NOS HABÍAMOS AMADO TANTO

“Yo aun no entiendo” repite Antonio en la voz de Laurence Harvey.

“No entendí nada” y “…aun no entiendo”, podría continuar Antonio: “no hay un motivo serio, no te he sido infiel, no te he faltado el respeto, solo actué como un hombre enamorado, solo estuve loco de amor por ti, pero ya volví.

Es la ciclotimia del corazón que aqueja a todo hombre enamorado, pero ya está sano, volvió, y con esta palabra le está diciendo: ahora puedo amarte y hacerte feliz. En la voz de Antonio podrían reconocerse los amantes cuando dice: “Luciana, tú me dijiste que te he amado como nadie te ha amado en la vida”…

NOS HABÍAMOS AMADO TANTO
NOS HABÍAMOS AMADO TANTO

NOS HABÍAMOS AMADO TANTO

Ettore Scola y la vida misma

PARA SCOLA TODOS SOMOS DIRECTORES

Y el espectador no tiene que dejar la butaca para producir una “nueva cinta”. Así lo quiso Ettore Scola en “Nos habíamos amado tanto” (1974). Una obra de arte en 120 minutos de celuloide…y de eterna vigencia.

El filme está abierto a múltiples lecturas: la social, la histórica, la política, la humana… una obra de arte siempre es polisémica, posee múltiples significados, pero es el espectador quien con su interpretación la completa y al hacerlo aparece una propia, que es nueva, personal y auténtica.

“Una crítica es una cuestión de distancia correcta” dijo Walter Benjamin, sin embargo, la distancia implica un límite entre dos puntos y como sabemos: “un límite no es eso en lo que algo se detiene sino aquello a partir de lo cual algo inicia su presencia” (Heidegger).

Y esta presencia de lo nuevo, nos permite a cada uno contar nuestra propia historia eligiendo los protagonistas y las escenas de la obra. Para Scola todos somos directores de cine.

Con los personajes de Antonio y Luciana, el director hace una película dentro de otra película: la de Kim Novak en el papel de Mildred Rogers en Servidumbre Humana (Ken Hughes, 1964).

Scola, nos muestra el camino y con un guiño nos da a todos la oportunidad de escoger y ordenar la secuencia narrativa de las escenas, y dejar que surja, como una epifanía, una nueva versión, personalísima y única como la vida misma.

Como haría Scola, apago todas las luces del escenario y sólo dejo encendido el spot que ilumina directamente a los protagonistas.

En la primera escena Antonio está enamorado y no puede decírselo a su amada; lo tiene que hacer a través de un juego,” ¿Usted me oye?”, le pregunta, ella le contesta: “No”, está claro, solo si ella no escucha el hombre enamorado puede expresar su amor, porque si no, se rompe el encantamiento.

Scola nos muestra el arquetipo del hombre enamorado, de todos los Antonios del mundo, de todos los Antonios que se pierden en la noche de los tiempos, y de todos aquellos que se perderán en el futuro, que no podrán darle muestras de amor a sus Lucianas a riesgo de perderlas, porque como dijo el protagonista en la escena donde se reencuentran los tres amigos: “el futuro ya pasó”.

El estado patológico de Antonio es el de todo hombre enamorado, Luciana lo acerca y aleja. Antonio se desestabiliza, pierde el control y provoca con sus actos la violenta reacción de Luciana que le dice; “Yo hago lo que se me antoja”, “No tengo vínculos, ni quiero tenerlos”. “No te hagas ilusiones”. En otras palabras: “no estoy dispuesta a continuar, no eres el hombre que yo necesito”.

Años después se encuentran y con la mirada ya se han perdonado. Ella le dice: “¿Y tú?”(¿Cómo estás?) Y en ese: “¿Y tú?” de Luciana hay algo más profundo, le está diciendo: estoy aquí, me intereso por ti; y él mientras se sienta en la banca del parque le responde: estuve como un loco enamorado: “últimamente tuve una forma de ciclotimia”, lo dejé todo por ti: “estuve mal, tuve que dejar el hospital”, pero ahora ya estoy bien: “estoy sano ya volví”.

Pero si el bien es aquello hacia lo que todas las cosas tienden y el fin último de la vida humana no es otro que la felicidad (Aristóteles, Ética a Nicómaco), no todos los Antonios y Lucianas del mundo disponen de la juventud que le permitió a Scola volverlos a unir.

Y, esa unión, ese encuentro, para Karl Jung no es una casualidad sino una sincronicidad, algo único en la dimensión del espacio-tiempo, que no tiene ninguna relación causal pero sí una profunda significación en nuestras vidas.

Gibrán lo explica bien cuando le dice a su amada Mary Haskell,
“Cuando dos personas se encuentran, son como dos Calas acuáticas que se abren de lado a lado, cada una mostrando su corazón dorado, y reflejando el remanso, las nubes y los cielos.”
(Khalil Gibrán, 1914)

Al final se produce la escena en la que Scola proyecta los deseos de todos los hombres enamorados del mundo; en ella Kim Novak como Mildred Rogers es Luciana y el actor Laurence Harvey es Antonio, que identifica y reúne a todos los Antonios que quieren escuchar de su amada: “…tú eres el único hombre de mi vida!”.

Kim Novak, ofrece a los hombres la satisfacción de un atávico deseo cuya cimentación cultural fue forjándose a través de la historia de la humanidad.
Este ideal romántico del hombre –que el genio de Scola descubre en su personaje Antonio–, nos permite ahora a todos los Antonios del mundo reconocernos en él.
Y en esto, hasta el mismo Freud en una de sus cartas a su novia –como un hombre sufriendo de amor–, víctima de la patología de todo hombre enamorado, le reclama y exige:

“No quiero sin embargo que mis cartas queden siempre sin respuesta, y dejaría de inmediato de escribirte si no me respondes. Perpetuos monólogos a propósito de un ser amado, que no son ni rectificados ni alimentados por el ser amado, desembocan en ideas erróneas sobre las relaciones mutuas, y nos vuelven extraños uno al otro cuando nos encontramos de nuevo y hallamos cosas diferentes a las que, sin asegurarnos de ello, habíamos imaginado”.
(Freud, Correspondance, 39)

Freud le está diciendo a su amada: el amor alimenta el amor.

“No entendí nada” dice Antonio al inicio de la película que acompaña esta crítica, porque Luciana “se encuentra en un estado de perpetua partida, de viaje, es por vocación migratoria, huidiza” (Barthes), como una gata escurridiza, inasible, como el agua que se escapa entre los dedos.

“Yo aun no entiendo” repite Antonio en la voz de Laurence Harvey.

“No entendí nada” y “…aun no entiendo”, podría continuar Antonio: “no hay un motivo serio, no te he sido infiel, no te he faltado el respeto, solo actué como un hombre enamorado, solo estuve loco de amor por ti, pero ya volví.

Es la ciclotimia del corazón que aqueja a todo hombre enamorado, pero ya está sano, volvió, y con esta palabra le está diciendo: ahora puedo amarte y hacerte feliz. En la voz de Antonio podrían reconocerse los amantes cuando dice: “Luciana, tú me dijiste que te he amado como nadie te ha amado en la vida”…

Luego se produce el blackout de la relación, la pantalla se oscurece, pero el amor como la música sigue girando entre los dos. La película de Scola nos enseña que lo positivo de un error es que puede corregirse.

A pesar de la dureza de las expresiones de Luciana, Antonio en la película de Scola mantiene su amor por ella incólume, protegido y a salvo.

Él estuvo siempre allí, presente para ella, y esa es una virtud, una constante inclinación de la voluntad, un rasgo de carácter de un buen corazón, que conduce finalmente a ambos personajes a la vida buena, a la felicidad, porque el amor de Antonio es tan seguro como el amanecer.

AUTOR: PEDRO TRILLO
FUENTE :https://el-tercer-ojo.lamula.pe/2015/01/24/nos-habiamos-amado-tanto/pedrotrillo/

REGALOS DEL CAZADOR DE VERSOS

Te quiero desde el poste de la esquina,
desde la alfombra de ese cuarto a solas,
en las sábanas tibias de tu cuerpo
donde se duerme un agua de amapolas.

Cabellera del aire desvelado,
río de noche, platanar oscuro,
colmena ciega, amor desenterrado,

voy a seguir tus pasos hacia arriba,
de tus pies a tu muslo y tu costado.

JAIME SABINES

Poema Tu Cuerpo Está a Mi Lado de Jaime Sabines

Tu cuerpo está a mi lado
fácil, dulce, callado.
Tu cabeza en mi pecho se arrepiente
con los ojos cerrados
y yo te miro y fumo
y acaricio tu pelo enamorado.
Esta mortal ternura con que callo
te está abrazando a ti mientras yo tengo
inmóviles mis brazos.
Miro mi cuerpo, el muslo
en que descansa tu cansancio,
tu blando seno oculto y apretado
y el bajo y suave respirar de tu vientre
sin mis labios.
Te digo a media voz
cosas que invento a cada rato
y me pongo de veras triste y solo
y te beso como si fueras tu retrato.
Tú, sin hablar, me miras
y te aprietas a mí y haces tu llanto
sin lágrimas, sin ojos, sin espanto.
Y yo vuelvo a fumar, mientras las cosas
se ponen a escuchar lo que no hablamos.


Amor mío, mi amor, amor hallado…

Amor mío, mi amor, amor hallado
de pronto en la ostra de la muerte.
Quiero comer contigo, estar, amar contigo,
quiero tocarte, verte.

Me lo digo, lo dicen en mi cuerpo
los hilos de mi sangre acostumbrada,
lo dice este dolor y mis zapatos
y mi boca y mi almohada.

Te quiero, amor, amor absurdamente,
tontamente, perdido, iluminado,
soñando rosas e inventando estrellas
y diciéndote adiós yendo a tu lado.

Te quiero desde el poste de la esquina,
desde la alfombra de ese cuarto a solas,
en las sábanas tibias de tu cuerpo
donde se duerme  un agua de amapolas.

Cabellera del aire desvelado,
río de noche, platanar oscuro,
colmena ciega, amor desenterrado,

voy a seguir tus pasos hacia arriba,
de tus pies a tu muslo y tu costado.

JAIME SABINES



He aquí que tú estás sola y que estoy solo…

He aquí que tú estás sola  y que estoy solo.
Haces tus cosas diariamente y piensas
y  yo pienso y recuerdo y estoy solo.
A la misma hora nos recordamos algo
y nos sufrimos. Como una droga mía y tuya
somos, y una locura celular nos recorre
y una sangre rebelde y sin cansancio.
Se me va a hacer llagas este cuerpo solo,
se me caerá la carne trozo a trozo.
Esto es lejía y muerte.
El corrosivo estar, el malestar
muriendo es nuestra muerte.

Ya no sé dónde estás. Yo ya he olvidado
quién eres, dónde estás, cómo te llamas.
Yo soy sólo una parte, sólo un brazo,
una mitad apenas, sólo un brazo.
Te recuerdo en mi boca y en mis manos.
Con mi lengua y mis ojos y mis manos
te sé, sabes a amor, a dulce amor, a carne,
a siembra , a flor, hueles a amor, a ti,
hueles a sal, sabes a sal, amor y a mí.
En mis labios te sé, te reconozco,
y giras y eres y miras incansable
y toda tú me suenas
dentro del corazón como mi sangre.
Te digo que estoy solo y que me faltas.
Nos faltamos, amor, y nos morimos
y nada haremos ya sino morirnos.
Esto lo sé, amor, esto sabemos.
Hoy y mañana, así, y cuando estemos
en nuestros brazos simples y cansados,
me faltarás, amor, nos faltaremos.

JAIME SABINES


Ante ti

Ante ti no encuentro quien anda en mí,
Buscando al hombre que debo,
Que se extingue en tu mirada,
Y se colma en tu belleza,
Que domina el mundo.
Ante ti no soy capaz de conseguir,
Tu misterio oculto,
La irrealidad de tu presencia,
Y tu convenio con el cielo,
Para hacerte más dichosa.
Ante ti se mueve el ángel,
Que aprisiona nuestras bocas,
En un instante de amor,
Desenfrenado y ciego,
Que justifica una vida.
Ante ti mi tierra arde,
Con taquicardias arrítmicas,
Que impulsan mi corazón,
En tu cuerpo y en tu mente,
Y asi alcanzar el destino que pisas,
Con arrogancia ingenua.
Ante ti cuelgo mis pasos,
Que se atan al presente,
De tus besos encarnados,
Conformando eternidad.
Ante ti la poesía,
Enmudece de abrigo,
Y las palabras se hielan,
Anhelando aparentar que te definen colmadas,
Anhelando descubrir quien eres,
Tan fuera de lo inventado.

 

La Flor del Amor.
Flower of Love, Oscar Wilde.

Amor, no te culpo, pues mía ha sido la culpa, al no ser creado por la arcilla común
Escalé la mayor de las alturas, inalcanzable; ví el aire pleno, el día más grande.
Desde lo salvaje de mi desperdiciada pasión fui asaltado por una mejor, más clara canción.
Encendí una ligera luz de abnegada libertad, luché contra la envilecida cabeza de Hidra.
 

Han sido mis labios barridos hacia la música por tus besos, y han sangrado,
Y tu has caminado junto a los ángeles en aquella planicie verde y esmaltada.

He andado por el camino donde Dante contempló los soles brillando sobre siete círculos,
¡Ah! Tal vez observó a los cielos expandiéndose, como si se abriesen sobre Florencia.

Y las naciones poderosas que me han coronado, a mí, que sin corona yazgo sin nombre,
Y algún crepúsculo oriental me ha encontrado de rodillas sobre el umbral de la Fama.

Me he sentado en el círculo de mármol donde el viejo bardo es igual al joven,
Donde la pipa siempre gotea su miel, y las cuerdas de la lira siempre vibran.

Keats levantó los rizos de su himeneo desde el vino de las amapolas,
Con su boca de ambrosía besó mi frente, envolviendo el amor noble que hay en mí.

Y en la primavera, cuando las flores del manzano tiñen el seno de las palomas,
En la hierba yacen dos amantes que ha leído la historia de nuestro amor.

Han leído la leyenda de mi pasión, y conocido el secreto amargo de mi corazón,
Besándose como nosotros nos hemos besado, pero nunca lejos como nosotros lo estamos.

Pues la flor carmesí de nuestra vida es devorada por el gusano de la verdad,
Y ninguna mano recogerá los marchitos pétalos de la rosa de la juventud.

Sin embargo, no me arrepiento de amarte, ¿qué otra cosa puede hacer un muchacho?
Los ávidos dientes del tiempo corroen, persiguiendo las silenciosas huellas de los años.

El timón nos balancea en la tempestad, y cuando la tormenta de la juventud haya pasado,
Sin liras, sin laúd y sin coro, la tranquila muerte del navegante finalmente llega.

Y dentro de la tumba no hay placer, el ciego gusano consume las raíces,
Y el Deseo se estremece en cenizas, y el árbol de la pasión no da frutos.

¿Qué otra cosa puedo hacer sino amarte? La propia madre de Dios me es menos querida,
Y menos aún la dulce Afrodita elevándose como un lirio plateado sobre el mar.

He tomado mi decisión, he vivido mis poemas y, aunque la juventud se haya perdido en indolentes días;
He descubierto que la corona de mirto del amante es mejor que la del laurel sobre el poeta.

Poema 15 – Me gustas cuando callas (Neruda)

CUSTODIADOS POR PEGASO POR FANNY JEM WONG

Un ratón travieso escondía su luna de queso
y el más raro elefante dibujaba jirafones
en los tules de sus cunas y en sus lindos trajes
!Ay¡ Que bella me sentí cuando parecía un globo
comiendo chocolates, bombones y ricos helados
Cuando jalaban mis calatos el cordón dorado
que los unía día a día a mí,
la panzona que iba cantando.

CUSTODIADOS POR PEGASO
PUBLICADO EL 22/06/2007 A 06:21
POR JEMWONG

PEGAZO (16)

CUSTODIADOS POR PEGASO
(A MIS HIJOS)

Al señor de los dioses yo invoque cantando
Jesús, estoy gorda como un globo… reventando
¡Quiero! ¡Quiero! y Él escucho mi canto
y camine gorda, un globo por el más bello prado.

En mi paseo cantan dulces los pájaros
Piñizcada mi gran panza, creía estar soñando
Deseando ser la estrella más grande del cosmos
o quizá la cueva del poderoso Rey Midas.

o la más hermosa luna del Dios Apolo
Lindas marquesitas, patean mi gran panza
Tesoros envueltos en el más puro encaje
Almohadones azules y rosas de azúcar.

Cantan las avecicas y en el piano un grillo
toca los palillos chinos y una clavelina danza
Cantos de mi dulce espera voy tarareando
y mis calatos los danzarines estrenan pataditas.

Jalan el cordón, los enanos
quieren dulces y pasteles
también copos de helados y nieve de almíbar
duraznos en trozos y pescado crudo
Mientras jirafita dice: Son mejor las coles.

Tres cigüeñas surcan el cielo pesadamente
lleven en sus picos, las preciosas cargas
y aunque están cansadas vuelan tarareando
trompetas de cristales, suenan melodiosas a su paso.

En el cielo se dibuja el más bello arco iris
miles de soldaditos de plomo marchan elegantes
y las bailarinas hacen pasos con payasos
mientras el negro bembón de trapo lustra sus
grandes y bellos zapatazos.

Saltan los delfines, vuelan los caballos
de la cornucopia caen papelitos recortados
en formas de mil lunas y estrellitas de mar
Ay… negrito bembón que limpias tus zapatos
danza para mí el alegre taconazo.

Camino gorda pero voy feliz cantando
cientos de muñecas, osos, trenes y carritos
a mi paso las cunas doradas en forma de bananos
guardan a mis príncipes custodiados por Pegaso.

Un ratón travieso escondía su luna de queso
y el más raro elefante dibujaba jirafones
en los tules de sus cunas y en sus lindos trajes
!Ay¡ Que bella me sentí cuando parecía un globo
comiendo chocolates, bombones y ricos helados
Cuando jalaban mis calatos el cordón dorado
que los unía día a día a mí,
la panzona que iba cantando.

FANNY JEM WONG
12.06.05
Para Ud. mis enanos
Arturito, Giorgio y Fabiana
Su mamá.