo tu piel, bajo tus ojos nada,
bajo tu doble pecho levantado
apenas
una corriente de orden cristalino
que no sabe por qué corre cantando.
Por qué, por qué, por qué, amor mío, por qué?

SIEMPRE
Antes de mí
no tengo celos.
Ven con un hombre
a la espalda,
ven con cien hombres en tu cabellera,
ven con mil hombres entre tu pecho y tus pies,
ven como un río
lleno de ahogados
que encuentra el mar furioso,
la espuma eterna, el tiempo!
Tráelos todos
adonde yo te espero:
siempre estaremos solos,
siempre estaremos tú y yo
solos sobre la tierra
para comenzar la vida!

EL DESVÍO
Si tu pie se desvía de nuevo,
será cortado.
Si tu mano te lleva
a otro camino
se caerá podrida.
Si me apartas tu vida
morirás
aunque vivas.
Seguirás muerta o sombra,
andando sin mí por la tierra.

LA PREGUNTA
Amor, una pregunta
te ha destrozado.
Yo he regresado a ti
desde la incertidumbre con espinas.
Te quiero recta como
la espada o el camino.
Pero te empeñas
en guardar un recodo
de sombra que no quiero.
Amor mío,
compréndeme,
te quiero toda,
de ojos a pies, a uñas,
por dentro,
toda la claridad, la que guardabas.
Soy yo, amor mío,
quien golpea tu puerta.
No es el es el fantasma, no es
el que antes se detuvo
en tu ventana.
yo echo la puerta abajo:
Yo entro en toda tu vida:
vengo a vivir en tu alma:
tú no puedes conmigo.
Tienes que abrir puerta a puerta,
tienes que obedecerme,
tienes que abrir los ojos
para que busque en ellos,
tienes que ver cómo ando
con pasos pesados
por todos los caminos
que, ciegos, me esperaban.
No me temas,
soy tuyo,
pero
no soy el pasajero ni el mendigo,
soy tu dueño,
el que tú esperabas,
y ahora entro
en tu vida,
para no salir más,
amor, amor, amor,
para quedarme.

LA PRÓDIGA
Yo te escogí entre todas las mujeres
para que repitieras
sobre la tierra
mi corazón que baila con espigas
o lucha sin cuartel cuando hace falta.
Yo te pregunto, dónde está mi hijo?
No me esperaba en ti, reconociéndome,
Y diciéndome: “Llámame para salir sobre la tierra
Y continuar tus luchas y tus cantos?”
Devuélveme a mi hijo!
Lo has olvidado en las puertas
del placer, oh pródiga enemiga,
has olvidado que viniste a esta cita,
la más profunda, aquella
en que los dos, unidos, seguiremos hablando
por su boca, amor mío,
ay, todo aquello que no alcanzamos a decirnos?
Cuando yo te levanto en una ola
de fuego y sangre, y se duplica
la vida entre nosotros, acuérdate,
que alguien nos llama
como nadie jamás nos ha llamado
y que no respondemos
y nos quedamos solos y cobardes
ante la vida que negamos.
Pródiga,
abre las puertas,
y que en tu corazón
el nudo ciego
se desenlace y vuele
con tu sangre y la mía
por el mundo!

EL DAÑO
Te he hecho daño, alma mía,
he desgarrado tu alma.
Entiéndeme.
Todos saben quién soy,
pero ese Soy
es además un hombre
para ti.
En ti vacilo, caigo
y me levanto ardiendo.
Tú entre todos los seres
tienes derecho
a verme débil.
Y tu pequeña mano
de pan y de guitarra
debe tocar mi pecho
cuando sale al combate.
Por eso busco en ti la firme piedra.
Ásperas manos en tu sangre clavo
buscando tu firmeza
y la profundidad que necesito,
y si no encuentro
sino tu risa de metal, si no hallo
nada en qué sostener mis duros pasos,
adorada, recibe mi tristeza y mi cólera,
mis manos enemigas
destruyéndote un poco
para que te levantes de la arcilla,
hecha de nuevo para mis combates.

EL POZO
A veces te hundes, caes
en tu agujero de silencio,
en tu abismo de cólera orgullosa,
y apenas puedes
volver, aún con jirones
de lo que hallaste
en la profundidad de tu existencia.
Amor mío, qué encuentras en tu pozo cerrado?
Algas, ciénagas, rocas?
Qué ves con ojos ciegos,
rencorosa y herida?
Mi vida, no hallarás
en el pozo en que caes
lo que yo guardo para ti en la altura:
un ramo de jazmines con rocío
un beso más profundo que tu abismo.
No me temas, no caigas
en tu rencor de nuevo.
Sacude la palabra mía que vino a herirte
y déjala que vuele por la ventana abierta.
Ella volverá a herirme
sin que tú la dirijas
puesto que fue cargada con un instante duro
y ese instante será desarmado en mi pecho.
Sonríeme radiosa
si mi boca te hiere.
No soy un pastor dulce
como en los cuentos de hadas,
sino un buen leñador que comparte contigo
tierra, viento y espinas de los montes.
Ámame, tú, sonríeme,
ayúdame a ser bueno.
No te hieras en mí, que será inútil,
no me hieras a mí porque te hieres.

EL SUEÑO
Andando en las arenas
yo decidí dejarte.
Pisaba un barro oscuro
que temblaba,
y hundiéndome y saliendo
decidí que salieras
de mí, que me pesabas
como piedra cortante,
y elaboré tu pérdida
paso a paso:
cortarte las raíces,
soltarte sola al viento.
Ay, en ese minuto,
corazón mío, un sueño
con sus alas terribles te cubría.
Te sentías tragada por el barro,
y me llamabas y yo no acudía,
te ibas, inmóvil,
sin defenderte
hasta ahogarte en la boca de arena.
Después
mi decisión se encontró con tu sueño,
y desde la ruptura
que nos quebraba el alma,
surgimos limpios otra vez, desnudos,
amándonos
sin sueño, sin arena,
completos y radiantes,
sellados por el fuego.

SI TÚ ME OLVIDAS
Quiero que sepas
una cosa.
Tú sabes cómo es esto:
si miro
la luna de cristal, la rama roja
del lento otoño en mi ventana,
si toco
junto al fuego
la impalpable ceniza
o el arrugado cuerpo de la leña,
todo me lleva a ti,
como si todo lo que existe,
aromas, luz, metales,
fueran pequeños barcos que navegan
hacia las islas tuyas que me aguardan.
Ahora bien,
si poco a poco dejas de quererme
dejaré de quererte poco a poco.
Si de pronto
me olvidas
no me busques
que ya te habré olvidado.
Si consideras largo y loco
el viento de banderas
que pasa por mi vida y te decides
a dejarme a la orilla
del corazón en que tengo raíces,
piensa
que en ese día,
a esa hora
levantaré los brazos
y saldrán mis raíces
a buscar otra tierra.
Pero
si cada día,
cada hora
sientes que a mí estás destinada
con dulzura implacable.
Si cada día sube
una flor a tus labios a buscarme,
ay amor mío, ay mía,
en mí todo ese fuego se repite,
en mí nada se apaga ni se olvida,
mi amor se nutre de tu amor, amada,
y mientras vivas estará en tus brazos
sin salir de los míos.

EL OLVIDO
Todo el amor en una copa
ancha como la tierra, todo
el amor con estrellas y espinas
te di, pero anduviste
con pies pequeños, con tacones sucios
sobre el fuego, apagándolo.
Ay gran amor, pequeña amada!
No me detuve en la lucha.
No dejé de marchar hacia la vida,
hacia la paz, hacia el pan para todos,
pero te alcé en mis brazos
y te clavé a mis besos y te miré como jamás
volverán a mirarte ojos humanos.
Ay gran amor, pequeña amada!
Entonces no mediste mi estatura,
y al hombre que para ti apartó
la sangre, el trigo, el agua
confundiste
con el pequeño insecto que te cayó en la falda.
Ay gran amor, pequeña amada!
No esperes que te mire en la distancia
hacia atrás, permanece
con lo que te dejé, pasea
con mi fotografía traicionada,
yo seguiré marchando,
abriendo anchos caminos contra la sombra, haciendo
suave la tierra, repartiendo
la estrella para los que vienen.
Quédate en el camino.
Ha llegado la noche para ti.
Tal vez de madrugada nos veremos de nuevo.
Ay gran amor, pequeña amada!

LAS MUCHACHAS
Muchachas que buscabais
el gran amor, el gran amor terrible,
qué ha pasado, muchachas?
Tal vez
el tiempo, el tiempo!
Porque ahora,
aquí está, ved cómo pasa
arrastrando las piedras celestes,
destrozando las flores y las hojas,
con un ruido de espumas azotadas
contra todas las piedras de tu mundo,
con un olor de esperma y de jazmines,
junto a la luna sangrienta!
Y ahora
tocas el agua con tus pies pequeños,
con tu pequeño corazón
y no sabes qué hacer!
Son mejores
ciertos viajes nocturnos,
ciertos departamentos,
ciertos divertidísimos paseos,
ciertos bailes sin mayor consecuencia
que continuar el viaje!
Muérete de miedo o de frío,
o de duda,
que yo con mis grandes pasos
la encontraré,
dentro de ti
o lejos de ti,
y ella me encontrará,
la que no temblará frente al amor,
la que estará fundida conmigo
en la vida o la muerte!

TÚ VENÍAS
No me has hecho sufrir
sino esperar.
Aquellas horas
enmarañadas, llenas
de serpientes,
cuando
se me caía el alma y me ahogaba,
tú venías andando,
tú venías desnuda y arañada,
tú llegabas sangrienta hasta mi lecho,
novia mía,
y entonces
toda la noche caminamos
durmiendo
y cuando despertamos
eras intacta y nueva,
como si el grave viento de los sueños
de nuevo hubiera dado
fuego a tu cabellera
y en trigo y plata hubiera sumergido
tu cuerpo hasta dejarlo deslumbrante.
Yo no sufrí amor mío,
yo sólo te esperaba.
Tenías que cambiar de corazón
y de mirada
después de haber tocado la profunda
zona de mar que te entregó mi pecho.
Tenías que salir del agua
pura como una gota levantada
por una ola nocturna.
Novia mía, tuviste
que morir y nacer, yo te esperaba
Yo no sufrí buscándote,
sabía que vendrías,
una nueva mujer con lo que adoro
de la que no adoraba,
con tus ojos, tus manos y tu boca
pero con otro corazón
que amaneció a mi lado
como si siempre hubiera estado allí
para seguir conmigo para siempre.

Las vidas

EL MONTE Y EL RÍO
En mi patria hay un monte.
En mi patria hay un río.
Ven conmigo.
La noche al monte sube.
El hambre baja al río.
Ven conmigo.
Quiénes son los que sufren?
No sé, pero son míos.
Ven conmigo.
No sé, pero me llaman
y me dicen: “Sufrimos”.
Ven conmigo.
Y me dicen: “Tu pueblo,
tu pueblo desdichado,
entre el monte y el río,
con hambre y con dolores,
no quiere luchar solo,
te está esperando, amigo”.
Oh tú, la que yo amo,
pequeña, grano rojo
de trigo,
será dura la lucha,
la vida será dura,
pero vendrás conmigo.

LA POBREZA
Ay no quieres,
te asusta
la pobreza,
no quieres
ir con zapatos rotos al mercado
y volver con el viejo vestido.
Amor, no amamos,
como quieren los ricos,
la miseria. Nosotros
la extirparemos como diente maligno
que hasta ahora ha mordido el corazón del hombre.
Pero no quiero
que la temas.
Si llega por mi culpa a tu morada,
si la pobreza expulsa
tus zapatos dorados,
que no expulse tu risa que es el pan de mi vida.
Si no puedes pagar el alquiler
sal al trabajo con paso orgulloso,
y piensa, amor, que yo te estoy mirando
y somos juntos la mayor riqueza
que jamás se reunió sobre la tierra.

LAS VIDAS
Ay qué incómoda a veces
te siento
conmigo, vencedor entre los hombres!
Porque no sabes
que conmigo vencieron
miles de rostros que no puedes ver,
miles de pies y pechos que marcharon conmigo,
que no soy,
que no existo,
¿ue sólo soy la frente de los que van conmigo,
que soy más fuerte
porque llevo en mí
no mí pequeña vida
sino todas las vidas,
y ando seguro hacia adelante
porque tengo mil ojos,
golpeo con peso de piedra
porque tengo mil manos
y mi voz se oye en las orillas
de todas las tierras
porque es la voz de todos
los que no hablaron,
de los que no cantaron
y cantan hoy con esta boca
que a ti te besa.

LA BANDERA
Levántate conmigo.
Nadie quisiera
como yo quedarse
sobre la almohada en que tus párpados
quieren cerrar el mundo para mí.
Allí también quisiera
dejar dormir mi sangre
rodeando tu dulzura.
Pero levántate,
tú, levántate,
pero conmigo levántate
y salgamos reunidos
a luchar cuerpo a cuerpo
contra las telarañas del malvado,
contra el sistema que reparte el hambre,
contra la organización de la miseria.
Vamos,
y tú, mi estrella, junto a mí,
recién nacida de mi propia arcilla,
ya habrás hallado el manantial que ocultas
y en medio del fuego estarás junto a mí,
con tus ojos bravíos, alzando mi bandera.

El Amor del Soldado
En plena guerra te llevó la vida
a ser el amor del soldado.
Con tu pobre vestido de seda,
tus uñas de piedra falsa
te tocó caminar por el fuego.
Ven acá, vagabunda,
ven a beber sobre mi pecho
rojo rocío.
No querías saber dónde andabas,
eras la compañera de baile,
no tenías partido ni patria.
Y ahora a mi lado caminando
ves que conmigo va la vida
y que detrás está la muerte.
Ya no puedes volver a bailar
con tu traje de seda en la sala.
Te vas a romper los zapatos,
pero vas a crecer en la marcha.
Tienes que andar sobre las espinas
dejando gotitas de sangre.
Bésame de nuevo, querida.
Limpia ese fusil, camarada.

NO SÓLO EL FUEGO
Ay sí, recuerdo,
ay tus ojos cerrados
como llenos por dentro de luz negra,
todo tu cuerpo como una mano abierta,
como un racimo blanco de la luna,
y el éxtasis,
cuando nos mata un rayo,
cuando un puñal nos hiere en las raíces
y nos rompe una luz la cabellera,
y cuando
vamos de nuevo
volviendo a la vida,
como si del océano saliéramos,
como si del naufragio
volviéramos heridos
entre las piedras y las algas rojas.
Pero
hay otros recuerdos,
no sólo flores del incendio,
sino pequeños brotes
que aparecen de pronto
cuando voy en los trenes
o en las calles.
Te veo
lavando mis pañuelos,
colgando en la ventana
mis calcetines rotos,
tu figura en que todo,
todo el placer como una llamarada
cayó sin destruirte,
de nuevo,
mujercita
de cada día,
de nuevo ser humano,
humildemente humano,
soberbiamente pobre,
como tienes que ser para que seas
no la rápida rosa
que la ceniza del amor deshace,
sino toda la vida,
toda la vida con jabón y agujas,
con el aroma que amo
de la cocina que tal vez no tendremos
y en que tu mano entre las papas fritas
y tu boca cantando en invierno
mientras llega el asado
serían para mí la permanencia
de la felicidad sobre la tierra.
Ay vida mía,
no sólo el fuego entre nosotros arde,
si no toda la vida,
la simple historia,
el simple amor
de una mujer y un hombre
parecidos a todos.

LA MUERTA
Si de pronto no existes,
si de pronto no vives,
yo seguiré viviendo.
No me atrevo,
no me atrevo a escribirlo,
si te mueres.
Yo seguiré viviendo.
Porque donde no tiene voz un hombre
allí, mi voz.
Donde los negros sean apaleados
yo no puedo estar muerto.
Cuando entren en la cárcel mis hermanos
entraré yo con ellos.
Cuando la victoria,
no mi victoria,
sino la gran victoria
llegue
aunque esté mudo debo hablar:
yo la veré llegar aunque esté ciego.
No, perdóname.
Si tú no vives,
si
tú, querida, amor mío,
si tú
te has muerto,
todas las hojas caerán en mi pecho,
lloverá sobre mi alma noche y día,
la nieve quemará mi corazón,
andaré con frío y fuego y muerte y nieve,
mis pies querrán marchar hacia donde tú duermes,
pero
seguiré vivo,
porque tú me quisiste sobre todas las cosas
indomable,
y, amor, porque tú sabes que soy no sólo un hombre
sino todos los hombres.

PEQUEÑA AMÉRICA
Cuando miro la forma
de América en el mapa,
amor, a ti te veo:
las alturas del cobre en tu cabeza,
tus pechos, trigo y nieve,
tu cintura delgada,
veloces ríos que palpitan, dulces
colinas y praderas
y en el frío del sur tus pies terminan
su geografía de oro duplicado.
Amor, cuando te toco
no sólo han recorrido
mis manos tu delicia,
sino ramas y tierras, frutas y agua,
la primavera que amo,
la luna del desierto, el pecho
de la paloma salvaje,
la suavidad de las piedras gastadas
por las aguas del mar o de los ríos
y la espesura roja
del matorral en donde
la sed y el hambre acechan.
Y así mi patria extensa me recibe,
pequeña América, en tu cuerpo.
Aún más, cuando te veo recostada
veo en tu piel, en tu color de avena,
la nacionalidad de mi cariño.
Porque desde tus hombros
el cortador de caña
de Cuba abrasadora
me mira, lleno de sudor oscuro,
y desde tu garganta
pescadores que tiemblan
en las húmedas casas de la orilla
me cantan su secreto.
Y así a lo largo de tu cuerpo,
pequeña América adorada
las tierras y los pueblos
interrumpen mis besos
y tu belleza entonces
no sólo enciende el fuego
que arde sin consumirse entre nosotros,
sino que con tu amor me está llamando
y a través de tu vida
me está dando la vida que me falta
y al sabor de tu amor se agrega el barro,
el beso de la tierra que me aguarda.

Oda y Germinaciones

I
El sabor de tu boca y el color de tu piel,
piel, boca, fruta mía de estos días veloces,
dímelo, fueron sin cesar a tu lado
por años y por viajes y por lunas y soles
y tierra y llanto y lluvia y alegría
o sólo ahora, sólo
salen de tus raíces
como a la tierra seca el agua trae
germinaciones que no conocía
o a los labios del cántaro olvidado
sube en el agua el gusto de la tierra?
No sé, no me lo digas, no lo sabes.
Nadie sabe estas cosas.
Pero acercando todos mis sentidos
a la luz de tu piel, desapareces,
te fundes como el ácido
aroma de una fruta
y el calor de un camino,
el olor del maíz que se desgrana,
la madreselva de la tarde pura,
los nombres de la tierra polvorienta,
el perfume infinito de la patria:
magnolia y matorral, sangre y harina,
galope de caballos,
la luna polvorienta de la aldea,
el pan recién nacido:
ay todo de tu piel vuelve a mi boca,
vuelve a mi corazón, vuelve a mi cuerpo,
y vuelvo a ser contigo
la tierra que tú eres:
eres en mí profunda primavera:
vuelvo a saber en ti cómo germino.
II
Años tuyos que yo debí sentir
crecer cerca de mí como racimos
hasta que hubieras visto cómo el sol y la tierra,
a mis manos de piedra te hubieran destinado
hasta que uva con uva hubieras hecho
cantar en mis venas el vino.
El viento o el caballo
desviándose pudieron
hacer que yo pasara por tu infancia,
el mismo cielo has visto cada día,
el mismo barro del invierno oscuro,
la enramada sin fin de los ciruelos
y su dulzura de color morado.
Sólo algunos kilómetros de noche,
las distancias mojadas
de la aurora campestre,
un puñado de tierra nos separó, los muros
transparentes
que no cruzamos, para que la vida,
después, pusiera todos
los mares y la tierra
entre nosotros, y nos acercáramos
a pesar del espacio,
paso a paso buscándonos,
de un océano a otro,
hasta que vi que el cielo se incendiaba
y volaba en la luz tu cabellera
y llegaste a mis besos con el fuego
de un desencadenado meteoro
y al fundirte en mi sangre, la dulzura
del ciruelo salvaje
de nuestra infancia recibí en mi boca,
y te apreté a mi pecho
como si la tierra y la vida recobrara.
III
Mi muchacha salvaje, hemos tenido
que recobrar el tiempo
y marchar hacia atrás, en la distancia
de nuestras vidas, beso a beso,
recogiendo de un sitio lo que dimos
sin alegría, descubriendo en otro
el camino secreto
que iba acercando tus pies a los míos,
y así bajo mi boca
vuelves a ver la planta insatisfecha
de tu vida alargando sus raíces
hacia mi corazón que te esperaba.
Y una a una las noches
entre nuestras ciudades separadas
se agregan a la noche que nos une.
La luz de cada día
su llama o su reposo
nos entregan, sacándolos del tiempo,
y así se desentierra
en la sombra o la luz nuestro tesoro,
y así besan la vida nuestros besos:
todo el amor en nuestro amor se encierra:
toda la sed termina en nuestro abrazo.
Aquí estamos al fin frente a frente,
nos hemos encontrado,
no hemos perdido nada.
Nos hemos recorrido labio a labio,
hemos cambiado mil veces,
entre nosotros la muerte y la vida,
todo lo que traíamos
como muertas medallas
lo echamos al fondo del mar,
todo lo que aprendimos
no nos sirvió de nada:
comenzamos de nuevo,
terminamos de nuevo
muerte y vida.
Y aquí sobrevivimos,
puros, con la pureza que nosotros creamos,
más anchos que la tierra que no pudo extraviarnos,
eternos como el fuego que arderá
cuanto dure la vida.
IV
Cuando he llegado aquí se detiene mi mano.
Alguien pregunta: Dime por qué, como las olas
en una misma costa, tus palabras
sin cesar van y vuelven a su cuerpo?
Ella es sólo la forma que tú amas?
Y respondo: mis manos no se sacian
en ella, mis besos no descansan,
por qué retiraría las palabras
que repiten la huella de su contacto amado,
que se cierran guardando
inútilmente como en la red el agua,
la superficie y la temperatura
de la ola más pura de la vida?
Y, amor, tu cuerpo no sólo es la rosa
que en la sombra o la luna se levanta
o sorprendo o persigo.
No sólo es movimiento o quemadura,
acto de sangre o pétalo del fuego,
sino que para mí tú me has traído
mi territorio, el barro de mi infancia,
las olas de la avena,
la piel redonda de la fruta oscura
que arranqué de la selva,
aroma de maderas y manzanas,
color de agua escondida donde caen
frutos secretos y profundas hojas.
Oh amor tu cuerpo sube
como una línea pura de vasija
desde la tierra que me reconoce
y cuando te encontraron mis sentidos
tú palpitaste como si cayeran
dentro de ti la lluvia y las semillas!
Ay que me digan cómo
pudiera yo abolirte
y dejar que mis manos sin tu forma
arrancaran el fuego a mis palabras!
Suave mía, reposa
tu cuerpo en estas líneas que te deben
más de lo que me das en tu contacto,
vive en estas palabras y repite
en ellas la dulzura y el incendio,
estremécete en medio de sus sílabas,
duerme en mi nombre como te has dormido
sobre mi corazón, y así mañana el
hueco de tu forma
guardarán mis palabras
y el que las oiga un día recibirá una ráfaga
de trigo y amapolas:
estará todavía respirando
el cuerpo del amor sobre la tierra!
V
Hilo de trigo y agua
de cristal o de fuego,
la palabra y la noche,
el trabajo y la ira,
la sombra y la ternura
todo lo has ido poco a poco cosiendo
a mis bolsillos rotos
y no sólo en la zona trepidante
en que amor y martirio son gemelos
como dos campanas de incendio,
me esperaste, amor mío,
sino en las más pequeñas
obligaciones dulces.
El aceite dorado de Italia hizo tu nimbo,
santa de la cocina y la costura,
y tu coquetería pequeñuela,
que tanto se tardaba en el espejo,
con tus manos que tienen
pétalos que el jazmín envidiaría
lavó los utensilios y mi ropa,
desinfectó las llagas.
Amor mío, a mi vida
llegaste preparada
como amapola y como guerrillera:
de seda el esplendor que yo recorro
con el hambre y la sed
que sólo para ti traje a este mundo,
y detrás de la seda
la muchacha de hierro
que luchará a mi lado.
Amor, amor, aquí nos encontramos.
Seda y metal, acércate a mi boca.
VI
Y porque Amor combate
no sólo en su quemante agricultura,
sino en la boca de hombres y mujeres,
terminaré saliéndoles al camino
a los que entre mi pecho y tu fragancia
quieran interponer su planta oscura.
De mí nada más malo
te dirán, amor mío
de lo que yo te dije.
Yo viví en las praderas
antes de conocerte
y no esperé el amor sino que estuve
acechando y salté sobre la rosa.
Qué más pueden decirte?
No soy bueno ni malo sino un hombre,
y agregarán entonces el peligro
de mi vida, que conoces
y que con tu pasión has compartido.
Y bien, este peligro
es peligro de amor, de amor completo
hacia toda la vida, hacia todas las vidas,
y si este amor nos trae
la muerte o las prisiones,
yo estoy seguro que tus grandes ojos,
como cuando los beso
se cerrarán entonces con orgullo,
con doble orgullo, amor,
con tu orgullo y el mío.
Pero hacia mis orejas vendrán antes
a socavar la torre
del amor dulce y duro que nos liga,
y me dirán: “Aquella
que tú amas,
no es mujer para ti,
por qué la quieres? Creo
que podrías hallar una más bella,
más seria, más profunda,
más otra, tú me entiendes, mírala qué ligera,
y qué cabeza tiene,
y mírala cómo se viste
y etcétera y etcétera”.
Y yo en estas líneas digo:
así te quiero, amor, amor,
así te amo, así como te vistes
y como se levanta
tu cabellera y como
tu boca se sonríe,
ligera como el agua
del manantial sobre las piedras puras,
así te quiero amada.
Al pan yo no le pido que me enseñe
sino que no me falte
durante cada día de la vida.
Yo no sé nada de la luz, de dónde
viene ni dónde va,
yo sólo quiero que la luz alumbre,
yo no pido a la noche
explicaciones,
yo la espero y me envuelve,
y así tú, pan y luz
y sombra eres.
Has venido a mi vida con lo que tú traías,
hecha
de luz y pan y sombra te esperaba,
y así te necesito,
así te amo,
y a cuantos quieran escuchar mañana
lo que no les diré, que aquí lo lean,
y retrocedan hoy porque es temprano
para estos argumentos.
Mañana sólo les daremos
una hoja del árbol de nuestro amor, una hoja
que caerá sobre la tierra
como si la hubieran hecho nuestros labios,
como un beso que cae
desde nuestras alturas invencibles
para mostrar el fuego y la ternura
de un amor verdadero.
EPITALAMIO

Recuerdas cuando
en invierno llegamos a la isla?
El mar hacia nosotros levantaba
una copa de frío.
En las paredes las enredaderas
susurraban dejando
caer hojas oscuras
a nuestro paso.
Tú eras también una pequeña hoja
que temblaba en mi pecho.
El viento de la vida allí te puso.
En un principio no te vi: no supe
que ibas andando conmigo,
hasta que tus raíces
horadaron mi pecho,
se unieron a los hilos de mi sangre,
hablaron por mi boca,
florecieron conmigo.
Así fue tu presencia inadvertida,
hoja o rama invisible
y se pobló de pronto
mi corazón de frutos y sonidos.
Habitaste la casa
que te esperaba oscura
y encendiste las lámparas entonces.
Recuerdas, amor mío,
nuestros primeros pasos en la isla?
Las piedras grises nos reconocieron,
las rachas de la lluvia,
los gritos del viento en la sombra.
Pero fue el fuego
nuestro único amigo,
junto a él apretamos
el dulce amor de invierno
a cuatro brazos.
El fuego vio crecer nuestro beso desnudo
hasta tocar estrellas escondidas,
y vio nacer y morir el dolor
como una espada rota
contra el amor invencible.
Recuerdas,
oh dormida en mi sombra,
cómo de ti crecía el sueño,
de tu pecho desnudo
abierto con sus cúpulas gemelas
hacia el mar, hacia el viento de la isla
y cómo yo en tu sueño navegaba
libre, en el mar y en el viento
atado y sumergido sin embargo
al volumen azul de tu dulzura?
Oh dulce, dulce mía,
cambió la primavera
los muros de la isla.
Apareció una flor como una gota
de sangre anaranjada,
y luego descargaron los colores
todo su peso puro.
El mar reconquistó su transparencia,
la noche en el cielo
destacó sus racimos
y ya todas las cosas susurraron
nuestro nombre de amor, piedra por piedra
dijeron nuestro nombre y nuestro beso.
La isla de piedra y musgo
resonó en el secreto de sus grutas
como en tu boca el canto,
y la flor que nacía
entre los intersticios de la piedra
con su secreta sílaba
dijo al pasar tu nombre
de planta abrasadora,
y la escarpada roca levantada
como el muro del mundo
reconoció mi canto, bienamada,
y todas las cosas dijeron
tu amor, mi amor, amada,
porque la tierra, el tiempo, el mar, la isla,
la vida la marea,
el germen que entreabre
sus labios en la tierra,
la flor devoradora,
el movimiento de la primavera,
todo nos reconoce.
Nuestro amor ha nacido
fuera de las paredes, en el viento,
en la noche,
en la tierra,
y por eso la arcilla y la corola,
el barro y las raíces
saben cómo te llamas,
y saben que mi boca
se juntó con la tuya
porque en la tierra nos sembraron juntos
sin que sólo nosotros lo supiéramos
y que crecemos juntos
y florecemos juntos
y por eso
cuando pasamos,
tu nombre está en los pétalos
de la rosa que crece en la piedra,
mi nombre está en las grutas.
Ellos todo lo saben,
no tenemos secretos,
hemos crecido juntos
pero no lo sabíamos.
El mar conoce nuestro amor, las piedras
de la altura rocosa
saben que nuestros besos florecieron
con pureza infinita,
cómo en sus intersticios una boca
escarlata amanece:
así conocen nuestro amor y el beso
que reúne tu boca y la mía
en una flor eterna.
Amor mía,
la primavera dulce,
flor y mar, nos rodean.
No la cambiamos
por nuestro invierno,
cuando el viento
comenzó a descifrar tu nombre
que hoy en todas las horas repite,
cuando
las hojas no sabían
que tú eras una hoja,
cuando
las raíces
no sabían que tú me buscabas
en mi pecho.
Amor, amor,
la primavera
nos ofrece el cielo,
pero la tierra oscura
es nuestro nombre,
nuestro amor pertenece
a todo el tiempo y la tierra.
Amándonos, mi brazo
bajo tu cuello de arena
esperaremos
cómo cambia la tierra y el tiempo
en la isla,
cómo caen las hojas
de las enredaderas taciturnas,
cómo se va el otoño
por la ventana rota.
Pero nosotros
vamos a esperar
a nuestro amigo,
a nuestro amigo de ojos rojos,
el fuego,
cuando de nuevo el viento
sacuda las fronteras de la isla
y desconozca el nombre
de todos,
el invierno
nos buscará, amor mío,
siempre,
nos buscará, porque lo conocemos,
porque no lo tememos,
porque tenemos
con nosotros
el fuego
para siempre.
Tenemos
la tierra con nosotros
para siempre,
la primavera con nosotros
para siempre,
y cuando se desprenda
de las enredaderas
una hoja
tú sabes amor mío,
qué nombre viene escrito
en esa hoja,
un nombre que es el tuyo y es el mío,
nuestro nombre de amor, un solo
ser, la flecha
que atravesó el invierno,
el amor invencible,
el fuego de los días,
una hoja
que me cayó en el pecho,
yo una hoja del árbol
de la vida
que hizo nido y cantó
que echó raíces,
que dio flores y frutos.
Y así ves, amor mío cómo marcho
por la isla,
por el mundo,
seguro en medio de la primavera,
loco de luz en el frío,
andando tranquilo en el fuego,
levantando tu peso
de pétalo en mis brazos
como si nunca hubiese caminado
sino contigo alma mía,
como si no supiera caminar
sino contigo,
corno si no supiera cantar
sino cuando tú cantas.

La Carta en el Camino

Adiós, pero conmigo
serás, irás adentro
de una gota de sangre que circule en mis venas
o fuera, beso que me abrasa el rostro
o cinturón de fuego en mi cintura.
Dulce mía, recibe
el gran amor que salió de mi vida
y que en ti no encontraba territorio
como el explorador perdido
en las islas del pan y de la miel.
Yo te encontré después
de la tormenta, la lluvia
lavó el aire y en el agua
tus dulces pies brillaron como peces.
Adorada, me voy a mis combates.
Arañaré la tierra para hacerte una cueva
y allí tu Capitán
te esperará con flores en el lecho.
No pienses más, mi dulce,
en el tormento
que pasó entre nosotros
como un rayo de fósforo
dejándonos tal vez su quemadura.
La paz llegó también porque regreso
a luchar a mi tierra,
y como tengo el corazón completo
con la parte de sangre que me diste
para siempre,
y como
llevo
las manos llenas de tu ser desnudo, mírame,
mírame,
mírame por el mar, que voy radiante,
mírame por la noche que navego,
y mar y noche son los ojos tuyos.
No he salido de ti cuando me alejo.
Ahora voy a contarte:
mi tierra será tuya, yo voy a conquistarla,
no sólo para dártela,
sino que para todos,
para todo mi pueblo.
Saldrá el ladrón de su torre algún día.
Y el invasor será expulsado.
Todos los frutos de la vida
crecerán en mis manos
acostumbrados antes a la pólvora.
Y sabré acariciar las nuevas flores
porque tú me enseñaste la ternura.
Dulce mía, adorada,
vendrás conmigo a luchar cuerpo a cuerpo
porque en mi corazón viven tus besos
como banderas rojas,
y si caigo, no sólo
me cubrirá la tierra
sino este gran amor que me trajiste
y que vivió circulando en mi sangre.
Vendrás conmigo,
en esa hora te espero,
en esa hora y en todas las horas,
en todas las horas te espero.
Y cuando venga la tristeza que odio
a golpear a tu puerta,
dile que yo te espero
y cuando la soledad quiera que cambies
la sortija en que está mi nombre escrito,
dile a la soledad que hable conmigo,
que yo debí marcharme
porque soy un soldado,
y que allí donde estoy,
bajo la lluvia o bajo
el fuego,
amor mío, te espero.
Te espero en el desierto más duro
Y junto al limonero florecido,
en todas las partes donde esté la vida,
donde la primavera está naciendo,
amor mío, te espero.
Cuando te digan: ‘Ese hombre
no te quiere”, recuerda
que mis pies están solos en esa noche, y buscan
los dulce pequeños pies que adoro.
Amor, cuando te digan
que te olvidé, y aun cuando
sea yo quien lo dice,
cuando yo te lo diga,
no me creas,
quién y cómo podrían
cortarte de mi pecho
y quién recibiría
mi sangre
cuando hacia ti me fuera desangrando?
Pero tampoco puedo
olvidar a mi pueblo.
Voy a luchar en cada calle,
detrás de cada piedra.
Tu amor también me ayuda:
es una flor cerrada
que cada vez me llena con su aroma
y que se abre de pronto
dentro de mí como una gran estrella.
Amor mío, es de noche.
El agua negra, el mundo
dormido, me rodean.
Vendrá luego la aurora,
y yo mientras tanto te escribo
para decirte: “Te amo’.
Para decirte “Te amo , cuida,
limpia, levanta,
defiende
nuestro amor, alma mía.
Yo te lo dejo como si dejara
Un puñado de tierra con semillas.
De nuestro amor nacerán vidas.
En nuestro amor beberán agua.
Tal vez llegará un día
en que un hombre
y una mujer, iguales
a nosotros,
tocarán este amor y aún tendrá fuerza
para quemar las manos que lo toquen.
Quiénes fuimos? Qué importa?
Tocarán este fuego
y el fuego, dulce mía, dirá tu simple nombre
y el mío, el nombre
que tú sola supiste porque tú sola
sobre la tierra sabes
quién soy, y porque nadie me conoció como una,
como una sola de tus manos,
porque nadie
supo cómo, ni cuándo
mi corazón estuvo ardiendo:
tan sólo
tus grandes ojos pardos lo supieron,
tu ancha boca,
tu piel, tus pechos,
tu vientre, tus entrañas
y el alma tuya que yo desperté
para que se quedara
cantando hasta el fin de la vida.
Amor, te espero.
Adiós, amor, te espero.
Amor, amor, te espero.
Y así esta carta se termina
sin ninguna tristeza:
están firmes mis pies sobre la tierra,
mi mano escribe esta carta en el camino,
y en medio de la vida estaré
siempre
junto al amigo, frente al enemigo,
con tu nombre en la boca
y un beso que jamás
se apartó de la tuya.

FIN

fuente :http://www.ciudadseva.com/textos/poesia/capitan.htm

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