PRÍNCIPE ZARRAPASTROSO POR MARCO MARTOS

PRÍNCIPE ZARRAPASTROSO POR MARCO MARTOS

PRÍNCIPE ZARRAPASTROSO
POR MARCO MARTOS

Salgo zarrapastroso de mi madriguera
y me visto de príncipe antes de subir a los aviones.
Llego a las ciudades más distantes de nombres curiosos
y me alojo en los hoteles de lujo frente a las playas.
Inspecciono minibares y baños como un notario
y llego a conclusiones asombrosas:
los albergues luminosos de los países ricos
por las minucias cobran menos
que los hospedajes importantes
de las naciones en desarrollo:
copas de vodka en las neveras,
llamadas de teléfono internacionales.
De todos modos, en uno o en otro caso,
pago sin chistar mis consumos.
La habitación con sala de recibo,
hermosas cortinas y aire temperado,
me la paga la Poesía que ha firmado convenios
con diferentes ministerios de numerosas naciones
para que me traten como un príncipe
siendo un zarrapastroso,
un poeta inteligente de escasas ambiciones.
Voy a los teatros y leo mis textos ante ministros
y funcionarios entendidos y pobladores humildes
convocados por la televisión y los diarios,
que me regalan rosas perfumadas
y libros de papeles de colores.
Regreso a mi barrio con dos mariposas de madera,
fragancias y perfumes exóticos
y baúles diminutos repletos de poemas de aire y de agua,
con mi traje de príncipe arrugado, con manchas,
pero contento como un zarrapastroso.
Mi vecino, que me dice príncipe por mis buenos modales,
me pregunta: —¿Dónde estuviste?
—Volando con las águilas en el techo del mundo.

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