De Marta Lynch a Fernando Sánchez Sorondo


De Marta Lynch a Fernando Sánchez Sorondo

 

Querido Fernando Sánchez Sorondo:

He leído con mucha atención todo cuanto se dice de la medicina ortomolecular. Yo no sé cómo salvarme, a mi vez, del naufragio, pero no me gusta cansar a los demás con mis problemas. Ocurre que usted no es los demás, más aún, es una persona muy especial que me hace bien. No me animo a tirar todo a la mierda e irme a vivir mi propia a aventura, como dice usted, ni tengo la ayuda de la parapsicóloga que se le acercó después de Ampolla (1). ¿A falta de parapsicóloga no quiere, de veras, tomar un café conmigo? ¿Ya sea en mi casa que es muy acogedora o en un lugar neutral? En asuntos como éste yo hablo mejor que escribo y puedo asegurarle que no cedo ni un poquito a lo que llaman regodeo pajeril. Quiero ver al doctor Maríncola, pero le advierto que usted omitió mandarme tarjeta alguna, seguramente se le olvidó, así que recibí la carta pero no los datos del doctor al que quiero ver a toda costa.

Fernando, ¿de qué tarjeta me hablás?, no me mandaste ninguna tarjeta, de modo que te ruego me hagas llegar la dirección del Dr. y su número telefónico. Leo con verdadera y estimulante esperanza que esta ciencia es muy buena en casos de depresiones y angustias pero no entiendo un carajo la tesis de que todo se reduce a la alquimia y la cabeza, el adecuado equilibrio químico. No creo que usted sea un paciente que ha recuperado su equilibrio hasta el punto de independizarse del propio Maríncola. Mi ideal sería independizarme de todos. Lo único que no padezco son insomnios y mi novela anda a los tumbos como todo en esta parte de la vida. Me hago cargo que escribe mientras desayuna a las dos de la mañana. A esa hora yo suelo bajar a comer arroz con leche Gándara, que es muy reconfortante.

Ahora lo dejo para seguir luchando con mis náuseas (uno de los tantos síntomas)y con el texto incipiente.

La paz sea con vos señor Fernando, envíame el teléfono de tu santo ortomolecular y recordame.

Marta Lynch

(1)Novela de Sánchez Sorondo

Marta Lynch fue una escritora argentina. En su prosa se percibía la angustia ante el paso del tiempo y el horror a la vejez que la llevarían al suicidio. No creía que fuera posible la felicidad sin belleza. Ya se había hecho demasiadas cirugías. El 8 de octubre de 1985, trabó la puerta de su cuarto y se pegó un tiro. Esta carta se la escribió a Sánchez Sorondo, otro escritor argentino.

 
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