UN MUNDO Y APARTE. ANTOLOGÍA POÉTICA 2008

UN MUNDO Y APARTE. ANTOLOGÍA POÉTICA 2008
 
 
 Ya ha salido publicada la Antología de Poetas de Hoy, de la que este año formo parte, os dejo aquí el prólogo elaborado por el poeta Jerónimo Muñoz, y el enlace por si queréis descargárosla libremente. No es necesario registrarse en la página, la descarga de la antología completa es de libre acceso, clika aquí.

PRÓLOGO A CARGO DEL POETA JERÓNIMO MUÑOZ

 Una es la poesía, pero tantas caras tiene como poetas hubo, hay y habrá. Intentar encontrar paralelismos en una recopilación de poemas, como la que presenta esta Antología 2008 “Un Mundo y Aparte”, no sería obra ardua, sino irremediablemente condenada al fracaso, incluso si se diera la circunstancia -que no se da aquí- de una inusitada proximidad de sensibilidades.

Porque en la expresividad poética de cada autor subyace todo un cúmulo de experiencias, tendencias y preferencias, amén de las peculiaridades derivadas de sus características culturales y psicológicas. Hoy en día, incluso los agrupamientos cronológicos o generacionales se muestran como delicuescentes, y tales son también las agrupaciones, asociaciones o grupos poéticos, que se constituyen más por lazos amistosos o por esporádicos y/o fortuitos contactos sociales que por una encauzada voluntad de aunar a poetas que comulguen con una similar –nunca idéntica- concepción del hecho poético.

Sirva este preámbulo para enaltecer la presente Antología, pues es tanta la variedad de autores, temas y estilos, que difícil sería no hallar entre sus páginas algunas (y quizás muchas) que hagan vibrar de emoción estética al lector.

Insuficiente resultaría para el crítico la lectura de un solo poema de un autor si quisiera exponer la poética de este. Todo poeta ha seguido una trayectoria, ha sostenido una evolución, ha experimentado con una gama de posibilidades expresivas, ha sufrido momentos de afección y gozado de instantes sublimes. Aun permaneciendo incólume ese hilo conductor que suele denominarse “voz personal”, su estilo, su forma de representar, de comunicar, de versar, pocas veces se mantiene constante.

 Pero suficiente es este único poema-botón de muestra para conocer una porción de su personalidad, siquiera un aspecto, un gesto de su potencial poético. De entre esos perfiles gestuales que aparecen en esta Antología, y para no hacer penosamente prolijo este Prólogo, examinaremos con un cierto detenimiento solo algunos, extraídos al azar. Y ello se hará en el seno de unas consideraciones globales a las que damos comienzo.

 Lo primero que se advierte, en esta colección de poemas, es la mayoritaria predilección por el empleo del verso libre con notable polimetría, alcanzándose a veces la dimensión del versículo, como es el caso del poema “Hierofante” de Víctor de Vere, que consigue una gran originalidad representativa, entretejida con los hilos de una cosmovisión personal muy singular. De esta mayoritaria tendencia al “versolibrismo” solo escapan, entre otros, los “Ovillejos”, de Rafael Mérida Cruz-Lascano, que logra una composición muy grata y de indiscutible mérito, basándose en un culto tema mitológico. También es separable de esta modalidad de verso el poema de Begoña Montes “De mayor quiero ser divorciada”, que observa una isometría basada en el heptasílabo, en un poema ágil, de fácil lectura, que, con su último verso, hace pensar al lector. Y necesaria es la mención de esos hermosos endecasílabos de Francisco Ballasote Muñoz (“Olvidos”) que, entrecruzados con algún otro metro ocasional, albergan una muy culta, delicada y sugerente poesía, lo mismo que ocurre con los dodecasílabos predominantes en “Funeral de tiempos niños”, de Juliana Rodríguez Poussif. E igualmente rehúyen el verso libre los poemas “Al borde del abismo” de Libia Beatriz Carciofetti, “Locura sana de amor” de Julián Martínez Núñez y “El silencio” de Vicente Ernesto López Vinader. En todos estos últimos, se observa la utilización de una rima “ad líbitum”, que no sigue las pautas de la rima clásica, que a veces se encuentra espaciada y a veces acumulada, y que dota a los poemas de un ritmo de timbre muy característico e inusitado, lo que también ocurre (aunque de aspecto menos inusitado) con los heptasílabos arromanzados de “Nuestra sombra”, de Eduardo Basualdo, cuya rima en los versos pares varía a lo largo del poema, tal como hiciera Neruda en algunos de sus “Veinte poemas de amor”. Y para terminar con todos aquellos que desechan el verso libre, haremos una merecidamente amplia mención de “Última ofrenda” de Alonso de Molina, composición poética de gran originalidad en cuanto a sus características expresivas, entre las que predomina una sorprendente adjetivación y una inconcreción o huida de lo meramente conceptual para adentrarse por ese espacio etéreo del plurisignificado, en el que el lector adquiere un mayor protagonismo pues es muy amplio el espectro evocativo-emotivo que se le ofrece. Si a todo ello unimos una cuidadosa elección de la métrica, en la que impera el alejandrino, adobado con sus parientes próximos -el heptasílabo y el endecasílabo-, y la perfecta acentuación, hasta el punto de no hallarse un solo acento extrarrítmico en todo el poema, no cabrá duda de que nos encontramos ante una obra maestra.

 Si abandonamos el punto de vista de la métrica y ponemos nuestra atención en los temas elegidos, nos encontramos con que, como podía esperarse, el amor y el desamor, en algunas de las múltiples facetas que presentan y desde algunas de las variadas ópticas desde las que pueden ser divisados, copa prioritariamente la atención de los poetas.

 Así, nos encontramos con poemas tales como “Corre, caballo de lascivia”, de Julio González Alonso, en el que la lascivia, pez rémora del amor, se trenza con la desbocada huida del tiempo: Magnífico corcel, este del tiempo, para transportar a tan erótico jinete. Clama el poeta, en su desasosiego ante la consunción, clama, en magníficas imágenes, por no dejar pasar sin provecho ese tiempo devorador de vida, e incluso menciona, en su variopinta muestra de metáforas, a ese río heraclitiano que, sin dejar de ser, no es. Poesía luminosa, plena de hallazgos y llovida por aquella angustia existencial machadiana.

 También Ramón Carballal Durán aborda el tema erótico-amoroso en su poema “La fiebre del deseo produce desvaríos”. Extraordinarios “desvaríos” en los que la poesía halla su trono. Perfecta conjunción de lo explícito con lo críptico que producen una entidad poética de amplio plurisignificado pero con una pertinaz convergencia hacia la pasión. Una entidad poética amorosa que, desnudada de toda la ropa clásica de Garcilaso o Herrera, de toda la quimérica indumentaria de los románticos, de toda la espiritualidad de Salinas o la sensualidad de Neruda, se viste con ropajes que recuerdan a Valente, pero dotados de un colorido personal. Soberbio poema.

 Elisabeth Carpi (Contame amor), Adriana Ortiz Bialous (La jugada), Salvador Moreno Valencia (Un rato de olvido), Yamila Paredes (Olas de pasión), Jorge Contreras Herrera (Ayayay), Esteban Corbera (Iva), Jesús Graván Sánchez (Tu ausencia será mi compañía), Ricardo Montenegro (Si hablo banalidades), Jorge Carrol, con esos deliciosos poemas cortos extraídos de “Soles”, Rafa Gómez (A donde yo no llego) y Guillermo Ibáñez (Poema de los cuerpos) versan también sobre el tema del amor-erotismo-desamor, cada cual con su voz, voces todas que, aquí conjuntadas, conforman un coro poético de admirable valor estético y emotivo. Y el lector que comenzara a leer el poema de Fanny Jem Wong , “Danza sacrílega” aseguraría, de entrada, que versa sobre el amor; pero este no es amor de persona a persona y no desvelaremos aquí su sorprendente final.

 Carmen Saavedra escribe un poema iluminado por la luz de la esperanza (Himno de la flor azul), poema que, además de su dulce expresividad, presenta una cuidadosa alternancia de la acentuación, lo que le confiere un ritmo melodioso y fresco. También basados en la esperanza son los temas que aportan Libia Beatriz Carciofetti (Al borde del abismo) y Ana Villalobos Carballo (Soplo mis raíces), en los que los sueños y las ilusiones cobran fuerza de realidad.

 Alejandra Craules Bretón (Espectro), nos trae un tema irreal, fantástico, que trata con extraordinaria limpieza y originalidad de imágenes. Muestra palmariamente, además, cómo puede prescindirse de la puntuación y obtenerse, sin embargo, un poema cómodamente entendible y sugerente. Luisa Arellano expone en “Volver” otro tema ideal que, en este caso, adorna con una adjetivación y unos giros sorprendentes y que denotan una cultivada autoría. Iván Ortega Flores (Vivir, vivir, vivir), Gabriela Peraza de Córdoba (El lado oscuro) y Robert Gurney (La mujer de blanco) han prendido sus poemas en las altas nubes de lo fantástico u onírico, consiguiendo admirables alturas poéticas, cada cual con su peculiaridad expresiva. Y una sustancia onírica alimenta el extraordinario poema de Juana Vázquez Marín (Las horas marcaban en los relojes al revés), en el que la poeta – renunciamos, definitivamente, a lo de “poetisa”-, a lo largo de todo un río plácido de enternecedoras ensoñaciones-vivencias, nos muestra un carácter, un porte, un posicionamiento vital, profunda y esencialmente poéticos, y los hace contrastar con esa prosaica realidad que, como ropa estrecha, aprisiona la creatividad poética. Poema-luz que puede alumbrar a cuantos inician su andadura, entusiastas, por la no siempre reconfortante senda de la poesía.

 Los temas en los que las reflexiones, introspecciones o planteamientos inquisitivos son expuestos de forma poemática son insospechadamente abundantes. Desde “El mundo se derrama” Desde Juan Cruz Bordoy (niño de escasos años cuya creatividad no deja de sorprender, tanto por su precocidad como por su alto vuelo), hasta Antonio Orihuela (En tierras de Goliat), Héctor Medina (Minombre diminuto), Ignacio Díaz Delmonte (Genealogía del Hombre), Luís Demetrio Caballero Velásquez (El circo), Francisco José Segovia Ramos (Hoy al levantarme) o Lourdes de Abajo (Levedad de nudos), todos meditan, especulan, dudan o se abstraen. De esta última, destacaremos la originalidad de esa cadena de estrofas que bien pudieran ser poemas mínimos, al estilo de ciertas conocidas composiciones japonesas. Poemas yuxtapuestos que encierran un enorme potencial de sugestión y evocación.

 Y para ser exhaustivo en la cita de los temas abordados, reseñaremos los poemas de Fernando de Ágreda Burillo (Un regalo para Rifaat), Lidia Prado (Iglesia de las Salinas), María Elena Sáncho (Poema a Buenos Aires), Paulo Monti (Sábado gris) y Erico Elías Iturra Vega (Calle Varela) en los que los nostálgicos recuerdos se exponen en dulces y melodiosos versos.

 Añadiremos que no se han olvidado los temas basados en la Naturaleza, cuyos exponentes son Carlos Serra (Aprisionando siglos) y José Manuel Sanrodri (Marina), ni el tema de la denuncia/protesta que expone Abraham Chinchillas (Diatriba en b), dura mirada a la realidad socio-política que nos toca vivir.

 

Y haremos inevitable referencia de otros dos poemas: el primero, en el que el tono elegíaco tiene visos místicos de oración/comunicación con la divinidad, es esa hermosa “Elegía a los dioses” que firma Eliana Patricia Arteaga; el segundo y último, esa excepcional creación poética de Marian Raméntol Serratosa, “La rotura abierta de una voz en solitario”, en la que la notable autora pone de manifiesto tanto su capacidad para sorprender al lector con sus insospechadas metáforas y sus adjetivaciones y complementos nominales, como la confirmación de que la poesía irracional, hermética, que iniciaron las vanguardias europeas al principio del siglo pasado, tiene hoy día una enorme capacidad de futuro, sobre todo si se lleva a cabo con la maestría de la que esta autora da muestras.

En manos del lector queda este “Un Mundo y Aparte” y esperamos que goce ampliamente con toda la exquisitez y excelencia aquí vertida.

Jerónimo Muñoz Palma

 

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